Surcando el río en un velero
Martes, 30 Noviembre 2010

Surcando el río en un velero

Un paseo en el barco Silvestre permite costear el norte del Gran Buenos Aires o disfrutar de un viaje hasta Uruguay.



por María Sol Porta

Es una tarde tranquila en el puerto de San Isidro. En las marinas, las embarcaciones descansan a la espera de sus navegantes, mientras una brisa suave inquieta las copas de los sauces ribereños. Sobre el río, el velero Silvestre avanza hacia donde se abre la bahía, en tanto los pasajeros, sentados en la popa, empiezan a confirmar la primera impresión al llegar al muelle: es un día perfecto para salir a navegar.

Adelante se abre todo el ancho del Río de la Plata. Una vez allí, el capitán Ramón apaga el motor para desplegar las velas, en una suerte de clase práctica que todos escuchan con atención: aquí la Mayor, allá el Foque y la Genoa y el Tormentín –la más pequeña–, que hoy no vamos a necesitar.
Empieza el recorrido costero, llevado por el viento. A la derecha –mejor dicho, a estribor–, se ven las orillas verdes de la barranca de San Isidro y, a lo lejos, la aguja de la Catedral. El viaje puede durar entre tres y cinco horas, según la extensión: hacia el final del paseo, es posible subir por el Delta hasta el arroyo Pajarito. También depende, por supuesto, de lo que dispongan el día y la naturaleza.

Ramón le entiende las mañas al río desde chico, cuando se construía balsas para navegar por la bahía. Puede prever el clima en las señas del cielo y en la calidad de los vientos. Conoce como nadie el diseño de su barco porque él mismo lo adaptó. Su hijo navega con él. Aun así, todavía es capaz de sorprenderse: entre risas, asegura que una vez le tocó casar a tres parejas a bordo y divorciarlas antes de volver a la orilla.

En el silencio de atardecer, apenas se oye el ruido de las pequeñas olas que acarician el casco del velero. A lo lejos, sorprende lo obvio: la larguísima costa de Buenos Aires, con su puerto de Olivos, su Ciudad Universitaria y su Aeroparque. Allá, la ciudad vive el comienzo de su “hora pico”. Aquí, en el agua, otra embarcación pasa y sus tripulantes nos saludan con la mano.

Hay tres variantes posibles para este paseo corto: a las dos diurnas de tres y cinco horas se suma una nocturna, desde las seis de la tarde hasta las nueve de la noche. En todas las salidas se ofrecen bebidas sin alcohol –té, mate, café y gaseosas– y también está la posibilidad de pedir una picada con bebidas a elección.

Los que buscan aventuras más prolongadas pueden optar por las travesías hasta la costa uruguaya, desde Nueva Palmira hasta Cabo Polonio. Una de las más pedidas es la que llega a Colonia: dura dos días y permite pasar una noche a luz de las estrellas, además de disfrutar del casco histórico. También se recomienda el paseo hacia Conchillas, sobre la orilla del río de la Plata, una antigua factoría inglesa del siglo XIX, de cuyas canteras salió buena parte del material con que se levantó el puerto de Buenos Aires.

Al acercarse el crepúsculo, es hora de arriar velas y volver a la marina. En el agua, dos patos buscan alimento. Ramón se despide con un buen café y un apretón de manos, antes de volver al muelle.

Información

Las salidas son de Primera Junta 1118, a cuatro cuadras de la estación San Isidro del Tren de la Costa. Por Avenida Del Libertador, al 16000 girar 6 cuadras a la derecha por Primera Junta.

Paseos costeros diurnos de 3 hs., $ 150 por persona; de 5 hs., $ 200; nocturna de 3 hs., $ 150; picada, $ 50 por persona; travesías a Uruguay (2 d./1 n.), $ 750 por persona si viajan 2 y $ 474, en caso de ser 4. Incluye combustible, tasas portuarias y desayuno a la ida.
Reservas, (156) 3672412 / Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. www.velerosdelplata.com.ar.

 

fuente: clarin.com

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