15 preguntas para aclarar el caos turístico balear
Domingo, 21 Agosto 2016

15 preguntas para aclarar el caos turístico balear

Baleares, especialmente Mallorca e Ibiza, están viviendo un verano caótico, con una presión turística sin precedentes, con protestas y quejas de los ecologistas, y con una confusión respecto a la dimensión, causas y consecuencias de esta saturación. Tras décadas de estabilidad, este ha sido el año de un nuevo boom que tiene particularidades nunca vistas. Como quiera que la confusión en torno de esta temporada es notable –en parte interesada, en parte provocada– estas son las quince preguntas y respuestas planteadas por preferente.com a qué sucede en el turismo balear hoy, por qué y cómo se puede reconducir.


1. ¿Qué está pasando con el turismo este verano? Simple: hay un exceso de demanda derivado fundamentalmente de la crisis relacionada con el radicalismo islámico y los temores que genera y que afecta especialmente a Turquía, aunque también a Egipto y Túnez. Eso ha devuelto a España y particularmente a Baleares todo el protagonismo del verano.
 
2. ¿Es negativo que haya tanta demanda turística? No, es una bendición. Todos los fabricantes de productos desean que la demanda se vuelva loca por lo que fabrican, porque eso permite hacer gestión de esa demanda. Y esa gestión se puede hacer de varias formas: aumentar la producción, que no siempre es posible o recomendable –Ferrari no fabrica más coches porque haya más demanda, por ejemplo–, subir los precios del producto para dar más exclusividad a lo que vendemos o ampliar la gama de productos con derivados que puedan satisfacer al cliente. En términos de turismo, esta es la gran ocasión de Baleares para vender su producto más caro, excluyendo de la demanda al turismo de peor calidad o, incluso ampliando hacia otros momentos del año.
 
3. ¿Qué ha hecho Baleares ante esta demanda? Permitir que entren en el mercado más de cien mil plazas nuevas –es una estimación, porque como todo es ilegal, no hay dato cierto alguno–, que están haciendo su agosto. En realidad es como si se hubieran permitido miles y miles de hoteleros más. Como si, porque Zara funciona, todos en casa pudiéramos vender ropa. Como si cada uno pudiera acoger un turista para darle de comer, como si fuéramos restaurantes. Esto es lo que ha pasado con la eclosión de las viviendas vacacionales.
 
4. ¿Cómo se han permitido esas cien mil plazas nuevas? En realidad, cuando no hay quien gobierne, esto ni se permite ni se deja de permitir: simplemente ha ocurrido que todo particular que quiere, comercializa su piso, el de sus familiares, su casa de campo o de la costa, a precios de oro. Sin permisos, sin control y sobre todo, sin fiscalidad. La ley de la selva, ante la ausencia de gobierno. Miles de personas van de casa en casa ofreciéndose para comecializarlas, sin control alguno.
 
5. ¿No son los hoteleros los que ofrecen más plazas? No, no se han permitido más plazas de hotel, porque estas están estrictamente reguladas. Más o menos, desde hace quince años tenemos unas 420 mil plazas oficiales hoteleras. Sin embargo, muchos hoteleros que entendieron lo que estaba sucediendo, han entrado también en el mercado de la vivienda turística, aunque a título individual.
 
6. ¿Por qué hay tantos turistas más en nuestras calles? Porque les estamos ofreciendo tantas camas más de alojamiento. Ningún turista viene si no tiene donde dormir, salvo algún caso marginal. Pero Baleares ha disparado su oferta de plazas y por eso viajan, porque tienen donde dormir.
 
7. ¿Este auge ha pillado por sorpresa al sector del turismo? No, hace ya tres o cuatro años que es evidente el potencial de crecimiento del turismo de vivienda vacacional. Es cierto que es un campo muy difícil de controlar, pero también es cierto que Baleares es de las pocas regiones en las que no se ha hecho literalmente nada para poner ni orden ni control.
 
8. ¿El Govern Balear no vio venir este aluvión de viajeros? Sí que lo vio, y de hecho los ecologistas han venido llamando la atención del Govern sobre el peligro de que ocurriera lo que ha terminado por suceder. Pero el Govern tiene dos pre-juicios que le condicionan: por un lado, temor a perder el voto de los propietarios de pisos pero, sobre todo, siente repugnancia hacia el hotelero, que nunca ha sido su amigo y al que cree que así puede hacerle daño.
 
