"Ya en tierra, llorábamos todos juntos"
Martes, 17 Enero 2012

"Ya en tierra, llorábamos todos juntos"

Adriana Luz Doll, cuando se le pregunta cómo está, Adriana Luz Doll (52) dice que "bien", entre risas. Es que lo que le sucedió en los últimos días no se lo podría ni haber imaginado. Los nervios permanecen. El viernes esta uruguaya residente en Brasil desde hace 40 años estaba en su último día en el crucero "Costa Concordia", que encalló en las costas de la isla de Giglio, en Italia. Junto a su hija estaban cerrando la valija, mientras esperaba que el resto de su familia hiciera las últimas compras, cuando escucharon la señal de alarma. Desde ese momento hasta hoy, Adriana Luz creyó estar viviendo en una película y no descarta pedir un resarcimiento por todo lo perdido.



Gabriela Cortizas

-¿Cómo se encuentra pasada ya la peor parte?

-Gracias a Dios estamos todos bien. El grupo que salió de acá (Porto Alegre) era de once personas y volvimos los once: mi suegra, cuñadas, mi sobrina y mi hija (todos brasileños). Y regresamos incluso en la fecha prevista.

-¿Recuerda el momento en que se enteró lo que pasaba?

-En ese momento estaba en el deck ocho y en el fondo. En principio la tripulación tranquilizó a la gente del buque, diciendo que había un desperfecto en el generador de energía. Pero con el ruido horrible que se escuchó y luego de que el navío se comenzó a inclinar pensamos que algo peor sucedía. Entonces, la tripulación largó un código: "Tango-Indio-3". Los pasajeros no entendimos nada, pero la tripulación se miró, empezó a entrar en pánico. Se trataba de algo importante.

-¿Y cuando lograron reaccionar qué hicieron?

-Ahí fue cuando nos empezaron a mandar al deck cuatro, donde estaban los botes salvavidas. Nos asignaron un lugar a cada uno de nosotros, pero hubo una cierta demora al lanzar a los botes en agua. Nuestro bote llegó sin problemas, pero en el de mi cuñado tuvieron que cortar las cuerdas con hachas porque no lo podían soltar.

Por más de que la tripulación tratase de controlar la situación, poca gente era consciente de eso de que las damas y los niños van primero. Eso en un momento de pánico es muy difícil. Incluso, adelante nuestro, para subir al bote salvavidas, había un matrimonio español que estaba con sus dos hijos mayores y uno de ellos estaba con su esposa y un bebito. Y el hombre pedía que por favor dejaran abordar a su nietito, pero la gente se enloquecía y se enceguecía con el pánico.

Mi hija me dijo en ese momento que si no nos permitían subir a los botes, nos sacábamos los chalecos salvavidas para poder sumergirnos y nadar hacia la costa.

En un momento empezaron a sonar siete pitidos y la tripulación empezó a ponerse más nerviosa, empezó a llorar y los pasajeros nos dimos cuenta que la cosa se ponía fea, fea, fea. Pasó incluso una chica de la tripulación agarrando frenéticamente un rosario.

La tripulación quedó por último y viajó en unos barcos salvavidas diferentes, no de los clásicos que cuelgan, sino en unos cuadraditos.

-¿Ya les habían informado cómo actuar en una situación de estas características?

-Siempre cuando uno entra a un crucero en el primer día te marcan una reunión donde te informan sobre los chalecos y te explican que si escuchás esos siete pitidos, te dirijas al deck cuatro, donde están los botes salvavidas.

-Y en el momento de llegar a la isla Giglio, ¿qué sucedió?

-Un matrimonio de edad nos acogió y nos permitió ir al baño. Esa isla estaba con muchas de las casas vacías, porque es de veraneo. Enseguida nos pusieron una barcaza para una ciudad, no sé cuál, donde nos llevaron y había un movimiento estupendo. Había ambulancias, incluso de las ciudades vecinas.

Cuando llegamos a esa otra ciudad nos hicieron entrar en una carpa calefaccionada, donde nos dieron un té caliente, nos pidieron el nombre completo. En esa carpa fuimos entrando en calor ya que en la isla la temperatura estaba por debajo de cero grados.

En la barcaza había un frío terrible y mucha gente con hipotermia. Yo ahora estoy con sinusitis.

Al salir nos dirigieron a un ómnibus y nos llevaron a un gimnasio de una escuela. Cuando estábamos haciendo fila para ir al baño, nos dijeron que quienes íbamos para Savona nos dirigiéramos a la puerta que había un ómnibus esperándonos. Como nuestro destino era ese para poder irnos a Milán y regresar a Brasil, nos fuimos. Ahí la Policía italiana nos hizo los documentos para poder abandonar el país. Todos nuestros documentos habían quedado bajo el agua.

Antes, el sábado, en Savona, llamé a mi madre y a mi hermana para decirles que estábamos bien y avisarles que iban a escuchar la noticia del naufragio.

-¿Cómo se encontraba el resto de los pasajeros?

-Más que nada, estaban en estado de shock y nerviosos. Había sí alguno que otro con lastimaduras en la cabeza o con los pies cortados.

Hubo gente que se quebró un pie, pero más que nada por el apuro. Además, en una semana de convivencia con la tripulación vas estrechando lazos. Y ya en tierra nos abrazábamos y llorábamos juntos.

-¿La empresa se hizo presente de alguna forma?

-La compañía se comunicó recién esta mañana (por ayer) con mi cuñado porque no tenían mi nombre entre los sobrevivientes. El capitán nunca se comunicó con los pasajeros.

El capitán tenía GPS, tenía la carta náutica donde dice el lugar donde hay formaciones rocosas. Tal vez un niño se crea las versiones que están dando, nosotros no. Fue un error humano, no hay otra. Nosotros volvimos con lo puesto. Y el momento por el que uno pasa… De ojos abiertos una sueña lo sucedido y no lo cree. Parece una película que alguien me contó. No descarto pedirle un resarcimiento: pedimos ropa, computadora, cámara de fotos, todo.

-¿Piensa en subirse a un crucero otra vez?

-Estoy pensando en hacerlo. Yo dudo que dos rayos caigan en el mismo lugar.
El otro uruguayo

Otro uruguayo, Nicolás Ferrarí, que reside en España, también iba a bordo del "Costa Concordia" y está a salvo. Así lo informó ayer la empresa Costa Cruceros en Argentina a El País.

La firma aseguro que Ferrarí ya regresó a su país de residencia.

La Cancillería, en tanto, no confirmó ayer la presencia de este segundo uruguayo en el barco.

El País Digital

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