Ocho preguntas a Yann Arthuss-Bertrand
Jueves, 24 Marzo 2011

El reconocido fotógrafo francés ha pasado por España para recibir el premio internacional de la Sociedad Geográfica Española. Tuvo tiempo para proyectar su película 'Home' y hablar con Ocholeguas.com.



por Alfredo Merino

Hace dos décadas se subió a una avioneta y desde entonces nos ha regalado miles de bellas perspectivas de nuestro planeta. Es uno de los más reconocidos fotógrafos de la actualidad y ha creado sorprendentes películas que, igual que miles de sus imágenes, cuelgan gratuitas en la web para que puedan verlas cuanta más gente mejor. Es el caso de Home y 6.000 millones de Otros, dos filmes que relatan cómo es nuestro mundo y quiénes lo habitamos.

Yann Arthus-Bertrand asegura que es feliz con su trabajo pues le ha convertido en activista a favor de la Tierra y en este sentido asegura que no queda tiempo para ser pesimistas. Hablar de su trabajo fotográfico y sus más de treinta años de viajes por más de cien países del mundo carece de interés para un personaje que dice haberse consagrado a concienciar a la sociedad de la urgente necesidad de conservar la vida.

¿Qué opinión le merece el riesgo nuclear en el mundo actual?

Es terrible. Yo iba a partir esta misma semana a Japón para iniciar mi próxima película que tratará sobre los que trabajan a favor del planeta, pero he tenido que suspender el viaje. Lo que ha ocurrido en Japón muestra la necesidad que existe de la energía nuclear y, al mismo tiempo, los peligros que comporta. El accidente de Japón refleja esta paradoja en la que vivimos: es una energía muy peligrosa, pero la necesitamos. Lo que ocurre es que decidir aceptar esta forma de vida es una decisión que debe tomarse de manera democrática.

Creo que hay que estar muy vigilante y buscar que la energía nuclear sea democrática, algo que no ocurre en Francia ni en Europa. No hay el menor consenso sobre su uso. Nuestros Gobiernos nos han impuesto las nucleares. Hay una especie de blackout, un embargo informativo, sobre esta energía. Nos tratan como si fuéramos niños pequeños, como si no tuviéramos la madurez suficiente o fuésemos incapaces de ver la realidad. Vivimos en una especie de negación colectiva y no queremos admitir lo que sabemos: nuestra absoluta dependencia energética, la explosión demográfica, la pobreza, el agotamiento de los recursos naturales.

¿No le parece complicado para la gente corriente?

Es necesario hacer una revolución. Pero no una revolución económica, ni política, ni científica. La Humanidad necesita una revolución espiritual. No hablo de espiritualidad desde el punto de vista religioso, sino moral, intelectual. Debemos aceptar la paradoja de la vida de hoy: el mundo está dirigido por la economía, todos queremos tener más y vivir cada vez mejor y esto tiene unos costos muy elevados, inasumibles.

Un niño me dijo en un colegio, en una de mis conferencias, que yo hago fotos para mostrar que la vida es bella. Es lo que pienso desde mi optimismo utópico. Creo que la vida es hermosa y pienso que mi trabajo no sólo es mostrar esa belleza. Mi trabajo entre la tierra y el cielo me ha convertido en un activista, me ha transformado de ser un fotógrafo que buscaba la estética y un periodista que contaba las cosas, a un activista que quiere convencer a la gente para que cambie. A esto consagro mi vida y todos los esfuerzos de mi organización GoodPlanet.

¿Es tan increíble la vida?

La historia de la vida en la Tierra es realmente increíble. Pienso que mi trabajo que me ha dado la oportunidad de viajar por todo el mundo y el regalo de conocerlo. Durante mucho tiempo he trabajado junto a la belleza, por eso creo que es algo único y que en ocasiones está muy cerca de la muerte. Tengo que decir que he desarrollado el sentimiento de pertenecer a la Tierra. Este es el mensaje que quiero transmitir. Creo que a través de la fotografía y el cine, puede convencerse a muchas personas para que se transformen en activistas como yo y luchen para conservar la vida.

¿'Home', la película que acaba de presentar en Madrid, reúne su ideario?

Verdaderamente Home representa mi trabajo. Es una reflexión que muestra bien que no queda otra posibilidad que ser optimistas, que no hay tiempo para el pesimismo. En una década han desaparecido la mitad de peces, la mitad de los bosques, etc.

