por Muriel Alarcón L.
A poco de estrenarse en Chile 180° South -documental basado en ese viaje-, Yvon Chouinard revive la aventura que marcó su vida.
Yvon sencillamente aceptó la propuesta de Doug. Irían de California a Patagonia en una vieja van de segunda mano, buscando olas para correr, montañas para subir e imágenes por filmar. Era la primavera de 1968. Pasarían seis meses así. Al final de ese medio año, si todo salía bien, Yvon Chouinard y su amigo Douglas Tompkins habrían alcanzado su verdadera meta: la cumbre del monte Fitz Roy.
"Éramos muy idealistas", dice hoy Chouinard desde Ventura, California, donde vive y desde donde dirige la que algunos consideran la compañía más cool del mundo (Fortune entre ellos): Patagonia. "Pensábamos hacer una película de aventura sobre surfear, esquiar, hacer montañismo, y ganar mucha plata con eso".
La cinta que resultó, Mountain of storm (1968), no los hizo ricos, pero se convirtió en inspiración para muchos viajeros. Y también para que, 40 años después, Chris Malloy dirigiera 180° South, un documental que recrea el viaje de Yvon y Douglas, esta vez encabezado por el surfista Jeff Johnson (este filme llegará a Chile para el Adventure Film Festival, y los aventureros originales -Chouinard y Tompkins- estarán en el estreno; ver Aire libre, en la página 5).
180 grados sur. Eso marca una brújula cuando uno se para mirando directamente al sur. Ésa fue la dirección que siguieron Chouinard, Tompkins, y los otros montañistas que los acompañaron: Dick Dorworth, Chris Jones y Lito Tejada Flores. Una aventura que, cuenta Yvon, iniciaron casi sin preparación, dos a tres semanas después de decidirse. Y aunque pretendían hacer una película, ni siquiera sospechaban cómo se manejaba una cámara. Compraron una en el camino, "y aprendimos a usarla durante el viaje", dice Yvon.
-¿Por qué venir al Fitz Roy?
"El montañismo no tiene un uso para la sociedad, porque no hay dinero involucrado. Tú llegas a la cumbre y no hay nada ahí. Pero no puedes partir un viaje sin una meta. Nuestra meta era hacer una nueva ruta en el Fitz Roy porque habíamos escuchado que era una montaña muy difícil".
Esta cumbre patagónica, el Fitz Roy, cuya cima se empina a los 3.375 metros, aún hoy es una prueba dura. Pero entonces registraba apenas dos ascensos y tenía una mala fama extendida, sobre todo por el impredecible clima.
Durante el viaje, el grupo cumplió sus objetivos. Sortearon las primeras señales de violencia en la Nicaragua pre-revolucionaria ("la gente era amable, pero se percibía el peligro", recuerda hoy Chouinard), y se adentraron en Costa Rica. Siempre con vista al mar (todos eran además aficionados a las olas), surfearon toda la costa Pacífico de Estados Unidos a Perú. También subieron algunas cumbres, como los volcanes chilenos Osorno y Llaima. Y con el mismo espíritu de aventura, Yvon hasta aprendió a esquiar para aprovechar unas pendientes de 80 grados de inclinación en Portillo, que permitían alcanzar los 140 kilómetros por hora.
A lo largo del recorrido tuvieron incidentes menores (varios de tipo mecánico, claro), pero también problemas mayores. El más inquietante se produjo en Colombia, cuando Yvon intentó un clavado desde un puente a un río, pero cayó en una zona poco profunda. Se golpeó la cabeza. "Pensé que había quedado paralizado", recuerda sobre el accidente que lo dejó con dolor el resto de la travesía. "Pero estábamos viajando así que...", dice y estira el silencio.
Así que había que seguir.
Para Yvon, el viaje, la verdadera aventura, y sobre todo el aprendizaje, no comienzan hasta que algo sale mal.
"La gente hoy paga por tener un viaje 'de aventura', pero si vas siempre en grupo y contratas a alguien para que te guíe, naturalmente no va a pasar nada malo. La aventura significa un riesgo. Yo prefiero la verdadera definición de la aventura, donde te guías a ti mismo en un viaje y tienes que encontrar la forma de lograrlo solo", dice.
