por L. Bustamante
Con la resaca de los Oscar todavía muy presente en la memoria, Los Ángeles recupera poco a poco el bullicio y el ajetreo del día a día. Después de la alfombra roja, las estatuillas doradas y las caras más famosas del séptimo arte, la ciudad espera con los brazos abiertos al viajero. Y ahora, más que nunca, a los españoles, pues a partir del próximo 28 de marzo Iberia amplía sus horizontes y ofrecerá vuelos directos desde Madrid a Los Ángeles.
Cuentan los enamorados de L.A., como se le llama popularmente, que es un lugar donde las fantasías se hacen realidad. Con tan sólo dar un paseo es posible ver cómo y dónde viven las reconocidas figuras de la pantalla grande, disfrutar de largas playas o palpar la exclusividad de Rodeo Drive, la calle donde están las tiendas más sofisticadas y los más prestigiosos restaurantes del mundo. Y si estamos atentos, no es difícil toparse con alguna cara conocida.
A diferencia de otras metrópolis estadounidenses, la ciudad desconcierta a sus visitantes por su estructura urbana, incluso algunos dicen que es fea. Sin embargo, entre su inmensa extensión hay un conglomerado de comunidades independientes muy bien comunicadas. Es el caso, por ejemplo, de Malibú, conocida entre los californianos como el lugar «donde las montañas se encuentran con el mar», razón más que poderosa para que decenas de celebridades la elijan como lugar de residencia.
Si Malibú es la cara idílica de la costa, Beberly Hills es la quintaesencia del lujo, mientras que la comunidad de Hollywood se alza como la meca del séptimo arte, pues es el escenario del 75 por ciento de las películas producidas en Estados Unidos. Desde aquí, la primera obligación es acercarse hasta el mirador que nos regala la panorámica de aquel letrero blanco plantado en la montaña que identifica la zona privilegiada del cine mundial. La estrella de Hollywood Boulevard, con permiso del Teatro Kodak –sede de los Óscar–, es el Teatro Chino de Grauman, construido en 1927 y escenario de la mayoría de estrenos. Y al mirar al suelo, resulta inevitable que la mirada se dirija por las estrellas del paseo de la fama. Pero el viaje no estaría completo si no se visitan los estudios de las grandes productoras. Allí podemos atisbar cómo se graban las películas, gracias a recorridos interactivos mezclados con diferentes atracciones. Universal, Paramount, Warner o Sony Pictures son algunos de los que abren sus puertas al viajero. Las posibilidades de ocio familiar continúan en el zoológico y en el parque de atracciones Universal Studios Hollywood.
Más allá del «fast food»
En pleno centro de la ciudad, cada miércoles y sábado granjeros del estado de California se reúnen para demostrar que hay vida más allá del «fast food». El miércoles la variedad de productos es más amplia y además de comida se venden flores, plantas y objetos de decoración hechos por artesanos, mientras que el sábado el 60 por ciento de las frutas y vegetales que se venden han sido cultivados con métodos tradicionales y sin sustancias tóxicas.
El viajero no puede irse de L.A. sin recorrer Venice Beach, uno de los rincones con más encanto de California, conocida como la «pequeña Venecia americana». Lejos de ser la típica horterada o excentricidad de millonario, es uno de los barrios más tranquilos, bonitos y carismáticos de la ciudad. Y lo que es mejor: no está lleno de turistas.
fuente: larazon.es

