por Sergio Antonio Herrera, desde el asiento 27 C de un Boeing 737 MAX
Nunca habíamos pisado el MINTUR, aún en Colonia y Libertador, encima de Pluna.
Ya habíamos concluido la audaz aventura periodística con la primera revista de turismo y aviación comercial RUTTAS, ya incursionábamos en los micrófonos radiales aprendiendo del maestro Ignacio Suárez y habíamos pasado por la experiencia gráfica en el inmenso El Día a la sombra del gran “Laco” Domínguez, y por el joven la República de Fasano.
Coproducíamos con la Mañana y El Diario el suplemento de los viernes Rutas y Destinos.
Habíamos escrito algunos editoriales y columnas a nuestro estilo, cuestionando varias de las realidades de nuestro turismo.
Una tarde, llegó a la oficina que compartíamos con nuestro querido y recordado hermano de la vida, Cacho Porras, el colega Edgar Ternández, funcionario del ministerio de turismo “Vengo con un recado del ministro Villar para usted. Me pidió que le invite a visitarlo en su despacho” nos dijo.
Desde allí al final de su mandato sucedieron muchas cosas.
El impulso jamás igualado al periodismo de turismo que nos llevó a -sin imaginarlo jamás-, fundar el círculo de periodistas especializados y convertirnos en su primer presidente. Brindarnos locomoción a todos los colegas a todos los puntos del interior adonde se desplazaba oficialmente. A apoyar los emprendimientos de entonces con auspicios reales.
A nivel nacional, regional e internacional, coincidimos con él, en innumerables oportunidades. Y en sus discursos, invariablemente evangelizaba con las bondades del destino regional y se le oía decir su muletilla favorita: “Tenemos uno de los mejores destinos turísticos del mundo, podemos ofrecer la ciudad maravillosa de Río de Janeiro; las fabulosas Cataratas del Iguazú y la incomparable Buenos Aires. La belleza única de Punta del Este y el imponente glaciar Perico Moreno…”
Con el paso del tiempo (nadie se animaba a corregirlo) me ha quedado la duda si se equivocaba (quizás al principio sí) o ya lo reiteraba como un clásico.
La diferencia de una letra, jamás disminuyó la enormidad de su figura.
Comenzamos el descenso a El Calafate.
Nos vemos.
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