En su caso, la aventura tuvo la recompensa esperada. Lograron el tercer ascenso registrado al Fitz Roy y su vía de escalada es conocida hoy como Ruta Californiana. Pero los seis meses de recorrido no resultaron suficientes para Yvon. "Escalar por un día es muy satisfactorio, pero practicar montañismo durante días y días es una experiencia diferente".
Chouinard está seguro de que muchos de los problemas ambientales que enfrenta el mundo simplemente no existirían si la gente pasara más tiempo conviviendo con la naturaleza. Recuerda sobre esos meses del '68 y el Fitz Roy: "No quiero decir que me sentía parte de la montaña, pero sí que me sentía muy cómodo. En cambio, la mayoría pasa muy poco tiempo en contacto con la naturaleza. Ni siquiera se contactan con una naturaleza muy real. Entonces, finalmente destruimos la naturaleza porque no la amamos".
Ese mismo concepto es el que inspira su trabajo más formal.
Yvon nació en el estado de Maine, pero creció en Burbank, California, y muy temprano, a los 15, ya estaba escalando paredes en el legendario parque Yosemite. Poco después sumó otras pasiones que nunca dejó: surfear y la pesca con mosca. Posiblemente por eso, al teléfono, riendo, Chouinard no suena como un hombre de 72 años. "Si vieras cómo estoy sentado ahora... la verdad es que no tengo la apariencia de un hombre de negocios", dice.
Patagonia, la marca que Chouinard creó, es, además de un buen negocio, un nombre respetado, que figura entre los 100 mejores lugares de Estados Unidos para trabajar. E Yvon ha sido contactado por grandes empresas -un ejemplo: WalMart- para que les ayude a revisar sus estándares ambientales.
Lo hace todo desde Ventura, donde Patagonia tiene su casa matriz: unas instalaciones a metros de la playa, donde no es raro que sus empleados hagan una pausa en plena jornada laboral, tomen la tabla de surf y se pierdan entre las olas.
Junto a las oficinas sigue el taller de herrería donde partió haciendo pitones para escalar y donde aún es posible escuchar el golpe del martillo.
A medida que Chouinard crecía como montañista, notó la falta de equipos adecuados. Ni siquiera había buenos zapatos de escalada. Yvon tenía que arreglárselas con unos de tenis. "Cuando empezaron a aparecer los de escalada, conocías a quienes los usaban: probablemente éramos 200 escaladores en todo Estados Unidos", dice. Por eso, aprendió a hacer sus propios pitones, clavos y mosquetones. Pronto empezó a venderlos a sus más cercanos, y más tarde repartía el año: seis meses en esta singular artesanía, vendiendo en el maletero de su auto, y los otros seis haciendo montañismo. De paso, Chouinard ganaba fama entre los escaladores de Yosemite, logrando muchos primeros ascensos, como las rutas North American Wall (sin cuerda fija) y Muir Wall de la legendaria pared llamada El Capitán. También tuvo éxito en otras latitudes como Canadá, los Alpes y, claro, en la Patagonia.
En la década siguiente, la escalada se popularizaba en el mundo e Yvon vio la oportunidad: además de herramientas para escalar, podía vender ropa. Lo confirmó cuando la polera de rugby que había comprado durante unas vacaciones en Escocia causó furor entre sus compañeros. Así que empezó a concentrarse en el vestuario. Chouinard Equipment, el nombre de su primer emprendimiento que aún se lee en el umbral de su taller en Ventura, se convertía en Patagonia. Era 1972 y el negocio partía con un objetivo ambicioso: ayudar al planeta.
"Cuando comencé con la compañía, mucha gente había escuchado la palabra 'Patagonia', pero no sabía dónde estaba. Era como decir Timbuktu. ¿Cuánta gente sabe dónde está Timbuktu? Y Patagonia es un lugar muy romántico para estar. Tanto en Chile como en Argentina. Y además puede ser pronunciado en diferentes idiomas", explica. Riendo, sin soberbia, dice: "Nosotros pusimos a la Patagonia en el mapa".
-¿Cómo tiene éxito una empresa donde los empleados trabajan cuando quieren?
