Guerra en Aerolíneas Argentinas: la dirección aprovecha la cuarentena para modificar parcial o totalmente los convenios colectivos
Jueves, 27 Agosto 2020

Guerra en Aerolíneas Argentinas: la dirección aprovecha la cuarentena para modificar parcial o totalmente los convenios colectivos

Es evidente que el estado de excepción por la cuarentena le ha servido al Gobierno argentino para avanzar con muchos temas que en otras circunstancias hubieran sido difícil de digerir por la ciudadanía. Como entreabrir las cárceles, intentar reformar la justicia, bajar las jubilaciones, suprimir libertades individuales, etc. Lo que nadie había imaginado era que también habría de servir para voltear los mil veces criticados convenios colectivos de los sindicatos que intervienen en Aerolíneas Argentinas, especialmente los de vuelo. Una serie de condiciones especiales – para muchos “privilegios” – que los gremios han defendido con uñas y dientes a lo largo de la historia.

 

Un dato no menor es que las negociaciones, si se las puede llamar así, se producen ahora, cuando están suspendidos los vuelos por lo que los gremialistas no pueden recurrir a medidas de fuerza. Aquellas, que muchas veces sirvieron para presionar y obtener ventajas y beneficios que fueron engrosando los actuales convenios hasta convertirlos en pesadas cargas para las finanzas de la compañía.

Pero sin duda la conmoción más grande para los gremios fue comprobar que quien lleva adelante esta embestida, que no tiene precedente aunque muchas administraciones lo pensaron pero no se atrevieron, son las actuales autoridades de la empresa, a las que recibieron con elogios y aplausos en diciembre de 2019, y a este gobierno con el cuál la mayoría de los gremialistas están alineados. Para encontrar algún antecedente hay que remontarse al gobierno de Raúl Alfonsín que se enfrentó con los pilotos en una pulseada – en la superficie un reclamo salarial, en el fondo la privatización de Austral- que el gobierno ganó luego de soportar 35 días de paro, aunque después de semejante triunfo fueron escasos los réditos que los administradores obtuvieron.

LA SEGUNDA GUERRA

El capítulo actual comenzó a escribirse este viernes cuando Pablo Ceriani, CEO de Aerolíneas, convocó a APLA – Pablo Biró asistió acompañado por la Comisión Directiva en pleno más los delegados, posiblemente como una forma de diluir su responsabilidad – para recibir la novedad de que se caían los convenios y que además las condiciones para operar pasarían a ser reguladas por la ANAC, tomando las normativas que la FAA (Federal Aviation Administration) de Estados Unidos aplica a los pilotos de ese país. Al diablo, con una serie de “benéficos”, o en algunos casos “privilegios”, que encarecen los costos de la compañía.

Los invitados interpretaron el anuncio como que “se quedaban sin convenio”, lo que fue visto por APLA como una declaración de guerra, al punto que un delegado – según relató un testigo – le preguntó desafiante al CEO qué estaban haciendo ellos, a su vez, para salvar la empresa. La respuesta, dubitativa de Ceriani según relataron, no fue más que una suma de ideas viejas y la confirmación de que no existe un plan.

Este lunes el gremio convocado fue el de los tripulantes de cabina, la AAA, otro de los grandes afectados. APTA, UPSA y APA, que serían los que menos tienen para ceder, afirman no haber sido convocados ni recibido propuesta alguna. Los de vuelo – los que mayor poder de fuego tienen por su capacidad para parar la operación – aparecen por la cantidad de puntos convencionales como los que más van a perder.

También por supuesto los que más “contribuyen” al rojo de la compañía. Un cálculo rápido advierte que la masa salarial de Aerolíneas asciende a los U$S 600 millones al año. De ese total, el 25% se destina a los pilotos pese a que estos representan el 12% de la dotación total de la compañía. Los tripulantes de cabina, a su vez, representan el 22% de los empleados pero absorben un 24% de la masa salarial. Quiere decir que, entre pilotos y auxiliares de abordo, se concentra casi el 50% de los fondos destinar a los recursos humanos de la compañía, es decir unos U$S 300 millones al año. Según versiones, la modificación total o parcial de las convenios colectivos permitirían un ahorro del 30%, es decir unos U$S 90 millones al año. Cifra para nada despreciable, pero insignificante frente a los mil millones de pérdidas previstos para este año.

La estrategia de la empresa es firmar lo antes posibles los “nuevos convenios”. La de los gremios, dilatar lo más posible la disputa para recuperar poder de fuego, y exigirle a Ceriani un plan de negocios para la compañía que compense el “sacrificio” de los asalariados. Plan que, para muchos en la empresa, directamente no existe.

¿Qué pasa si los gremios se niegan a firmar?

Pues habrá “reducciones”, les advirtieron a los gremios…

Portal de América - Fuente: Aviación News

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