El baile de Drexler
Miércoles, 28 Mayo 2014
De Cádiz al Amazonas y de Cabo Polonio a Rasquí, Jorge Drexler sacó a pasear y a bailar por ritmos latinos e hispanos a un público totalmente entregado a sus encantos. Sus dos primeros Luna Park llegaron de la mano de Bailar en la cueva, un álbum que contiene la consigna de mover el cuerpo y recuperar el costado más festivo de la música. Claro que, tratándose de un recolector de historias, anécdotas y saberes como es el cancionista uruguayo, las letras no están libradas a su suerte. Al contrario, su eficacia es rotunda y hasta puede ser letal, como en el caso de la milimétrica "La plegaria del paparazzo", un tiro certero en el corazón del periodismo basura.
por Sebastián Espósito
Elegante, de saco pero con zapatillas blancas y cómodas, así se presentó J.D. ante un Luna colmado. Y lo primero que hizo junto con sus músicos fue tirar unos pasitos, demostrar que si él estaba dispuesto a soltarse es porque esperaba lo mismo de su gente. Y así fue, con el correr del concierto no conformaría al público sólo con corear las canciones, sino que también invitaría a la gente a acercarse al escenario. Primero para bailar en pareja y apretaditos y luego para soltarse y dejarse llevar por las cumbias amazónicas y los aires de guarachas que contienen algunos de sus temas nuevos.
Con "Bailar en la cueva", la banda puso primera. Tras ella una gran bola de espejos asomaba como otra señal evidente de las intenciones del gran protagonista. Lo que faltaba saber era cómo iban a sonar las viejas canciones, aditamento fundamental para alimentar a un público ávido de novedades, pero también de clásicos. Y la respuesta llegó enseguida, con "Transporte" primero y más tarde con un rescate como "Princesa Bacana", canción de ese paso fundamental en su discografía: Frontera. Los hits, los clásicos y los rescates, todos llegaban al público tamizados por una banda versátil, precisa, cálida y camaleónica, suerte de monstruo de decenas de cabezas que podía expresarse a través del funk, de ritmos latinos o incluso sonar como una ajustada banda militar, sin desafinar ni el tiempo ni el compás.
Si al principio no hubo palabras fue porque J.D. las tenía reservadas para momentos clave del concierto. Preciso y detallista, el hombre es capaz de ensayar un estribillo con el público antes de empezar el tema, pero también puede sorprender con una historia que ayude a recibir con una gran sonrisa la canción por venir. Como en la antesala de "Luna de espejos", de su debut, La luz que sabe robar. Allí se despachó con las historias que inspiraron al tema: los bailes de la adolescencia en el club Albatros de Montevideo y la mirada de los miembros de la comisión de padres que intentaban lo imposible, que chicas y chicos no se sintieran atraídos. "Éste es un interludio para bailar lento, en pareja -explicó-, para que todos ustedes puedan matar a la comisión de padres interna, que es la más peligrosa de todas."
Juan Campodónico primero y Kevin Johansen a la hora de los bises fueron los invitados que aportaron su color a un concierto cargado de matices, con un público rendido a los pies del protagonista y un Drexler exultante, agradecido y hasta pasado del límite horario. Tan así que en los finales "Todo se transforma" y "Me haces bien" los empleados del Luna Park empezaron a desarmar la escenografía. De paso, quedó como un detalle más del concierto, probablemente el único que el cancionista uruguayo no haya podido dominar.
Portal de América - Fuente: www.lanacion.com.ar