Primero fue Isela Costantini, una experimentada ejecutiva profesional ex General Motor, con un fuerte perfil dialoguista y para nada confrontativa. Su estilo podría resumirse en una pregunta cuando le traían un problema: “¿y vos cómo lo harías?” Los gremios, que comenzaron atacándola, terminaron lamentando su partida, aunque poco hicieron para cuidarla.
Luego le tocó el turno al ex Techint Mario Dell ‘Acqua que basó su gestión en bajar el déficit. Un año y medio estuvo hablando de solo U$S 90 millones de subsidios para el 2018 y cero para el 2019. Cuando se evidenció que estos no iban a ser los números -especialmente por el incremento en el precio del petróleo- se le buscó otro destino dentro de la actual administración. Los U$S 90 millones para el ejercicio 2018 se agotaron en mayo, por lo que hubo que recurrir al auxilio de U$S 30 millones previstos para Ferrocarriles. Las necesidades para julio-diciembre serían otros U$S 150 millones, parte de los cuales podrían llegar por la venta anticipada por promociones del último mes -aunque luego habrá que transportar a esos pasajeros-, el remate de los 6 pisos del edificio de Bouchard, la venta de dos B737-700 y de un terreno de 2 hectáreas sobre la Ricchieri y Camino de Cintura donde el delirante Antonio Mata -Grupo Marsans- había prometido levantar la “ciudad Aerolíneas Argentinas” que hoy corre el riesgo de ser usurpado.
Ahora llegó Luis Malvino, con antecedentes de duro y dispuesto a enfrentar a los gremios. Tres años, tres presidentes, tres estilos.
Pero al iniciarse la nueva gestión, una serie de nubes rojas en el radar avisan que se avecina una tormenta. Como con el resto de la economía, nadie quiere ceder un metro. Mucho menos tocar los convenios que a través de los años y los paros los gremios supieron conseguir. La oferta es: renovación de flota y mantenimiento de rutas a cambio de modificaciones en los convenios. Pero bajar los costos para enfrentar la competencia que se viene no es la única discusión en el horizonte.
Terminó la conciliación obligatoria dictada antes de las vacaciones de invierno y comienzan las discusiones paritarias, conflicto que se irá incrementando a medida que se acerca la temporada alta de fin de año. Los gremios saben jugar con los tiempos y pegar donde más duele. Aunque no les fue tan mal el año pasado, en particular comparado con otros gremios (obtuvieron un 17% que con las mejoras convencionales se estiró a un 24%, más la cláusula gatillo que se está aplicando, se llega a entre un 35% y un 38% de incremento) este año el pedido será de arranque del 40% para estirar la discusión hasta diciembre.
Se especula en el sector que el conflicto es funcional a las aspiraciones de los sindicalistas con ambiciones políticas/gremiales. Por ejemplo Pablo Biró (APLA), que quiere ser parte de la CGT unificada, o Edgardo Llanos (APA) que busca hacer méritos para consolidarse en la CTA que encabeza Hugo Yasky.
Portal de América - Fuente: Aviación News

