Seguimos recorriendo el nordeste brasileño y hoy quiero hacer algo diferente. Más que mostrarles paisajes, quiero compartirles una experiencia de viaje. Es decir, aquellas cosas que normalmente uno descubre cuando ya está en destino y que casi nunca aparecen en los folletos turísticos.

Recorriendo el nordeste brasileño en esta oportunidad les mostramos dos jornadas realmente muy diferentes, pero complementarias, que permiten entender por qué Natal se ha convertido en uno de los grandes destinos turísticos de Brasil. El primer día estuvo dedicado a recorrer la costa norte, una excursión que combina playas, dunas, lagunas, travesías en balsa y pequeños pueblos de pescadores donde todavía se conserva ese ritmo pausado que caracteriza a esta región.

Hay lugares que uno conoce por fotografías, por películas, por postales repetidas hasta el infinito. Sin embargo, cuando finalmente se está allí, la realidad supera cualquier expectativa. Eso ocurre con el Pan de Azúcar, uno de los símbolos más reconocidos de Río de Janeiro y, sin dudas, uno de los miradores naturales más impresionantes del continente.

Siempre es grato volver a la Ciudad Maravillosa. Una mezcla de recuerdos como ráfaga pasan por la mente al reencontrarnos con algunos lugares, determinados paisajes y situaciones que nos retrotraen a momentos que comenzamos a vivir ha ce más de medio siglo.

A partir de esta jornada y hasta el 12 de julio estaremos generando las acostumbradas Crónicas de viaje desde Río de Janeiro; Natal; Pipa; Recife; Porto Galinhas; Maragogi; Maceió y San Pablo.

Comenzamos alineándonos para que no existan malentendidos: creemos que los sindicatos en esta parte del mundo (sobremanera en el Río de la Plata y con énfasis en Argentina) tienen los “figurines atrasados” en el mejor de los casos, y en general, cumplen acciones con tono reaccionario (sic).

En el octavo día en la región, luego de vivir una experiencia fascinante desde el punto de vista turístico y profesional, en momentos que esperamos el Transfer al aeropuerto de El Calafate para volar de regreso a Buenos Aires hacemos el balance macro de la experiencia.

No sabemos si debiera sustituir a alguna de las siete maravillas modernas o pasar a ser la octava, pero el Parque Nacional Los Glaciares es uno de los más espectaculares lugares que hemos conocido a lo largo de nuestra bastante viajada vida.

El barco frente al glaciar Spegazzini estuvo no menos de 40 minutos detenido allí, pero en ningún momento el capitán viró la embarcación de modo que pudiésemos tomar fotos o filmar desde el mejor ángulo posible.

Las bahías Ensenada y Lapataia; el Lago Roca o Acigami y el Tren del Fin del Mundo, es la combinación de paisajes e historia disfrutada este pasado domingo en el verdadero sur del mapa y la compartimos.


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