Los Angeles deliciosos
Martes, 26 Octubre 2010

Los Angeles deliciosos

Un par de edificios emblemáticos y nuevas políticas urbanas cambiaron para siempre la cara del centro de Los Angeles. Rodeado de carreteras enmarañadas y luces de neón, hoy el downtown de L.A. es un sitio codiciado para vivir, donde abundan las exposiciones de arte y la excelente comida.  



por Jennifer Steinhauer / The New York Times

El centro de Los Angeles ha vuelto a la vida en los últimos 20 años. La semilla pudo haber sido plantada en 1988, cuando el arquitecto Frank Gehry fue contratado para levantar el Walt Disney Concert Hall, un compromiso cívico para volver a traer al centro los días de gloria de comienzos del siglo pasado, cuando era un sitio bullicioso cada noche después de la puesta de sol. La revitalización continuó después en la década de los 90, cuando las leyes permitieron la transformación de antiguas bodegas en lofts elegantes.

En los últimos años, las aperturas del Museo Grammy y un Ritz-Carlton, así como el aporte del filántropo Eli Broad para transformar la Grand Avenue en un destino cultural, han acelerado el ritmo de transformación del centro de la ciudad.

Por supuesto, ha habido obstáculos, como la falta de viviendas, la gran población de vagabundos, la reciente crisis crediticia -que dejó a algunos emprendedores en la bancarrota- y la naturaleza física del centro, envuelto en un mar de autopistas que hacen que uno se sienta aislado del resto de la ciudad. Sin embargo, el centro de Los Angeles ahora es realmente un lugar donde la gente quiere vivir, pasear por sus ferias de arte, ver festivales de música, básquetbol y más. Pero, hasta hace poco, no era un lugar para comer.

Claro que eso está cambiando hoy, con elegantes bistrós con énfasis en la creatividad y los productos locales, bares escondidos y locales baratos pero chic surgiendo desde el lado este y oeste.

Lazy Ox Canteen

Mi primera reacción no fue muy auspiciosa cuando me estacioné cerca del Lazy Ox Canteen. En el borde del Little Tokio, el restaurante ocupa un local de la acera sur de la calle San Pedro que parece un poco abandonada, como una fábrica de juguetes en la noche. Sin embargo, una vez que me senté en la coqueta barra de madera (que es donde sugiero que usted vaya) y ordené uno de los buenos vinos rosados que abundan en la ciudad, la diversión comenzó a fluir.

El personal aquí es muy conocedor de los puntos más altos de la cocina del chef José Centeno, quien impresiona por la variedad y carácter ecléctico de su carta. Mi compañero de mesa y yo comenzamos con el "desayuno en concha" -un huevo bañado en jarabe de arce, nata, crema de trigo y pequeños trozos de panceta-, plato que, según el camarero, requiere todas las habilidades de un albañil para ser montado.

El siguiente plato fue raviolis de carne de vacuno estofado, piñones tostados, ajíes secos, especias y algo así como un yogur picante que componían una mezcla insoportablemente seductora. Lo mismo pasó con los buñuelos de ricota y miel de azafrán. Mi acompañante, que decía que no le gustaban las anchoas, tuvo que retractarse con las que aquí sirven marinadas con ají piquillo, y dijo que éstas eran "como una ostra", que es algo así como comparar a Lindsay Lohan con Audrey Hepburn.

Terminamos la noche mirando tranquilamente a la multitud presente: muy joven y con peinados a la moda.

Lazy Ox Canteen: sin bebidas ni propina, el precio de una comida para dos personas promedia los 70 dólares. 241 South San Pedro Street.

WP24

Wolfgang Puck es un moderno comedor en Los Angeles, tan clásico como lo son los bikinis a sus playas. Dicen que la ciudad no puede vivir sin este restaurante ni viceversa. Sin el Sr. Puck, dicen, la ciudad nunca hubiese conocido las alegrías del queso de cabra. Ahora, en su última aventura, en el piso 24 del hotel Ritz-Carlton, el Sr. Puck está haciendo gala de su proclividad ocasional por la cocina fusión asiática, siguiendo el ejemplo de los mejores comedores de alta gama de Hong Kong.

"Yo esperaba hacer el mejor restaurante chino moderno", me escribió en un e-mail, "con comida de excelente calidad, una buena carta de vinos y un gran servicio".

En WP24 primero se entra al bar donde las parejas susurran entre sí mientras beben cócteles de flor de saúco, y tipos en camiseta teclean en sus MacBooks mientras comen gyosas y miran el paisaje de luces de neón y autopistas iluminadas. La escena del bar se desvanece al pasar por las puertas que van al comedor formal. Al instalarse en alguno de sus sillones de cuero, aún se tiene una espectacular vista de Los Angeles, una panorámica inusual para un restaurante de la ciudad. Para comer ahí, sepa que usted mismo debe acercarse al centro de la sala donde, en una mesa gigante, hay pato Pekín y otros platos deliciosos.

Antes comience con un refrescante cóctel "umami" (ciruela, pepino y ginebra). ¿Un consejo? Evite las gyosas de camarón y opte por la degustación dim sum. A continuación, pruebe un róbalo en costra de sal o, tal vez, las mejillas de vacuno cocinadas a fuego lento, de un sabor profundo. El fondant de cereza y pistacho estaba bueno, pero lo mejor fue el marjolasian, que es como una barra de la golosina Twix pero de alta gama (que no pude sacar de mi cabeza, tanto que a la noche siguiente volví con mi marido para probarla otra vez).

