Reconstruir Haití a pulmón
Lunes, 09 Agosto 2010

Dos uruguayos de Un Techo para mi País viajaron a Puerto Príncipe a participar de jornadas de construcción de viviendas de emergencia y cosecharon muchas experiencias.

por Yelly Barrios
Los ritmos de la reconstrucción de Haití se miden en tiempos únicos y las necesidades de sus habitantes se definen con parámetros diferentes a los que pueden conocerse en Uruguay. Allí la urgencia y la pelea por la supervivencia son las que marcan las prioridades de la vida cotidiana.

A casi siete meses del terremoto que el 12 de enero puso a Haití en boca de todo el mundo, algunos ritmos de las zonas afectadas ya retomaron en parte a la normalidad. Se puede transitar en vehículos privados por varias zonas, el uso del transporte público está reestablecido, se pueden realizar compras en supermercados y algunos barrios privilegiados gozan de servicios esenciales –como acceso al agua potable y a la electricidad–. Sin embargo, los escombros amontonados a los costados de las calles, la basura que comienza a acumularse, la falta de recursos humanos para dar asistencia sanitaria y los miles de familias viviendo en tolderías, son evidencia de que las mínimas condiciones de dignidad para muchos damnificados aún no fueron atendidas.

El 12 de julio dos uruguayos viajaron a Haití para sumarse a un equipo de Un Techo para mi País, que desde febrero está trabajando en la construcción de soluciones habitacionales para que miles de niños, jóvenes y adultos de Puerto Príncipe –y localidades adyacentes– puedan abandonar las “tiendas” en las que pernoctan desde el sismo.

Juan Pablo Cibils, subdirector social de Un Techo para mi País en Uruguay, se subió a un avión en Montevideo y aterrizó horas después en República Dominicana. Tras una combinación con un vuelo de las Naciones Unidas ingresó en territorio haitiano. De allí en más inició un camino que le dejó mucho más de lo que imaginaba. Su compañero en este viaje, Mauro Scopice, de 22 años, llegó por otra vía y se encontraron en las oficinas de la organización en Puerto Príncipe.

Al llegar al lugar, fueron descubriendo diferentes perspectivas de la realidad haitiana actualmente. Una de las miradas más significativas que cuenta Cibils, es que mucha de la ayuda humanitaria recibida internacionalmente no se ve reflejada en las calles de Puerto Príncipe. “Uno se pregunta ¿dónde está toda la ayuda? Nosotros mismos como institución nos preguntamos hasta dónde podemos llegar”, comentó Cibils a El Observador.

Trabajo y voluntariado


En febrero Un Techo para mi País llegó a la zona afectada por el sismo en Haití. En aquella oportunidad las necesidades de los ciudadanos eran otras. En aquel entonces aún se retiraban cuerpos de entre los escombros y los centros de asistencia estaban repletos de lesionados y heridos.

Luego, junto con el progresivo silencio de las repercusiones internacionales de la tragedia, fueron surgiendo las carencias respecto a donde ubicar a los damnificados. Hasta el día de hoy al circular por Puerto Príncipe se encuentran centenares de “tiendas” –más precisamente cuatro estacas con un toldo encima– por las calles.

Cibils describió que incluso hay miles de estos refugios que están ocupando espacios en lo que antes eran plazas públicas céntricas. En todo ese contexto, la “misión” de la institución es trabajar para que las familias puedan dejar de vivir en esas carpas y puedan acceder a las “viviendas de urgencia” que construyen en los 16 países donde tienen presencia. En lo que va del año edificaron 326 de estas viviendas de madera, de 18 m2, y se proyectan para agosto y setiembre otras 600 más.

Para enero de 2011, cuando se cumple un año de la tragedia, se organiza una gran campaña para edificar 1.000 viviendas más. Pese a todos estos planes, Cibils reflexionó sobre la necesidad de educar para generar redes de solidaridad y voluntariado entre los haitianos. La institución logró movilizar en Haití a 500 voluntarios, muchos provenientes de Chile y República Dominicana, pero el objetivo es involucrar a los haitianos para poder seguir adelante.

“Eso es lo más difícil, porque al principio los haitianos no querían trabajar con los cronogramas y la metodología que solemos usar. No entendíamos por qué, pero luego nos dimos cuenta que someterse a determinadas circunstancias de trabajo significaba para ellos desatender a sus familias que estaban en muy malas condiciones. No logramos que se entregaran en pos del objetivo de construir viviendas para otros, muchos incluso se fueron, no entendieron esta modalidad de trabajo”, describió Cibils.

Luego investigaron las reacciones y determinaron que es muy diferente el voluntariado “cuando se tienen las necesidades mínimas resueltas”, que cuando se está peleando por sobrevivir. “En Uruguay no pasa eso”, reflexionó.

Vivir el día


En Haití, la modalidad de trabajo de Un techo para mi País fue readaptada. Habitualmente los voluntarios concurren a las zonas donde realizarán las intervenciones y se entrevistan con los vecinos para establecer donde se encuentran los casos más urgentes. En Haití, todos estaban en esas condiciones. Al comienzo sintieron que esa realidad los desbordó. Es tanto lo que hay por hacer que comenzar costó, según el relato de Cibils.

“Se siente impotencia, porque pese a las casas construidas hay muchísimo por hacer y hay que seguir”, agregó. “A veces en Uruguay –y otros países se ven familias que viven en la incertidumbre de desconocer cómo podrán sobrellevar sus jornadas en las próximas semanas o meses. Pero en la pobreza extrema en la que se viven miles de haitianos no se sabe ni siquiera si al día siguiente o a los 15 minutos se van a tener algo que comer o un vaso de agua para sobrevivir”, narró.


fuente: observa.com

Escribir un comentario

Promovemos la comunicación responsable. No publicamos comentarios de usuarios anónimos ni aquellos que contengan términos soeces o descalificaciones a personas, empresas o servicios.