por Sergio Antonio Herrera desde Río de Janeiro
No estamos para nada conformes con la elección del hotel, el Radisson Barra. La ubicación no es de las mejores y la habitación que nos asignaron al ingresar muy mala. La cama muy chica, el agua de la ducha inundaba el baño, deficiente rack para la ropa. Lo peor, es que cuando a la mañana siguiente pedimos el cambio, nos confirmaron que era para personas con capacidades diferentes (lo habíamos visto claramente en el baño)y entonces fue más negativa la impresión, ya que se supone que deberían darles lo mejor, lo más accesible. En fin, tiempos modernos.
La mañana del sábado para hacer un tour por el centro histórico pedimos un Uber que costó algo menos de 70 Reales (unos 560 pesos). Al regresar desde Santa Teresa a Barra de Tijuca, a pesar de que suponíamos costaría algo más caro, tomamos un taxi. El “algo” más caro resultó cuadruplicado, 260 Reales!! , o sea, igual que desde El Galeao, un absurdo, un disparate. Lección aprendida, en Río no hay que tomar taxis.
Marcos, el guía, resultó muy buenos y nos mostró muy en detalle toda Cinelandia, y Lapa con la escalera de Selarón y el acueducto incluidos. Impactante la Catedral Metropolitana y no menos, en su medida, la histórica confitería Colombo.
Terminamos el paseo en Santa Teresa, almorzando y recorriendo un poco.
Mañana la nostalgia nos llevará a Urca y al Corcovado, para subir al Pan de Azúcar y al Cristo Redentor.
Les seguiremos contando.
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