Nadie es profeta en su tierra, esto se confirma también para los pilotos uruguayos cuyas carreras se desarrollan exitosamente en el exterior del país. ¿Será útil la creación de un centro de entrenamiento para pilotos en Punta del Este sin concebir una política aeronáutica sustentable para el Uruguay?
Alguien dijo alguna vez que la historia se repite dos veces, la primera como tragedia, la segunda como farsa. Fue don Karl Marx. En el siglo siguiente en los cafetines de Buenos Aires se escuchaba el famoso tango “Por la vuelta” de Enrique Cadícamo. “La historia vuelve a repetirse, mi muñequita dulce y rubia, el mismo sol, la misma lluvia y ese loco, loco afán…”, escribió el vate porteño. Como se quiera todo parece volver a repetirse. Como siempre.
Fueron muy sinceras y bienvenidas las declaraciones de Mariano Recalde al diario “Ambito Financiero”, cuando reconoce el exceso de empleados que tiene Aerolíneas Argentinas y su pésima distribución. El exceso de regulaciones laborales que impiden el cambio de funciones o el ejercicio del llamado “ius variandi”, la desaprensión gremial que pide niveles salariales como si se tratara de una empresa fructífera.
Recientemente han habido iniciativas de vecinos de Punta del Este que preocupados por el estado de abandono y deterioro de ciertos lugares, edificios, monumentos y otros íconos que forman parte de la identidad colectiva de la ciudad, iniciaron movimientos para concientizar al público y sensibilizar a las autoridades acerca de la importancia de nuestro patrimonio.
“Llegó la hora de pelear por el mundo del orden” Thomas Friedman . Si bien ese título se refería a una cuestión política analizada por el destacado columnista del “New York times” en el que plantea el conflicto actual entre el mundo del orden y el mundo del desorden, lo cierto es que dentro de lo que llamaríamos el mundo del orden, se da esta cuestión paradójica de la “desmesura cultural”, que en cierto modo alimenta a lo que se llama “el mundo del desorden”, un verdadero oximoron.
Durante la década del 1970 la aviación comercial tuvo un auge muy importante y se caracterizó por la ostentación del servicio “todo incluido” en procura de la excelencia en la experiencia de vuelo, en perjuicio del aumento de costos operativos. La imagen que generaron los llamados “legacy carriers” quedó marcada en el imaginario colectivo de los pasajeros que no acostumbran viajar de manera frecuente, contribuyendo a la creación de un paradigma de aerolínea “paternalista”, que debe encargarse de resolver todas las contingencias, a su propio costo.
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