por Ana Díaz-Cano
Tras la revolución, Egipto está de nuevo preparado para recibir a los visitantes. Pero mientras llegan, es el momento de disfrutar en solitario de este país milenario y fascinante como pocos.
«Bienvenidos al nuevo Egipto», nos saluda amablemente el empleado de Egyptair a nuestra llegada al inusualmente vacío aeropuerto de El Cairo. Aquí todo el mundo (o casi todo) está feliz con la revolución. Se palpa en cada rincón la sensación de euforia, el orgullo de haber protagonizado un momento histórico largamente deseado. Sin embargo, no todos son buenas noticias en este país de Oriente Medio.
Los efectos sobre la estratégica industria turística del país no se han hecho esperar. Aeropuertos vacíos, vuelos cancelados por falta de turistas y viajeros que llegan en cuentagotas y con incertidumbre de lo que les espera. Porque, ¿es un buen momento para viajar a Egipto? Sí, lo hemos comprobado. Contamos todas las ventajas e inconvenientes de viajar al país de los faraones tras la revolución.
Fascinante prólogo
Llamada familiarmente por los locales Umm al-Dunya o La Madre del Mundo, la capital egipcia es una combinación imposible de caos, suciedad y belleza. Nos cuentan que tras la dimisión de Mubarak los cairotas, sintiéndose mas cívicos que nunca, se echaron a las calles para limpiarlas y adecentar sus avenidas. Había que ofrecer una nueva cara de Egipto al mundo y cada uno se afanaba en aportar su granito de arena. Pero esta nueva faceta no duró demasiado y la basura y la suciedad han vuelto a invadir la capital egipcia.
Pese a todo, vale la pena descubrir las intrincadas callejuelas del Cairo islámico con sus mezquitas y patios para acabar agotado bebiendo un té a la menta en el ineludible Café Fishawi. Después internarse por la madre de todos los bazares en Egipto, el Khan al-Khalili, y dejarse tentar por alguna joya o manta beduina.
Obligatorio incluir en cualquier visita turística la ya famosa Plaza de Tahrir, ahora Plaza de La Revolución, el centro de las protestas lideradas por los jóvenes que llevaron a la destitución del octogenario presidente y la inauguración de un nuevo periodo en el país egipcio.
Un avispero... sin gente
Nadie abandona El Cairo sin visitar las pirámides de Giza (de aprox. 4800 años de antigüedad) y sus misteriosos guardines, las Esfinges. Las Pirámides se alzan a los pies mismos de la ciudad, lo que no les resta ni un ápice de solemnidad y belleza. Pese a ser una de las estampas mas típicas de Egipto conmueven hasta al viajero más indiferente.
Sin embargo la visita a uno de los monumentos más bellos del planeta es habitualmente un autentico infierno: un avispero de visitantes en busca de la fotografía del viaje, ajetreados ir y venir de los autobuses de los touroperadores, vendedores de souvenir, conductores de camellos...
Pero hay buenas noticias. En estos momentos la ausencia de turistas convierten las pirámides en un lugar tranquilo y silencioso donde es posible obtener imágenes únicas. Una foto de Keops, Kefren y Micerinos en la alfombra del desierto sin nadie, solo tú y quizás algún camello que cruza perezoso a lo lejos. Un verdadero lujo.
Luxor, entre dioses y faraones
Declarado «el mayor museo al aire libre del mundo», la antigua capital de los faraones es una visita ineludible en cualquier visita a Egipto. Pero una vez más, el calor y las hordas de turistas pueden restar aliciente a la capital de la Egiptología. Si eres de los que prefiere un viaje a través de la historia con calma, sin prisas y sobre todo si no quieres ser un turista más, éste es tu momento.
Es fascinante adentrarse en el Valle de los Reyes para explorar los jeroglíficos y los secretos de las tumbas escondidas de los Antiguos Faraones, y en especial la Tumba de Tuntakamon, el niño–rey, descubierta en 1922. Explorar los magníficos templos de Karnak y Luxor para descubrir, en este último, que el obelisco que falta es el mismo que luce imponente en la Plaza de la Concorde en París. Y asombrarse ante el templo de Hatshepsut, de corte moderno y construido sobre la misma montaña, toda una proeza arquitectónica.
Otro lujo es admirar la necrópolis, los templos y el Nilo -que fluye majestuoso describiendo curvas imposibles sobre su fértil valle- al alba y desde un globo. Puedes conseguir un vuelo en globo aerostático alrededor de 30 euros (el precio habitual es de 50 hasta 70 euros en temporada alta).
Para terminar este viaje a través del tiempo, hay que dejarse mimar en el mítico hotel Old Winter Palace Hotel, uno de los hoteles más famosos de todo Egipto y cuyas vistas al Nilo dejan sin habla. Sí, lo has adivinado, es bastante caro. Pero seguro que consigues una tarifa especial aprovechando que la mitad de sus habitaciones están vacías.
fuente: ocholeguas.com
imagen: www.viajejet.com

