La maravilla de color y de espacio que disfrutamos, no dejó de sorprender aún a quienes conocimos otras grandes obras del genial arquitecto catalán. Sin duda la Sagrada Familia será la Joya de Barcelona, como dice más abajo Ramón Suñé de La Vanguardia.
Barcelona descubre su joya
por Ramón Suñé
La exhibición del interior de la Sagrada Família alimenta un nuevo interés de los barceloneses por su templo. Un primer paso para que la población autóctona deje de ver la obra de Gaudícomo un sitio sólo para turistas
“ Desde hace más de un siglo es una de las referencias del skyline barcelonés. Reconocida como patrimonio de la humanidad, en los últimos años se ha consolidado como el punto de interés arquitectónico más visitado de España, superando a la Alhambra de Granada. La novena basílica de la ciudad es, con permiso del Barça, el principal símbolo de la capital catalana en el mundo. Pero, con todo, la Sagrada Família y Barcelona mantienen una extraña relación de filias y fobias que ayer podría haber empezado a cambiar.
La visita del Papa sirvió para que miles de barceloneses se enamoraran de la belleza interior de la obra cumbre de Antoni Gaudí.
Las imágenes difundidas al mundo por TV3 descubrieron con todo lujo de detalles una joya cuya contemplación difícilmente deja indiferente ni al creyente ni al ateo. Más allá de sus creencias religiosas, miles de barceloneses que siguieron la ceremonia de dedicación del templo desde sus casas –o a través de las pantallas gigantes ubicadas en varios puntos del Eixample– se quedaron con las ganas de franquear las puertas de la Sagrada Família para admirar, in situ y por dentro, ese monumento de formas caprichosas que la mayoría de los nativos conoce sólo de paso, un edificio –este sí, singular de verdad– que hasta ahora en la conciencia de los vecinos de esta ciudad aparece grabado como un lugar para turistas. De hecho, ellos son, procedentes del extranjero o de otras regiones españolas, los responsables de que la Sagrada Família superara en el 2009, un mal año para el turismo, los 2,3 millones de visitas, o de que el 2007, año de récords, se rebasaran los 2,8 millones de tickets vendidos.
Antes de que Barcelona entrara en los circuitos del turismo de masas, la Sagrada Família era una iglesia bien distinta de la actual, a cielo abierto. Esa era la Sagrada Família conocida hasta ayer por los barceloneses –no muchos– que se habían adentrado más allá del perímetro del templo. El acto protagonizado por Benedicto XVI puede romper esa barrera que es física, pero también mental.
"No me la imaginaba así, enorme, preciosa. ¡Qué lástima no estar allí!, pero no nos perderemos la primera misa", afirmaba Esther, una joven madre de familia, en la iglesia de la Concepció, en la calle Aragó, precisamente elevada por el Papa a la categoría de basílica el año pasado. Una opinión y un propósito compartidos por Héctor, un colombiano afincado en Barcelona desde hace siete años que siguió la ceremonia en una de las pantallas habilitadas en la calle Marina, cerca de la plaza de toros Monumental, que ayer, justo el día en que no se derramó ni una gota de sangre en la arena, acogió más público que de costumbre. Y un deseo –"quiero visitarla ya"– expresado también por Edgar, ecuatoriano de l´Hospitalet, provisto de la bandera de su país, una imagen muy repetida ayer en las calles barcelonesas, donde la inmigración latinoamericana se hizo notar.
Próximamente, en la basílica comenzarán a celebrarse misas abiertas a todos, aunque los responsables de la Sagrada Família todavía han de acabar de concretar a partir de cuándo y con qué frecuencia. Como sucede con otros grandes monumentos de la cristiandad, los ingresos aportados por los visitantes que pasan por las taquillas seguirán siendo la principal fuente de financiación de unas obras a las que aún les queda un largo recorrido, que podría culminar en una quincena de años. Después del gran reclamo televisivo de ayer, a la Sagrada Família continuarán llegando a diario miles de turistas, aunque en ningún sitio está escrito que las cifras de visitantes foráneos vayan a dispararse. Ya hace tiempo que Barcelona está en el mapa mundi y los grandes anuncios, cuando se juega en la primera división del turismo, más que servir para ganar títulos ayudan a mantener la categoría.
Plenamente suya la Sagrada Família es el próximo reto del templo y de una ciudad en la que, volvió a ponerse de manifiesto que conviven varias almas. Una ciudad dual que, por una parte, abraza el laicismo –o la indiferencia ante la religión– y antaño labró una historia plagada de hitos anticlericales, pero que, por otro lado, ultima en el siglo XXI la construcción de la última de las grandes catedrales. Al final, a pesar de los peregrinos llegados en autocar desde lugares como Castellón, Zaragoza o incluso de la lejana Cáceres, la calle no llegó a ser una marea blanca y amarilla. Y los grupos contrarios a la visita papal se pasearon con mucha más pena que gloria. El verdadero espectáculo lo puso un templo que ayer los barceloneses vieron con otros ojos.
fuente: La Vanguardia.es

