Unos días después, otros curiosos encontraron en Internet que los cuatro aviones estaban en el aeropuerto Mehrabad de Teherán, confirmando que no había habido accidente por un lado y, por otro, que nunca hubo intención de llevar los aviones a Uzbekistán.
No había dudas: Irán tenía algo que ver. El pasado jueves, Hassan Khoshko, portavoz de la Aviación Civil iraní, dijo habían sido comprados para una de las aerolíneas iraníes. Obviamente, se habían burlado de las sanciones internacionales aplicadas y probablemente eso explica todo el misterio.
Irán está sancionada por la comunidad internacional desde los años 70. El estado de sus aviones es famoso básicamente por los frecuentes accidentes debido a la carencia de piezas de recambio y el consecuente mal mantenimiento de los aviones.
En 2018, las sanciones se endurecieron de manera que ya fue totalmente imposible vender un avión a ese país. ATR, el fabricante francoitaliano fue el último en vender un avión, un día antes de que el 6 de agosto de 2018 entraran en vigor las sanciones.
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