por Sergio Antonio Herrera, desde Montevideo
Los destinos que han comprendido esta transformación están construyendo sistemas de inteligencia turística capaces de analizar millones de datos en tiempo real. A partir de ellos pueden entender no solo cuántos visitantes llegan, sino cómo se desplazan dentro del destino, cuánto gastan efectivamente y qué tipo de experiencias consumen.
España, por ejemplo, ha desarrollado plataformas de análisis de datos turísticos que integran información de telefonía móvil, transacciones electrónicas y comportamiento digital de los viajeros. Lo mismo ocurre en varios destinos de Asia y en algunas ciudades líderes de América.
En un mundo donde el turismo ya no se mide solamente con encuestas en aeropuertos, países como Singapur, Corea del Sur y Japón utilizan Big Data para comprender en tiempo real el comportamiento de los viajeros. En América, destinos como México y Chile también avanzan en esa dirección.
Este enfoque no elimina las encuestas tradicionales, pero las coloca en un contexto completamente distinto: pasan a ser una pieza más dentro de un sistema mucho más amplio de medición.
Para Uruguay, avanzar en esa dirección no debería ser un lujo tecnológico sino una necesidad estratégica.
Un sistema moderno de inteligencia turística debería integrar al menos cuatro grandes fuentes de información: datos migratorios digitalizados, información agregada de movilidad proveniente de telefonía móvil, datos de gasto derivados de medios de pago electrónicos y estadísticas de plataformas de reservas y alojamiento.
La combinación de esas fuentes permitiría construir una visión mucho más precisa del turismo que llega al país.
No se trataría únicamente de saber cuántos visitantes cruzan la frontera, sino de comprender cómo se comportan: cuánto tiempo permanecen, en qué zonas se mueven, cuánto gastan realmente y qué actividades consumen.
Para un país que depende en gran medida del turismo regional, esa información sería particularmente valiosa. Permitirá detectar cambios de comportamiento en los mercados emisores casi en tiempo real.
Además, proporcionaría una base mucho más sólida para diseñar políticas públicas, orientar la promoción turística y apoyar decisiones de inversión del sector privado.
El desafío, naturalmente, no es solo tecnológico. También requiere coordinación institucional, actualización normativa y una visión estratégica que coloque a la información en el centro de la política turística.
El turismo es una de las industrias más dinámicas de la economía global. Pretender comprenderlo con herramientas estadísticas del siglo pasado equivale a intentar navegar el océano con mapas incompletos.
Uruguay tiene las capacidades técnicas, profesionales y académicas para dar ese salto.
La pregunta es si el país está dispuesto a darlo.

