Esta situación llevó a que durante la mayor parte del año pasado, dirigir una aerolínea significó estacionar aviones, despedir trabajadores y regatear con los gobiernos por fondos de rescate. Algo más de 30 compañías aéreas dejaron de volar, mientras que las que no recibieron ayudas públicas vieron cómo se disparaba su endeudamiento.
Este hundimiento hace que los costos hayan pasado a ser muy bajos, prácticamente todo está a mitad de precio. Airbus y Boeing, las dos grandes fabricantes de aviones, ofrecen grandes descuentos ante los centenares de aviones sin vender. Muchos de los cientos de aviones aparcados, especialmente los más viejos o ineficientes, serán desguazados. La mayoría de los trabajadores de aerolíneas se han quedado sin trabajo o han aceptado fuertes reducciones de salario, en medio de ayudas públicas temporales para sus sueldos.
Por otro lado, la esperanza de una recuperación cercana gracias a las vacunas y a los ‘pasaportes covid’ ha animado a multitud de nuevas aerolíneas a comenzar a volar. Ya son 16 las nuevas aerolíneas que han realizado su despegue, y cerca de 90, la mayoría con fondos ya asegurados, tienen previsto comenzar sus operaciones a lo largo de 2021.
EE.UU. sería uno de los países donde más lanzamientos habrá, un país gigante con una red de trenes muy deficiente. Las aerolíneas emergentes también están apareciendo en Europa, América del Sur, África y Asia.
Algunas están emergiendo de las cenizas de las aerolíneas que fracasaron durante la pandemia. Otras han estado esperando que los viajes aéreos muestren signos de recuperación para poder activar planes que ya estaban en marcha. La mayoría espera poder aprovechar la oportunidad de comprar o alquilar aviones con grandes descuentos, ocupar el codiciado espacio en aeropuertos que alguna vez estuvieron congestionados y, en algunos casos, contratar pilotos y asistentes de vuelo despedidos .
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