Kuala Lumpur, milagro en la selva
Jueves, 25 Agosto 2011

Kuala Lumpur, milagro en la selva

¿No es un prodigio que donde hace ciento cincuenta años no había más que una espesa jungla haya brotado como por ensalmo una de las urbes más modernas y atractivas de Asia?


por Francisco López

La joven Kuala Lumpur nació en 1857, cuando un grupo de prospectores chinos encontró depósitos de estaño en la confluencia de los ríos Gombak y Klang. La fiebre del estaño atrajo a numerosos mineros, comerciantes y prestatarios de servicios que, como si de un nuevo Eldorado se tratara, fueron vaciando la selva de árboles y llenándola de cabañas y tiendas. El germen de Kuala Lumpur (Confluencia Fangosa en malayo) ya estaba en marcha.

Durante la dominación británica, todas las cabañas de madera fueron destruidas. Los ingleses trajeron arquitectos de la vecina India y llenaron las márgenes del río Klang de pretenciosos edificios de estilo mogol, malayo, victoriano y hasta morisco. Aún están en pie junto a la Plaza Mereka, en extraño contraste con los futuristas rascacielos que les rodean por doquier. Las majestuosas Torres Petronas son, desde luego, el símbolo de la moderna Kuala Lumpur, pero ni mucho menos el único rascacielos que eleva sus antenas al cielo.

En la confluencia de los ríos se levanta hoy, entre jardines, la bella mezquita Jamek. Sobre la margen oriental del Klang, siguen vivas y bullentes las calles de Chinatown, la ciudad de los pioneros chinos que llegaron a la selva en cantidades masivas, mientras inmediatamente al norte el aire se llena del aroma de los inciensos y las especias que desprende la llamada Little India. Como en Singapur, estas comunidades forman, junto a la malaya, el núcleo central de la población. Juntas, pero no revueltas, se las han arreglado para prosperar sin molestarse. Pero cada una conserva intactas sus señas de identidad, sus templos, su comida, su idioma, sus tiendas...

El Triángulo de Oro

Es imposible escribir de Kuala Lumpur sin establecer un paralelismo con la vecina Singapur, que un día formara parte de Malasia, pero de la que decidió separarse para crecer sin trabas políticas. Hay que entender que en Singapur la etnia mayoritaria es la china, mientras en Malasia lo es la malaya, que ostenta también el poder político, mientras el motor económico del país está en manos de los chinos. Lo cierto es que entre ambas ciudades existe una indisimulada competencia, como la que se da a veces entre hermanas de sangre.

El vibrante corazón de la Kuala Lumpur moderna es el llamado Triángulo de Oro, una zona erizada de rascacielos, donde se concentran las grandes empresas, los grandes centros comerciales, los grandes hoteles, los grandes restaurantes y la gran mayoría de los turistas. Es aquí donde mejor se aprecia el contraste entre las soberbias construcciones y las precarias infraestructuras de la ciudad. Junto a las asombrosas Torres Petronas hay aceras impracticables que obligan a caminar con la vista pegada al suelo para no romperse la crisma. Es evidente que la ciudad ha crecido demasiado deprisa, demasiado ansiosa de mostrarse, quizá sin haber madurado lo suficiente.

Entre ambas ciudades, la vieja y la nueva, se mueven los turistas, encantados de comprar en un lugar seguro, con muy baja criminalidad y precios superatractivos. Kuala Lumpur no es Singapur, vaya por delante, pero se da un aire. Recorrer sus calles equivale, en cierta manera, a viajar a China, a la India y a la península malaya de una sola tacada.

Portal de América - Fuente: www.ocholeguas.com

Escribir un comentario

Promovemos la comunicación responsable. No publicamos comentarios de usuarios anónimos ni aquellos que contengan términos soeces o descalificaciones a personas, empresas o servicios.