Ante un tema como el que encara el Doctor Luis Alejandro Rizzi en esta columna y en un contexto como el actual, sentimos que debemos hacer alguna precisión en este acápite. Salvo en algunos casos puntuales en los que entendemos necesario fijar posición editorial, procuramos en el resto del contenido, no salirnos de los temas relacionados con el turismo y la aviación comercial. Pero sabemos que para nuestro compañero, el PDA es bastante más que un medio en el que escribe sobre transporte aéreo, turismo y economía relacionada con la actividad y muchas veces, hemos debatido internamente acerca de la oportunidad de colgar o no alguna opinión suya que no fuese sobre la actividad. Al leer este artículo, pudimos comprobar la necesidad de Luis de expresarse como argentino, residente en ese país, sobre una temática argentina. Que conste. El Director.
No me olvidé que el que les dije me había encargado hacer humor. Lo que pasa es que está tan ocupado con el post-Pluna que no se hace el tiempo suficiente para cederme el cachito de bocho que me presta para sentarme ante el teclado y crear...o...buscar y encontrar. Revolviendo entonces en las primeras épocas del Portal, allá por 2006, cuando era PDU en vez de PDA y aún no mandábamos el Diario del Portal, hacíamos el Semanario del Portal y en ese formato, estaba la sección que compartimos ahora, miren que joyita...
Jueves, 02 Agosto 2012
La calidad de las decisiones y sus consecuencias (en esta nota limitadas al turismo)
Muchas veces hablamos de la “administración” para referirnos a los gobiernos, ya sea de los países, las organizaciones intermedias y hasta de la propia familia. Sin embargo pocas veces nos detenemos a pensar en lo que significa “administrar”. La Real Academia nos dice que una de las acepciones de la palabra “administrar” es “Ordenar, disponer, organizar, en especial la hacienda o los bienes”. Como vemos la tarea de administrar tiene que ver con la acción de gobierno y de dirección.
Bueno es, a veces, usar la hora del almuerzo o la cena para recorrer y alternar las buenas casas de comida o restaurantes que ofrece Buenos Aires a cualquier persona para que mediante unos buenos platos, se olvide aunque sea por unas horas los problemas de inseguridad, inflación, malos servicios públicos, piquetes y todos estos trastornos que algunos aun insisten en convertir en virtudes o bien en ocultar o bien en culpar a los pobres chivos expiatorios cuya importación aun el secretario de comercio no ha podido prohibir por orden expresa de Cristina, porque ¿que sería de Cristina sin los pobres “chivos…” no…?; pero en fin, vayamos a comer.
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