La pregunta del título, la venimos haciendo desde hace muchos años y hasta ahora, no hay respuesta. Este artículo de hoy pretende obtener una respuesta que sabemos que es muy difícil alguien asuma efectuarla. Pero fieles a nuestro estilo lo vamos a decir "a calzón quitado". En la interna, por Whatsapp, personalmente cuando nos cruzamos en algún evento, muchos de los integrantes del sector, es decir, usted, o vos, que en este momento nos estás leyendo como habitualmente, nos dicen: "el único que dice las cosas como son, sos vos"; "sos el único que se anima"; "tenés razón, no aflojes" y varios etcéteras. Bueno, esa manera de la uruguayez recalcitrante y recontra conservadora, algún día debería darle paso a dejar de lado el "no te metás"...¿o no?. ¿Sabés que va a pasar si seguís sin meterte?, lo que también me decís en corrillos o por mensaje, van a seguir marcando la cancha, todos los que vos no estás de acuerdo en que la marquen. Y vamos a seguir perdiendo rentabilidad y vamos a seguir sin conectividad y vamos a seguir sin desestacionalizar y vamos a ser cada vez más...de cuarta, con riesgo de bajar a quinta. Nosotros apreciamos mucho tu fidelidad en la lectura, tu mensaje por Whastapp o al oído en los eventos "para que nadie te escuche", pero el turismo en Uruguay está enfermo grave y vos no estás haciendo nada para curarlo. Aquí te dejo material para que sigas enterándote y para que...tal vez, decidas meterte. ¡Ah!, ese comentario que me vas a mandar por Whatsapp cuando termines de leer, o que me vas a repetir al oído en el próximo evento, ponelo en la sección comentarios aquí abajo, donde termina este artículo y si es posible, con tu nombre y apellido, no firmes "Mandrake" o "Sagastume"...

El turismo emisivo desde América Latina —y en particular desde mercados como Uruguay— no atraviesa una crisis en términos de volumen, pero sí enfrenta un proceso más profundo y menos visible: una reconfiguración estructural de sus condiciones de operación y comercialización. En un escenario internacional atravesado por conflictos geopolíticos, distorsiones de precios en destinos clave y cambios en el comportamiento del consumidor, el negocio del turismo emisivo continúa activo, aunque bajo parámetros crecientemente exigentes para operadores, agencias y viajeros.

Hay anuncios que, más que por su contenido, llaman la atención por lo que dejan en evidencia. El lanzamiento del Sistema Nacional de Turismo Social por parte del Ministerio de Turismo, encabezado por Pablo Menoni, entra exactamente en esa categoría. Porque detrás del titular —subsidios, inclusión, turismo como derecho— aparece un dato imposible de disimular: 150 beneficiarios. 50 personas de Uruguay Crece Contigo y 100 jubilados de bajos ingresos. Ese número no resiste análisis. No configura política pública. No tiene escala. No tiene impacto sectorial. Suena, simplemente, a excusa para el anuncio.

Hoy, al cruzar el umbral del salón del LATU para ver en vivo y en directo la presentación de Expoturismo, sentimos una satisfacción genuina. Por fin, Uruguay tiene una feria de turismo con la estampa de las grandes citas internacionales. Es un mérito indiscutible de la CAMTUR que hay que reconocer: logramos el "continente", el envase que el sector merecía. Sin embargo, al pasar al salón de las conferencias el impacto fue dual. Mucha gente en la platea (más que lo habitual en similares circunstancias),y la sensación de "primer mundo" con el formato silent conference en una misma sala con dos escenarios opcionales, magnífico. Al ponernos a escuchar el panel de Liderazgo y desarrollo, moderado con buena dinámica por Marina Cantera y como panelistas Andrés Castellano (Big Ben Desarrollos); Jorge Bartesaghi (Altos del Arapey/San Pedro de Timote); Edmond Borit (Sacromonte Landscape Hotel) y Analía Suárez (Hotel Awa e Imarangatú), comenzamos viendo lo que siempre anhelamos "Pensar el turismo" con protagonistas de primera línea, empresarios exitosos, algunos de ellos muy cercanos y muy apreciados como los casos de Analía y Andrés. 

En la edición 7 de "El diario del lunes" de hoy, 13 de abril de 2026, en el bloque 3 presentamos el reportaje ESPECIAL PDA "Recuperar Montevideo". Todo el contenido gira alrededor de una idea que tiene el objetivo de solucionar el problema de la inseguridad que afecta de un modo aparentemente irreversible al destino turístico Montevideo. Esa idea fue creada como un cuento de Esperanza Ficción en 2006 y publicada en el predecesor del PDA, el Portal del Uruguay. El cuento no es breve y los tiempos televisivos permitieron presentar una síntesis del mismo. Para que nadie quede por fuera de la sugerencia integral, resolvimos publicar textualmente la obra. Aquí está 

En Uruguay, el turismo parece tener todo resuelto. Aporta al PBI, genera empleo, trae divisas y suma millones de visitantes. Los números están ahí, prolijos, ordenados, repetidos hasta el cansancio. Y justamente por eso… nadie los discute. Ese es el problema. La fuente siempre es única, no se conocen otros datos. Llegará el día en que nos liberen el embargo ético y podamos revelar la tenebrosa verdad que ha sustentado la existencia de las encuestas, ese nefasto método instalado en este lugar del mundo. 

La discusión sobre la marca país trasciende eslóganes y gestiones. Uruguay enfrenta hoy el desafío de innovar sin diluir uno de sus activos más sólidos: la consistencia. En turismo —como en tantos otros ámbitos estratégicos— hay activos que no se ven, pero que sostienen todo. La marca país es, probablemente, uno de los más relevantes. No se trata de un eslogan. No es una consigna de campaña. Tampoco una frase ingeniosa destinada a captar atención momentánea. Una marca país es, en esencia, una construcción de largo plazo: un acuerdo implícito entre lo que un país es, lo que comunica y lo que el visitante finalmente experimenta.

Punta del Este podría tener más de 50.000 unidades de alojamiento turístico y cerca de 200.000 camas si se consideran las viviendas de uso temporal registradas por el Censo 2023. Y si Punta del Este funcionara como un único establecimiento turístico, probablemente sería el mayor hotel del Uruguay.

A raíz del artículo editorial “Mascotas a bordo:: cuando el marketing invade la cabina”, donde planteábamos la discusión sobre la presencia creciente de mascotas en la cabina de los aviones, recibimos varios comentarios, generalmente en acuerdo. Pero también, el de una lectora llamada Teresa, que expresa con vehemencia una postura que hoy comparten muchas personas: la de quienes consideran a sus mascotas como parte central de su vida afectiva. Antes que nada, conviene aclarar algo que en este tipo de discusiones suele perderse de vista. El debate no es, ni ha sido nunca, entre quienes aman a los animales y quienes los detestan. Esa simplificación emocional puede servir para ganar aplausos en redes sociales, pero no ayuda a pensar seriamente el problema.

Hay noticias que parecen simpáticas hasta que uno las piensa dos minutos. La última proviene de Iberia: la aerolínea ha decidido digitalizar el proceso para viajar con mascotas y, además, premiar con Avios —los puntos de su programa de fidelización— a quienes lo hagan. En otras palabras: no solo se facilita que los animales viajen en cabina. También se incentiva.


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