porSandra Lion, ESPECIAL PARA CLARIN
Una ciudad donde se respira historia, con un pasado colmado de grandes acontecimientos y edificios monumentales construidos hace ya muchos siglos, pero que exhibe, a la vez, un interesante costado dinámico y cosmopolita. Probablemente sea esa tan bien lograda fusión entre lo tradicional y lo moderno los que fascina a cada turista que se acerca a visitar Heidelberg, la ciudad universitaria más antigua de Alemania.
Heidelberg es colorida, romántica, sencilla de recorrer y, comparada con otros destinos europeos, tiene buenos precios. Está muy bien conectada con otras grandes ciudades, dada su ubicación en el estado de Baden-Wurtemberg, en el sudoeste de Alemania, a apenas 80 kilómetros de Frankfurt y a 620 kilómetros de Berlín.
Dos días es el tiempo de estadía ideal para conocer esta ciudad: permite visitar las atracciones principales y probar algunos de los platos más ricos que se cocinan aquí.
Por la peatonal
Todo puede hacerse caminando y, para comenzar el paseo, conviene acercarse al casco histórico, una gran zona peatonal, poblada de turistas, estudiantes y bicicletas que recorren estas callecitas angostas y coquetas. La peatonal principal del centro es la Hauptstrasse, una calle fácilmente identificable por el sinfín de negocios con vidrieras de gran diseño, entre las que se destaca la bellísima tienda Käthe Wohlfahrt, que vende objetos de Navidad y está abierta todo el año.
La atmósfera de esta calle peatonal invita a recorrerla de punta a punta, y a visitar los locales de antigüedades, las galerías de arte, las librerías y, claro, los negocios de grandes marcas. La Haupstrasse es también la zona más indicada de la ciudad para sentarse a tomar una cerveza o probar algunos de los platos típicos.
En el paseo, asegúrese también de pasar por el Haus zum Ritter –La Casa del Caballero–, la única construcción de estilo renacentista que sobrevivió a las destrucciones de fines del siglo XVII.
En uno de los extremos de la calle principal se encuentra el Brückentor, una inmensa puerta medieval ubicada sobre el puente de piedra que cruza el río Neckar. Al llegar a este punto, obtendrá una de las mejores vistas panorámicas de la ciudad, desde donde se ve el magnífico castillo, la zona del casco histórico, el río y las colinas. Encienda la cámara de fotos y ruegue que la batería resista unas cuantas horas.
Desde las alturas
Si algún artista plástico quisiera realizar una pintura de Heidelberg comenzaría su boceto por el elemento más representativo de la ciudad, ubicado a 80 metros de altura sobre la ladera de la colina, entre el laberinto de tejados rojizos del casco antiguo. Allí se levanta el Castillo de Heidelberg, una imponente construcción renacentista que data de los comienzos de siglo XIII. Desde lejos se perciben los edificios que lo conforman, cada uno con estilos diversos que se extienden desde el gótico hasta el barroco. Durante medio milenio, el castillo funcionó como la residencia de los Príncipes Electores del Palatinado hasta que una fuerte tormenta lo destruyó parcialmente. El dato curioso es que hasta que comenzó su reconstrucción, los ciudadanos utilizaron las piedras de la majestuosa residencia para edificar sus propias casas.
Se puede llegar en funicular o a pie y, una vez arriba, se ve el río Neckar, el valle que se adentra en la llanura del Rin, todo Heidelberg y el espeso bosque que lo rodea. Cruzando el río, el bellísimo Camino de los Filósofos, otro de los paseos obligados de Heidelberg.
El recorrido por el castillo comienza una vez que se atraviesa la Gran Torre, de inicios del siglo XVI, y la monumental Puerta de Isabel, que mandó a construir Federico V en sólo un día, para sorprender a su esposa, Isabel Stuart. En el patio, preste atención a las cuatro columnas de piedra que formaron parte del palacio de Carlomagno. Es posible visitar, además, diversos pabellones del Castillo y resulta imperdible el Gran Tonel de vino, construido hace 200 años con capacidad para 220.000 litros. Cifras que lo convierten en el tonel más grande del mundo. El Museo Farmacéutico muestra el desarrollo de la ciencia farmacéutica desde la Antigüedad hasta el siglo XX. Exhibe un bellísimo mobiliario y un laboratorio de alquimista.
Aquí estudió Hegel
De nuevo en la parte baja de Heidelberg, no debe pasarse por alto el Paseo de los Filósofos, un camino sobre las laderas de la ciudad, muy frecuentado por los grandes poetas y pensadores románticos alemanes, de donde se desprende el nombre del recorrido. Desde aquí se obtiene otra panorámica bellísima del castillo y de toda la ciudad.
La Universidad es otro de los edificios emblemáticos, donde han estudiado personajes de la talla de Hegel y Planck. Heidelberg cuenta con más de 18 facultades, por lo que la vida estudiantil aquí es realmente importante. Es más, llegó a ser tan intensa que existió incluso una “Cárcel de estudiantes”, donde los alumnos universitarios debían cumplir sus penas por haber cometido delitos menores. Hoy, el edificio está abierto al público para observar los dibujos que realizaban los estudiantes presos.
Portal de América - fuente: www.clarin.com

