Basta adentrarse en la inmensa explanada de Chichén Itzá, salpicada de pirámides y grandiosos monumentos para comprender por qué los mayas lo tenían como un enclave sagrado para comunicarse con los dioses. Y por qué ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad.
Todo es nebuloso alrededor de esta extraordinaria ciudad, la más estudiada, controvertida y visitada del mundo maya. Su historia y cronología llevan décadas debatiéndose y cambiando con cada nuevo descubrimiento, aunque parece fuera de toda duda que fue abandonada en el siglo XIV de nuestra era por causas desconocidas. Sin embargo, el poder y la grandeza de Chichén Itzá han sobrevivido a su historia y siglos después de su abandono los mayas siguen teniéndola como referencia mágico/espiritual y peregrinando hasta sus ruinas, particularmente durante los equinocios de primavera y otoño (marzo y septiembre).
En tales ocasiones una gran muchedumbre se congrega alrededor de la pirámide de Kukulkán ('La serpiente emplumada') para ver cómo el sol del tardecer enciende una serpiente de luz que parece descender por el costado de su escalinata central. No cuesta ningún trabajo imaginar la fascinación del pueblo maya cuando contemplaba algo tan extraordinario y portentoso, que creía debido al poder y la magia de sus sacerdotes.
Guerreros enemigos
Detrás de la pirámide de Kukulkán, que los españoles llamaron El Castillo, una de las más bellas y armónicas de cuantas conozco, está El Templo de los Guerreros, otra pirámide ceremonial en cuyo plinto, erizado de columnas, se celebraban los controvertidos sacrificios humanos, en los que el oficiante arrancaba con sus propias manos el corazón del sacrificado, a menudo un guerrero enemigo, tras haberle abierto el abdomen con un estilete de obsidiana.
Al otro extremo de la explanada se encuentra el imponente Juego de la Pelota, el Bernabeu del mundo maya. No tiene gradas, pero sus muros laterales, desde donde se presenciaba el juego, se elevan hasta una altura mareante. El juego no era meramente deportivo, sino un ritual de vida y muerte en el que el perdedor (a veces, también el ganador) eran sacrificados. Muy cerca, en plena explanada, destaca el tzompantli, la Plataforma de los Cráneos, que los conquistadores describieron con tanto horror, donde se exhibían, ensartados en una pica, los cráneos de los enemigos abatidos.
Quedan aún por visitar el Osario, o Tumba del Gran Sacerdote, una pirámide en cuyo interior se encontraron los restos de un gran sacerdote, junto a múltiples joyas y objetos, algo insólito en Mesoamérica. El Caracol, un sorprendente Observatorio Astronómico, el edificio de Las Monjas, La Iglesia… Naturalmente, éstos fueron los nombres que les dieron los españoles al descubrirlos. Para los mayas tenían otros nombres y otros significados, ya que Chichén Itzá representó la máxima expresión del poder divino en Yucatán.
Portal de América - Fuente: www.ocholeguas.com


Comentarios