"¿Te refieres a nuestras políticas de dejar a mis empleados ir a surfear? ¿La política del surf? Básicamente a mí no me gusta dirigir personas. Ni me gusta que la gente me dirija a mí. Me encanta romper reglas. Tratamos de contratar a personas muy independientes y la gente que queda seleccionada es gente tan motivada que después los dejamos solos. Los dejamos hacer su trabajo. Sin jefe que los esté vigilando. Contratamos a las mejores personas. Si quieren trabajar el sábado o el domingo, o desde sus casas, da igual. No me importa. Lo que me importa es que el trabajo se haga".
La "política del surf" es sólo uno de los hitos que han convertido a Chouinard en personaje. En 1974, con sólo dos años y una popularidad sólida en base a sus pitones, dejó de fabricarlos porque se dio cuenta que estaban dañando las rocas. En 1984 su empresa fue la primera que imprimió catálogos en papel reciclado, y en 1993 fueron nuevamente pioneros en comercializar chaquetas con tejido derivado del reciclaje de las botellas de plástico. Lo que hoy conocemos como "polar". Más osada fue su apuesta del año siguiente. El '94 cambió el algodón convencional por el orgánico. Casi se fue a la quiebra. Tres años más tarde, el negocio repuntó. Otras empresas empezaron a explorar la idea, pero Chouinard ya llevaba ventaja. Hoy, todos sus productos usan materiales "ambientalmente conscientes".
"Y todos los que trabajan aquí quieren ser parte de esto de manera seria", dice. Por lo mismo, cada año envía cerca de quince empleados de Patagonia -la empresa- a Patagonia -la región- a hacer trabajos voluntarios.
"No queremos ganar más dinero. Somos personas felices. Nuestra motivación es lo que está pasando en el planeta y queremos hacer algo al respecto", dice Chouinard, quien es además promotor de la iniciativa "1 por ciento para el planeta". A través de ésta, muchas empresas donan ese porcentaje de sus ingresos a causas a ambientales.
"Si se quiere ser una empresa verde se tiene que meditar muy profundamente en las cosas que haces. Todos los daños al planeta son realizados inconscientemente por personas que tienen una vida poco precavida. Por ejemplo si quieres alimentar a tu familia con alimentos saludables, no basta con comprar vegetales. Hay algunos que tienen procesos de elaboración terribles, así que uno tiene que conocer a los agricultores y hacerles muchas preguntas. Eso es lo que nosotros hacemos: pensar lo que hacemos, hacer las preguntas suficientes, obtener buenas respuestas y hacer algo al respecto".
Yvon cree que las próximas generaciones estarán más conscientes sobre esta idea y que el mercado tendrá que adaptarse a sus demandas.
"Si pueden elegir entre cinco pares diferentes de jeans, ellos van a comprar el que esté fabricado de manera mucho más responsable".
El hombre de Patagonia está convencido de eso. Cree que es cosa de tiempo. Mientras ese momento llega, prepara su próximo viaje a Chile, con una escala en Argentina, para pescar.Dice que en esos momentos, pasa horas y horas como si el tiempo no existiera.
Es la manera en que pasa su tiempo libre. Al contrario de la gente que, dice, busca maneras de complicarse las cosas y la vida. "Mientras que yo me la hago cada vez más simple". n
EN CHILE
Yvon estará durante marzo en Chile para la inauguración del nuevo Parque Nacional Patagonia, en la región de Aysén, que incluye los terrenos de la ex Estancia Chacabuco, donados por la familia Tompkins, y donde el mismo Chouinard hizo un aporte en tierras. Ambos amigos son parte de la ONG Conservación Patagónica, una de las impulsoras de esta zona protegida. Para el próximo año espera volver, pero esta vez para escalar el monte San Lorenzo.
PARA LEER A YVON
En su libro autobiográfico Let my people go surfing, el mismo Yvon explica la filosofía que inspira a su empresa, la relación con sus empleados y su visión en este rubro en el que él no se considera un hombre de negocios: "Yo sólo tengo la actitud de que, cada vez que veo algo, pienso que yo puedo hacerlo mejor".
Fama mundial
En mayo de 2007 la prestigiosa revista Fortune llamó "la compañía más cool del planeta" a la empresa de ropa outdoor fundada por Yvon Chouinard.
fuente: diario.elmercurio.com

