“No devaluaremos” significa decir que todo está bien
Martes, 07 Octubre 2014
La fiebre es el aumento temporal en la temperatura del cuerpo, en respuesta a alguna enfermedad o padecimiento…La fiebre es una parte importante de las defensas del cuerpo contra la infección (Medline Plus).
por Luis Alejandro Rizzi, desde Buenos Aires
Como se ve, hay un nivel de fiebre normal, lo malo es cuando la fiebre evade el límite de lo normal. Traigo a cuento esta comparación para reflexionar sobre las “devaluaciones”.
Como su nombre lo indica, devaluar la moneda significa disminuir su valor con relación a alguna otra moneda que es considerada como un verdadero “resguardo de valor”.
La fiebre que afecta a la moneda es por su “pérdida de valor” y aparece cuando la emisión de moneda, es decir su oferta, excede a la demanda del sistema económico.
La fiebre de la economía es lo que llamamos inflación, que se traduce en la suba constante de los precios porque precisamente se pierde la relación entre cantidad de dinero y producción.
Pero también indica que el sistema económico o político económico del que depende está enfermo con más o menos gravedad.
Si las autoridades económicas dicen que no se va a devaluar, nos están diciendo que el sistema político y económico funciona bien y que los “males” que padece son leves. Por el contrario, si devalúan están reconociendo que el sistema económico está enfermo y ello generalmente es consecuencia de más de una enfermedad que también puede ser política.
La cantidad de moneda y por ende su valor real no depende de la voluntad de un funcionario, sino que es una relación entre ella y lo que produce una determinado sociedad. Diría que la oferta de dinero se relaciona con la oferta de bienes y servicios y políticamente con la institucionalidad.
El banco Central es el que debe cuidad esa relación.
La ley de Gresham de mitad del siglo XVI decía que la moneda mala expulsa a la buena ya que la gente atesorará esta última moneda. En cierto modo la ley seria al revés, la moneda buena, como reserva de valor, expulsa a la mala que se gasta de inmediato ya que su pérdida de valor real es constante y por tanto la gente le huye como ocurre con el peso argentino.
En las sociedades con orden institucional y economía ordenada, como Chile y Perú, la gente ahorra en la moneda local teniendo la libertad para ahorrar en otra moneda. No hay necesidad de controlar el mercado de cambios o establecer “cepos” por parte de los gobiernos que impidan la compra de la “buena moneda”, que en el caso argentino sería el dólar estadounidense.
La “inflación” o “fiebre” del sistema económico nos alerta sobre su funcionamiento.
Es cierto, es difícil establecer cuál sería la “inflación” normal o temperatura normal del sistema, si prefieren.
Eso, como ocurre con cada organismo, dependerá de cada caso concreto. Pero no hay duda que cuando la inflación alcanza un determinado nivel, está señalando una o más anomalías.
Para Brasil un nivel de inflación del 6% anual, que sería envidiable para Argentina, podría hacer caer al gobierno de Dilma Rousseff en el ballotage del próximo 26 de octubre.
Que en la Argentina hay inflación, basta con repasar las magnitudes con la que varían los precios y los incrementos salariales, que en este año no bajaron del 28%. Las tarifas aéreas aumentaron el 25% en lo que va de este año, las naftas aumentaron un 44% y acumula el 60% en los últimos 12 meses, las tarifas del ferrocarril Sarmiento aumentaron días pasados casi un 90%, algunas facturas de gas llegaron con aumentos que superaron el 600%. Según consultoras privadas la inflación de este año podría oscilar entre el 35 y 40%.
No podemos dudar que en Argentina hay inflación, además de que está distorsionada la relación de precios.
Frente a estos hechos ¿es razonable decir “no devaluaremos”?
Es negar la enfermedad, porque esas variaciones de precios no pueden calificarse como “normales”.
Claro, la cuestión no pasa solo por “no devaluar”, que en los hechos implica esconder la cabeza, sino en tratar los males que afectan al funcionamiento de la economía y al sistema político y el esencial parece ser el gasto público no financiable o financiable únicamente mediante emisión monetaria.
Si el exceso de gasto se financiara con endeudamiento, el efecto sería el mismo, aunque durante unos años viviríamos anestesiados, como ocurrió durante los años de la convertibilidad.
Pues bien, las primeras declaraciones del nuevo presidente del Banco Central resultan alarmantes, ya que al decir que no devaluarán nos está diciendo que no hay problemas graves. Seguramente en algún momento nos dirá que la Reserva Federal emitió dólares a lo pavote y no hubo inflación en los EEUU y por lo tanto la inflación aumenta por decisión de los privados a los que ahora habrá que recontracontrolar…para que dejen de aumentar los precios mientras se siguen batiendo récords de emisión.
Lo cierto es que por ahora se seguirá subsidiando el turismo emisivo de los que tienen más dinero. Aerolíneas Argentinas en su página web nos dice: “Disfrutá las tarifas más baratas que ofrece Aerolíneas Argentinas y conocé el destino nacional o internacional que vos quieras. Descubrí algunos de los increíbles destinos de Argentina como Bariloche, Córdoba, El Calafate, Mendoza, Iguazú, Ushuaia, Mar del Plata y alguno de nuestros destinos internacionales como Barcelona, Roma, Río de Janeiro, Santiago de Chile, Miami, Nueva York. ¡Elegí tu destino, tu vuelo y Aerolíneas Argentinas te lleva!”
Y le faltaría agregar: total no nos importa perder dinero porque el estado cubre nuestras pérdidas.
Alguna vez Willie Walsh dijo “Crecer es muy fácil en el negocio aeronáutico pero hacerlo ganando dinero es complicado”, sería bueno que Mariano Recalde se entere…
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