Hay que hacer cualquier cosa que nos permita avanzar, no puedes quedarte a la espera de que pase algo; yo no puedo soportar esta actitud. En África aprendí un dicho: «No es momento de llorar solos en la oscuridad sino de encender una luz». Esto es lo que tenemos que hacer ahora. Cada uno lo suyo. No pedir nada a nadie, hacer tú mismo lo que puedas. Esto es lo que está pasando en el mundo árabe estos días. La sociedad, la gente se ha dado cuenta que tiene fuerza suficiente para cambiar su mundo. Y lo está haciendo.

¿No le parece que para muchos seres humanos es complicado este mensaje?

Cuando estaba en Borneo filmando Home, ví cómo cortaban los grandes árboles de la selva. Para plantar palma y obtener aceite, para plantar árboles de cultivo y hacer pasta de papel. Cuando hablas a aquella gente del fin de la biodiversidad y del calentamiento terrestre, te contestan: ¿Qué me estás diciendo? Tú que vienes un rato hasta aquí en un helicóptero y luego te vas a tu cómodo mundo, mientras yo me quedo aquí buscando algo para dar de comer a mi familia.

Eran familias que vivían en barcos en un río perdido. En una de ellas, la mujer prácticamente desnuda, tenía a un hijo colgado de un pecho igual que hace miles de años, pero en el techo del barco había una antena parabólica y dentro, una televisión transmitía una serie norteamericana. Aquella mujer deseaba vivir igual que lo que veía en la pantalla plana de aquella tele: tener un todoterreno, ir a comprar al supermercado, tener la sanidad gratuita... El ser humano vive en una paradoja absoluta.

¿Niega los avances del ser humano?

Lo que ha hecho el hombre es extraordinario. Gracias a los avances actuales, en el periodo de la vida de un hombre hemos logrado triplicar nuestro número gracias a que cada vez mueren menos personas. Pero en el otro lado hay que ver los efectos de este fenómeno. Cuando hablas de la biomasa total del planeta, es decir del conjunto de los vertebrados: el hombre, los animales domésticos y los animales salvajes, éstos últimos que tanto vemos en documentales, los leones, los antílopes, los elefantes, las ardillas, etc sólo suponen el 2 por ciento de esa biomasa terrestre. Esta relación muestra bien qué es lo que ha hecho nuestra especie en su relación con la vida.

¿Cree que existe una solución para conservar los lugares únicos que nos muestra?

No sé cual es la solución, tal vez nadie la sepa. Lo que sí creo es que sea cual sea, solo será posible si la admiten los seis mil millones de personas de nuestra especie. No hay otra forma de lograrlo. Todos los días hay reportajes sobre el calentamiento, sobre los niños que mueren, sobre la deforestación, sobre la pobreza, pero pasamos por encima de ellos como si nada, todo continúa y cada vez es peor.

La vida no está escrita. Nadie piensa hoy día que el petróleo acabará más pronto que tarde. Como mucho, se piensa en que la solución serán las energías alternativas, cuando lo que habría que hacer un esfuerzo es en reducir nuestra dependencia energética. Cuando llenas el depósito de tu coche, no piensas si viene de Venezuela o de Irak, no te importa de donde viene esa gasolina. Te da lo mismo como ha llegado hasta tu coche, qué ha habido que hacer para ponerla allí. Y para hacerlo ha habido que pagar un coste natural muy alto. La sociedad tiene un sentimiento de culpabilidad, pero no somos culpables de vivir como vivimos. Admitir esto nos molesta, pero no somos culpables de este mundo en el que estamos inmersos, Por el contrario, sí que debemos ser responsables. Esta es la gran diferencia.

¿Esto es lo que ha aprendido en sus viajes?

Sí. Me causa una enorme sorpresa ver cómo el hombre es así de inteligente, capaz de crear lo que ha creado, pero incapaz de vivir en paz consigo mismo y con su casa. Asombra que una criatura tan inteligente como el ser humano no sea capaz de vivir en armonía con el mundo. Un accidente nuclear es improbable pero no es imposible, hay que admitir esta terrible paradoja. Igual que el fin de la civilización es improbable, pero no imposible. Y esto es lo que ha llegado a Japón. La contradicción de las palabras, la contradicción de la vida.

fuente: ocholeguas.com

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