Cartagena en los tiempos de piratas
Jueves, 13 Enero 2011

Cartagena en los tiempos de piratas

Era noviembre de 2010, y ya habían pasado dos veranos del prometido viaje de 20 años de casados. En una interminable búsqueda en páginas Web habíamos llegado a la conclusión de que no era el mejor mes para viajar a Colombia: lluvias, inundaciones y el huracán Tomás..., pero la fecha estaba cerrada.

por Susana y Walter Bejanuel

Y así casi sin darnos cuenta entre vuelos y esperas, llegamos a una rebelde Cartagena de Indias que se resiste al paso de los años y donde se funden la magia con el romanticismo.

Nos recibió en un convento de las monjas clarisas de 1621, devenido en hotel, que con un respeto casi religioso conserva su estructura original y logra mantener viva otra época en esta época.

Luego de una noche de sueños en un lugar de sueños, salimos a recorrer las nuevas tierras, calles angostas, veredas diminutas. Todas las edificaciones reacondicionadas según su aspecto original (por reglamentación municipal) hacen convivir con construcciones coloniales, con balcones hermosamente decorados, y transforman sus calles en senderos del tiempo.

Una muralla de 11 km construida como defensa (1586 a 1796), con sus baluartes en perfecto estado, (en uno de ellos vimos una obra de teatro), enmarca el casco histórico. Bellos carruajes con guías turísticos como cocheros salpican la metrópoli y esquinas habitadas por fabricantes de patacones (plátanos fritos), lo que termina de decorar una ciudad que vive dentro de su historia.

Cuando llegamos, la Plaza de Aduana, la fragancia de la historia nos terminó por embriagar y sin saber en que época nos encontrábamos comenzamos a ver con asombro muchos artículos que llegaban del Viejo Mundo, allí delante de nosotros estaba el púlpito que horas antes habíamos visto en la catedral, elementos de tortura con el sello de la Santa Inquisición, desde un aplastacabeza por torno hasta una balanza para pesar brujas. De repente las campanas comenzaron a repicar en forma desenfrenada, el viento dejó de soplar y los corazones por un instante dejaron de latir...

¡Piratas! Todo el mundo corría y comenzamos a escuchar las órdenes de tomar los puestos de combate.

Nosotros ya conocíamos mucho sobre el tema porque habíamos visto cantidad de películas de piratas y sabíamos que andan solos y pelean únicamente de barco a barco. Así con tranquilidad subimos a la muralla para ver y el corazón se nos estremeció, el mar Caribe estaba teñido de madera y velas, más de 100 navíos, y según oímos más de 20.000 hombres amenazaban la ciudad... La brisa del mar comenzó a soplar, los navíos empezaron a desdibujarse y un color turquesa se apoderó nuevamente del paisaje.

Luego de un día de paseo en espacios y tiempos desconocidos, volvimos al hotel para prepararnos. A la noche teníamos la recepción en la Casa del Conde Pestagua, donde nos esperaba nada menos que el virrey Manuel Antonio Flórez, para darnos la bienvenida.

 

fuente: lanacion.com.ar

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