por Antonio Santos del Valle, especial para PDA Magazine 7
Según datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT), el turismo internacional registró 1.400 millones de llegadas en 2024, recuperando el 99% de los niveles anteriores a la pandemia. Este crecimiento fue impulsado por una fuerte demanda postpandemia y la recuperación de destinos en Asia y el Pacífico.
En el caso de América Latina, varios países destacaron por su desempeño turístico, como son:
- México: El país recibió más de 40 millones de turistas internacionales entre enero y noviembre de 2024, un incremento del 7,73% respecto al mismo periodo del año anterior. Se espera que la cifra final supere los 42 millones, estableciendo un récord histórico.
- Colombia: Alcanzó un récord con 6,7 millones de visitantes en 2024, lo que representa un aumento del 8,5% en comparación con 2023. Los principales mercados emisores fueron Estados Unidos, México y Ecuador.
- Brasil: Superó los 6,62 millones de turistas internacionales en 2024, la cifra más alta registrada hasta la fecha. Este logro se atribuye a mejoras en infraestructura y una apuesta por el turismo sostenible e inclusivo.
Sin embargo, no todos los países experimentaron el mismo crecimiento. Cuba, por ejemplo, sufrió una drástica recesión en su sector turístico, pasando de 4,7 millones de visitantes en 2017 a solo 2,2 millones en 2024. Esta disminución se atribuye a la competencia de otras naciones caribeñas con mejores infraestructuras y servicios.
Desafíos y propuestas insuficientes en el desarrollo del turismo latinoamericano
En el marco del crecimiento sostenido que ha experimentado la industria turística en América Latina, resulta imperativo no solo destacar los avances alcanzados, sino también analizar de manera crítica los retos que aún persisten en la consolidación de un modelo de desarrollo sostenible y eficiente. A pesar de los esfuerzos realizados por los gobiernos, organismos multilaterales y el sector privado, subsisten desafíos estructurales que obstaculizan el pleno aprovechamiento del potencial turístico regional. En este contexto, es pertinente señalar que numerosas iniciativas formuladas con el propósito de fortalecer la competitividad del sector adolecen de falta de contenido real y, en muchos casos, constituyen propuestas de carácter meramente declarativo, carentes de una implementación efectiva o de estrategias viables para su materialización.
Uno de los principales retos es la infraestructura deficiente en diversos destinos turísticos emergentes, los cuales, si bien poseen un atractivo natural y cultural considerable, no cuentan con la conectividad, los servicios básicos ni las facilidades adecuadas para recibir un flujo constante de visitantes en condiciones óptimas. En respuesta a esta problemática, múltiples administraciones han anunciado planes de modernización y expansión de aeropuertos, carreteras y puertos turísticos; sin embargo, una proporción significativa de estos proyectos se diluye en el tiempo, careciendo de asignación presupuestaria concreta o siendo objeto de retrasos y modificaciones que comprometen su ejecución. Esta falta de compromiso efectivo genera una brecha entre la planificación y la realidad, dificultando la consolidación de un ecosistema turístico eficiente.
Asimismo, en el ámbito de la sostenibilidad, se han promovido diversas estrategias orientadas a minimizar el impacto ambiental del turismo en los ecosistemas frágiles de la región. No obstante, muchas de estas iniciativas se limitan a campañas de sensibilización y compromisos generales sin un marco normativo sólido ni mecanismos de fiscalización eficaces. En este sentido, la proliferación de certificaciones “verdes” y programas de turismo responsable sin una auditoría rigurosa ha llevado a un fenómeno de "greenwashing" en el sector, donde ciertas empresas y destinos promueven una imagen de sostenibilidad sin que existan prácticas verificables que respalden dicha afirmación.
Otro aspecto relevante radica en la capacitación y profesionalización del capital humano vinculado al turismo. Si bien numerosos programas gubernamentales y privados han enfatizado la importancia de fortalecer la formación del personal en esta industria, en la práctica, muchas de estas iniciativas carecen de continuidad y profundidad metodológica. La ausencia de programas de formación técnica de largo plazo y la falta de incentivos para la retención del talento en el sector representan obstáculos que limitan la competitividad y calidad del servicio ofrecido a los visitantes.
Previsión para 2025
Sin embargo, y sin ocultar el punto anterior, organismos internacionales toman una posición optimista para 2025, al tener unas perspectivas para este año claramente optimistas, con datos de crecimiento en América Latina.
En este sentido, se prevé que el Producto Interno Bruto (PIB) regional crezca en torno al 2,5% en 2025, ligeramente superior al 2,1% de 2024 y a la tasa media de crecimiento de la última década (0,9%). Este crecimiento económico podría favorecer más al sector turístico en la región, y a las sociedades que reciben a turistas que buscan la calidad y la diferenciación entre destinos.
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