El abogado e historiador Fernando Cairo entrevistó ante el público al Sr. Nicolás Galanos, con cuatro patrias: nacido en Grecia, nacionalizado en Brasil, veraneante en Uruguay y enamorado de sus amigos argentinos.
Galanos viene desde 1964, hace más de cuarenta años, y no solo recuerda los partidos de volley en la playa sino también haber ido a ver a Julio Iglesias y a Roberto Carlos y haber estado en la inauguración de la boite Las grutas. Una inauguración que pocos olvidan ya que la boite estaba enclavada en la roca que sudaba la humedad de la montaña, tenía los pisos transparentes en la pista de baile para ver pasar el agua, vidrios formando peceras naturales desde donde los peces miraban alucinados a la gente, una pileta de natación con cascadas y barras enclavadas en la roca viva, al aire libre, para tomar un trago mirando recortarse en el horizonte las luces de Punta del Este.
El relato de Renée Denis Peluffo, uruguaya, nacida en 1916, no fue menos emotivo. "Todavía tenemos la casa que compramos en 1958, en la Parada 12, Carina, por el nombre de mis tres hijos, Carlos, Inés y Ana, a la que vienen siempre mis hijos y mis nietos, y yo iba a la playa de enfrente aunque estuviera de moda la Brava".
Fue Reneé la que dijo la frase que quedó vibrando en el salón. "Siempre estoy esperando que llegue diciembre para venir a Punta del Este, porque aquí soy feliz". Para los niños y para los ancianos Punta del Este es un paraíso. Para los más chicos por la libertad de andar sueltos de aquí para allá, poder meterse al agua sin tener que pedir permiso, andar en bicicleta o a caballo y hasta poder aprender a manejar cuando los pies les llegan a los pedales.
Para los ancianos, por la tranquilidad, el permiso para andar a paso lento, los bancos mirando al mar de la costanera , la sombra de las palmeras, las calles que pueden cruzarse aún sin semáforo, los cuidadores de playa que le ponen la sombrilla y le acercan la sillita al agua "porque el agua de mar le hace muy bien a los pies y a los tobillos. ¿sabía?". Por eso, y tal vez porque cada tarde tienen el mejor espectáculo, sin pagar entrada ni subir escaleras: el atardecer sobre el mar, cuando ya empezó la cuenta regresiva de cuántos quedarán.
La tercer homenajeada fue la veraneante argentina Graciela Puruyet de Achával quien también relató hermosos recuerdos de su juventud como " ir a esperar la llegada del tren para ver quiénes llegaban " , etc.
En esta edición se entregó, por primera vez, un reconocimiento a una familia que cumplió 100 años ininterrumpidos veraneando en Punta del Este. Fue a Rodolfo y Luis Bonner Ponce de León, nietos de José Emiliano Ponce de León Goyechea que, en 1910, construyó su casa "Brisa del Este", sobre la calle 9. Su hija, María Blanca, fue homenajeada como antigua veraneante en 1997.
También se entregó un ramo de flores a una activa participante de la vida social y eterna enamorada de Punta del Este, Silvia Klemensiewicz.
Luego Fernando Cairo sacó punta a su lápiz de historiador y contó, ilustrando con fotografías de época, la historia de los 100 años de una de las familias más antiguas del balneario: los Sader, que tuvieron la Casa Sader en la península, el Hotel Playa derruido hace poco para construir tres torres, un local en Gorlero, socios de la empresa constructora Safema y aún dueños de negocios inmobiliarios y otros. Luis Sader, allí presente, fue también presidente de la Liga de Punta del Este..
Al finalizar recibieron el reconocimiento por parte del presidente actual de la Liga de Punta del Este Héctor Araújo los miembros de la familia: Luis, Belcha, Yamil, Ricardo, Pablo y José Pedro Sader, mezclando abrazos y generaciones.
El alcalde, Martín Laventure que también fue presidente de la Liga les dio su propio reconocimiento, y Luis Sader habló en representación de la familia.
Y en el posterior brindis se contaron más anecdotas y ya se empezó a imaginar quiénes serán los homenajeados del año próximo.
Portal de América - Gentileza M.L.Cordone-Textos: Alejandrina Morelli -fotos: Sergio Rezzano

