¿Y si el problema fueran los datos?, si en vez de 3,6M de turistas son menos de 2???
Domingo, 26 Julio 2026

¿Y si el problema fueran los datos?, si en vez de 3,6M de turistas son menos de 2???

Desde hace décadas el turismo uruguayo vive de un relato estadístico que muy pocos se animan a cuestionar. Cada nuevo informe, cada declaración oficial y buena parte de las notas periodísticas vuelven a repetir la misma cantinela: "el turismo aporta el 6,2% del PBI, genera más de 120.000 puestos de trabajo, recauda más de dos mil millones de dólares, constituye uno de los principales motores de la economía nacional". Toda esa batería surge de dar por buena la cifra de que Uruguay recibió 3,6M de turistas en 2025, y lo que recibió realmente nuestro país fueron 3,6M DE VISITANTES. La academia, la real, la histórica, la que por ejemplo representa el quasi prócer del turismo uruguayo Miguel Ángel Acerenza, ha indicado siempre que debe medirse entre un 50 y un 55% el prcentaje de turistas verdaderos sobre el total de visitantes.

Compartimos, antes de continuar con la columna, nuestros posteos en Equis al respecto.

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por Sergio Antonio Herrera, desde Montevideo

Pero se ha repetido tanto la cantinela, que ha adquirido categoría de verdad revelada.

Sin embargo, casi nadie se detiene a formular la pregunta más importante de todas:

¿Y si los datos fueran incorrectos?

No se trata de negar la importancia del turismo. Se trata de preguntarse si Uruguay no lo sigue midiendo con herramientas que ya no describen la realidad.

Porque si el diagnóstico está equivocado, también lo estarán las políticas públicas, las estrategias empresariales y las decisiones de inversión.

Eso explica la paradoja que señaló Fernando Tapia hace pocos días.

Se afirma que el turismo es una actividad extraordinariamente relevante para la economía nacional y, al mismo tiempo, se reconoce que el producto no es competitivo, que buena parte de las empresas tienen problemas de rentabilidad, que los mercados emisores tradicionales muestran señales de agotamiento y que el Ministerio de Turismo dispone de uno de los presupuestos más reducidos del Estado.

Algo no cierra.

Y cuando algo no cierra, lo primero que corresponde revisar no es el discurso, sino los datos sobre los cuales ese discurso fue construido.

Llama la atención, además, la actitud del empresariado organizado.

La Cámara Uruguaya de Turismo discrepa con el cambio de Marca País pero no lo ha expresado hasta ahora oficialmente, por ello es menos entendible que su presidente en las últimas horas ha señalado que "igualmente acompañarán la campaña..." Está en su derecho.

Y nosotros también si pensamos que esta es una muestra más de acatamiento obligado por recibir de parte del MINTUR subsidio económico.

Lo que cuesta entender es que no impulse una revisión independiente de las estadísticas que elabora el Ministerio de Turismo y que constituyen el fundamento de toda la política sectorial. Por el contrario, contrata a CERES para que haga un monitor basado en los datos oficiales.

Si quienes representan al sector privado aceptan sin discusión el diagnóstico oficial, no hay debate.

Y cuando desaparece el debate, también desaparece la posibilidad de corregir errores.

No es saludable que la principal organización empresarial termine dependiendo -además de económicamente-, también intelectualmente del ministerio y de los datos producidos por el mismo organismo público con el que convive institucionalmente.

Porque una cosa es cooperar.

Otra muy distinta es renunciar al espíritu crítico.

Uruguay necesita dejar de repetir cifras y comenzar a producir conocimiento.

Necesita saber cuántos turistas reales recibe, cuánto valor agregado genera efectivamente la actividad, cuál es su rentabilidad, qué mercados aportan mayor beneficio económico y cuáles consumen recursos sin producir los resultados esperados.

En definitiva, necesita inteligencia estratégica.

Precisamente esa es la propuesta que desarrollo en el libro "Manual empírico del turismo del Uruguay" que presentaré el próximo viernes 31 en PDAX20 . 

No me limito a cuestionar las estadísticas actuales. Propongo un modelo diferente de gobernanza turística y de producción de información, inspirado en países que entendieron hace tiempo que el éxito no depende de repetir consignas, sino de gestionar sobre evidencia.

España, Singapur y Nueva Zelanda no construyeron sus políticas turísticas sobre estimaciones complacientes ni sobre estadísticas convertidas en dogmas. Las construyeron sobre sistemas modernos de inteligencia de mercado, instituciones técnicas con capacidad de análisis y decisiones basadas en datos confiables.

Uruguay tiene la oportunidad de recorrer ese mismo camino.

Pero para hacerlo deberá animarse primero a revisar aquello que durante demasiado tiempo consideró incuestionable.

Porque ningún país puede aspirar a gestionar el turismo del siglo XXI utilizando las certezas estadísticas del siglo pasado.

Y ese, es el verdadero debate que Uruguay todavía se debe.

Portal de América

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