WP24 at the Ritz-Carlton: sin bebidas ni propina, el precio de una comida para dos personas promedia los 140 dólares. 900 West Olympic Boulevard.

Church & State

Desde que se abrió hace casi dos años, los entusiastas de la comida se han vuelto locos con este restaurante situado en medio de un grupo de edificios industriales a medio construir. Y, de hecho, hay mucho que comer aquí. Partí en la animada barra del restaurante, que sorprende con una muy extensa carta de vinos a la copa (son más de 24). Los cócteles son igualmente numerosos, con deliciosas mezclas como el sublime pepino y albahaca con ginebra.

De vuelta en la cocina, cuando el chef Joshua Smith comienza a trabajar con papas y cerdos sabe lo que hace. Lo mejor es el strogonoff de churrasco de ternera y patatas asadas de acompañamiento. Las orejas de cerdo son otra de las buenas opciones de la carta. Evite, eso sí, el estilo ratatouille; es decir, cíñase a los elementos vagamente escandinavos del menú y trate de omitir las recetas francesas tradicionales.

El comedor, hay que decirlo, puede ser no tan placentero, dependiendo de los gustos, pues por las noches el ruido es ensordecedor gracias a los parroquianos fanáticos del glam rock que aquí se reúnen. Una noche, hay que decirlo también, un amigo y yo debimos soportar una parodia del mal servicio francés cuando un camarero ni siquiera nos ofreció una bebida.

Más allá de eso, el consejo es que igual visite el local y trate de comer, si puede, cuando el salón esté más tranquilo y bañado por la hermosa luz del atardecer de Los Angeles.

Church & State: sin bebidas ni propina, el precio de una comida para dos personas promedia los 60 dólares. 1850 Industrial Street.

Rivera

Elegante y moderno, con sillas bajas y cómodas e imágenes de corridas de toros en las pantallas, Rivera se define a sí mismo como un restaurante de cocina latinoamericana contemporánea. Cerca del Staples Center, en el corazón de la ciudad, el tequila es la bebida favorita, presente en versiones raras e interesantes en la carta, donde también abundan vinos españoles y portugueses muy asequibles. Los cócteles también son sabrosos, como el "Blood sugar sex magic", un homenaje a los Red Hot Chili Peppers en base a pimientos rojos y albahaca.

Las tortillas con pétalos de rosa son un punto alto de la carta, así como la especialidad de la casa: jamón ibérico -el foie gras de los jamones- servido en pan tostado. Un aperitivo -servido en un plato con la imagen de una calavera- de codorniz bañado en una salsa de pimentón resultó brillante y delicioso. Esto, recuerde, es Los Angeles, donde las mejores aves salen de Jidori, un proveedor local de pollos y otras aves súper frescas, cocida aquí con una deliciosa salsa de maní español. Ignore el postre con una excepción. ¿Recuerda usted la película Wag the Dog, cuando William H. Macy dice "no hay diferencia entre un buen flan y un flan malo"? Pues bien, era evidente que él no había probado el flan de Rivera.

Los restaurantes en Los Angeles, en general, atraen a gente de sus propios barrios, pero a este lugar llega un público heterogéneo de personas que visitan el LA Live, el gran complejo de entretenimiento del centro, donde las mujeres usan la falda más corta que lo que les gustaría a sus madres y los artistas callejeros usan maquillajes sofisticados. Así las cosas, siéntese en el bar, pida un aperitivo y disfrute de esta escena.

Rivera: sin bebidas ni propina, el precio de una comida para dos personas promedia los 80 dólares. 1050 South Flower Street, No. 102.

Starry Kitchen

A todo el mundo le gustan la historia de los restoranes y la de Starry Kitchen no es mala. Nguyen y Thi Tran tenían un restaurante underground en North Hollywood. El sitio era tan pequeño que muchas veces los comensales fueron parte de la creación de nuevos platos asiáticos. Ahora, sin embargo, la pareja ha entrado al negocio de los restoranes de grandes ligas, que funciona, además, cerca de un patio de comidas muy popular del centro, entre edificios de oficinas y, por suerte, muy cerca del Museo de Arte Contemporáneo.

El señor Tran trabaja al frente de su pequeño espacio de cocina, alertando a los visitantes sobre el menú que muta todo el tiempo, a excepción del pollo con lemon grass y jengibre, un plato excelente.

En Starry Kitchen usted debe escoger una proteína, las verduras y una presentación (envoltorio, recipiente, etcétera) y todo vendrá en un santiamén. Ojo con el pollo frito con sésamo, un plato tan bueno y pedido que muy probablemente no esté en la carta cuando usted se retire. Y, eso, claro, es parte de la diversión.

Starry Kitchen: sin bebidas ni propina, el precio de una comida para dos personas promedia los 18 dólares. 350 South Grand Avenue.

El nuevo Ritz-Carlton ha sido uno de los impulsores del cambio del centro.

El centro de Los Angeles es hoy un lugar donde la gente realmente quiere vivir.

fuente: emol.com


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