9. ¿No caben más turistas en Baleares? El problema no es sólo de número, sino de recursos para atender a tanto visitante –agua, electricidad, infraestructuras y, en algunos casos, hasta espacio– y, en segundo lugar, de incomodidad para mantener una calidad de vida aceptable para los demás ciudadanos. Probablemente caben más turistas en invierno, porque eso no supondría ni un hotel más. Y probablemente la afluencia de este verano sería mucho más soportable si hubiera una gestión de los flujos de viajeros.
 
10. ¿Es recomendable tanto turista? Definitivamente, es recomendable que haya tanta demanda turística, porque eso permite jugar con precios al alza. En cambio, ampliar el número de plazas en proporción al crecimiento de visitantes, como estamos haciendo, es más bien descabellado, sobre todo si esas plazas ni crean puestos de empleo ni pagan impuestos.
 
11. ¿Qué significa la campaña turismo sostenible que hace el Govern? Es un disparate, porque un turista es, por definición, alguien que causa impacto ambiental. No hay turistas buenos, que no usan luz eléctrica, no generan basura, no usan el agua, y otros malos e insostenibles, que nos perjudican. Lo que ocurre es que, como el asunto ha desbordado a un Govern que no existe, no han tenido mejor idea que lanzar una campaña a favor del turista sostenible, que no se sabe cómo se diferencia del no sostenible.
 
12. ¿Por qué estos turistas adicionales no pagan impuestos? Se ponga como se ponga la Administración, el control de la fiscalidad sólo es eficaz cuando los propios contribuyentes ofrecen datos cruzados a la autoridad. En el caso de los inquilinos de estos pisos, es imposible el control porque a nadie le interesa ofrecer información. Tampoco al turista, al que no le sirve para nada advertir a Hacienda. En cambio, un inquilino nacional tiene interés en declarar su alquiler a Hacienda porque le rebaja su cuota. Y un mayorista que contrata con un hotelero tiene interés en recuperar el IVA, por lo que ofrece su información, cruzable con la del hotel.
 
13. ¿Cómo se puede controlar este fenómeno? No es fácil con una Administración inoperante. Hemos de pensar que después de decenas y decenas de denuncias sobre ilegalidad en los bares de Magalluf descubrimos que el establecimiento protagonista del vídeo del mamading llevaba años sin ser inspeccionado; o que treinta años después de declararle la guerra, nuestras autoridades no han sido capaces de erradicar ni a los ticketeros, ni a los vendedores ambulantes, ni a los trileros. Sin embargo, para empezar a actuar contra las viviendas vacacionales sería necesario tener una legislación para saber qué normas han de cumplir; tener un registro y ser capaz de vigilar algo. Pese a ello, será difícil de poner coto, por su propia naturaleza.
 
14. ¿Puede servir de algo el control aeroportuario? Por el Govern circula la idea disparatada de pedir que Aena controle esta invasión de turistas. Es una idea alocada, como tantas otras que se les ocurre a indocumentados. Una persona que compra un billete de avión porque tiene alojamiento tiene derecho a ir a donde le parezca sin que el aeropuerto pueda hacer nada. Ni siquiera puede hacer nada si volaran sin donde alojarse. Aena tampoco puede impedir a una aerolínea operar entre dos ciudades. El aeropuerto es, a estos efectos, neutro. El problema será, en todo caso, que Baleares ofrece más plazas para pernoctar.
 
15. ¿Pasará lo mismo en el futuro? Puede que sí, si seguimos teniendo tanta demanda. Pero, en cambio, si esta cayera, los problemas pueden acumularse porque habría que bajar precios: mientras los hoteles tienen un límite en su capacidad para bajar precios –hay nóminas inevitables que pagar– las viviendas vacacionales pueden reducir sus ingresos tanto como quieran, porque sus costes son marginales cuando los hay. Esto sería letal para nuestra economía porque significaría haber reemplazado un modelo que generaba empleo por otro que no. Esto, sin embargo, hoy queda lejos.

 

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