Dos noticias distintas. Dos ámbitos diferentes. Pero una misma conclusión.
Uruguay continúa sin una conducción clara de su política aeronáutica y turística.
Lo más llamativo no es solamente quién participa o quién no participa.
Lo preocupante es la explicación.
Ante la consulta periodística sobre la iniciativa ALAS, la respuesta oficial fue que Uruguay todavía no adhiere porque debe cumplir previamente un proceso administrativo.
En un escenario donde la integración regional evoluciona prácticamente en tiempo real, donde las decisiones sobre conectividad pueden modificar mercados, inversiones y rutas aéreas en cuestión de semanas, responder que primero hay que cumplir un trámite administrativo refleja exactamente el problema que venimos señalando desde hace años.
No estamos discutiendo si Uruguay debía adherir automáticamente.
Lo que preocupa es que el país parezca carecer de la capacidad institucional para analizar, decidir y actuar con la velocidad que hoy exige la competencia internacional.
El turismo ya no funciona como hace treinta años.
La aviación comercial tampoco.
Los países que lideran estos procesos cuentan con estructuras técnicas permanentes que monitorean mercados, negocian conectividad, evalúan oportunidades y participan activamente en los ámbitos donde se toman las decisiones.
En Uruguay, en cambio, seguimos dependiendo de compartimentos estancos.
La política aeronáutica permanece dispersa entre distintos organismos.
Las relaciones exteriores impulsan acuerdos.
El Ministerio de Transporte tiene competencias parciales.
El Ministerio de Defensa conserva responsabilidades históricas sobre la aviación civil.
El Ministerio de Turismo observa cómo la conectividad condiciona el principal insumo de la actividad, pero sin disponer de los instrumentos para conducirla.
El resultado es conocido.
Mientras otros países construyen estrategias, Uruguay reacciona.
Mientras otros negocian, nosotros analizamos.
Mientras otros participan desde el inicio, nosotros evaluamos si el expediente ya cumplió el circuito administrativo.
No se trata de criticar a un gobierno determinado.
Este es un problema estructural que atraviesa administraciones de todos los partidos y que explica muchas de las oportunidades perdidas por el turismo uruguayo durante las últimas décadas.
Precisamente por eso, en el "Manual empírico del turismo del Uruguay" proponemos abandonar definitivamente un modelo institucional pensado para otra época y sustituirlo por una estructura técnica, profesional y permanente, capaz de integrar turismo, transporte aéreo, inteligencia de mercados, conectividad e inversiones.
Porque el turismo moderno ya no puede administrarse solamente promocionando destinos.
Necesita conducir la conectividad.
Necesita participar donde se diseñan las reglas del transporte.
Necesita anticiparse.
No esperar.
Las dos noticias de esta semana deberían servir como una señal de alerta.
Sudamérica comienza a discutir una nueva etapa para su integración aérea.
La pregunta no es solamente si Uruguay estará presente.
La verdadera pregunta es si el país contará, de una vez por todas, con una institucionalidad capaz de decidir al ritmo que hoy impone el mundo.

