De turismo en Corea del Norte: tensión en la frontera y karaoke en Pyongyang
Jueves, 24 Octubre 2013

Entre el 2 y el 6 de octubre, la periodista Fernanda Morena, que vive en Beijing, viajó a Corea del Norte y, a través de su diario de viaje, nos cuenta sus impresiones sobre el régimen más cerrado del mundo.

Hay tan solo un puente sobre el río Yalu, que separa a Dandong Sinuiju, en Corea del Norte. El viaje en tren comienza con un recorrido de cinco minutos hacia la aduana norcoreana. Allí, el tren se detiene por dos horas, donde nos revisan a mí y a los 47 chinos que viajan conmigo. A ninguno de los extranjeros a camino de Pyongyang se les permite abandonar los dormitorios del tren – seis en cada uno, repartidos por tres vagones.

 

Distintas aldeas aparecen a lo largo de las seis horas de viaje hasta Pyongyang Foto: Fernanda Morena / Especial para Terra Distintas aldeas aparecen a lo largo de las seis horas de viaje hasta Pyongyang Foto: Fernanda Morena / Especial para Terra

 

Inspección policial

 

Los policías militares norcoreanos llegan para hacer la inspección. Este es nuestro primero contacto con la policía local – y las decenas de historias de horror contadas y leídas por mí sobre el rigor de la seguridad que rondan los pasillos del tren. Mientras nos concentramos en el formulario de ingreso en el país, tratando de entender lo que está escrito en chino y coreano, discutimos si debemos o no declarar nuestras cámaras, dispositivos GPS, teléfonos celulares, dinero (y en qué moneda), armas, medicamentos, publicaciones (de cualquier tipo).

 

Quien examina el dormitorio que comparto con otras cinco personas es una policía. Bien vestida, lleva tacones, joyas y maquillaje. Sonriendo, me pide, en chino, que dejemos la habitación para que inspeccione el equipaje, uno por uno. Lo que tengo de más subversivo es una revista de Vogue. Mira atenta las páginas con una sonrisa difícil de descifrar: ¿sería curiosidad, interés o reproche? "Piaoliang", me dice ("lindo", en chino).

 

El procedimiento tarda dos horas. Mientras tanto, nos quedamos dentro del tren observando a Sinuiju. Decenas de soldados armados y trabajadores van y vienen sobre los rieles. No podemos dejar el carro o hacer fotos por la ventana durante el viaje hasta Pyongyang, que lleva seis horas.

 

Los agricultores trabajan bajo la vigilancia de los guardias Foto: Fernanda Morena / Especial para Terra Los agricultores trabajan bajo la vigilancia de los guardias Foto: Fernanda Morena / Especial para Terra

 

Abierta al turismo

 

Desde la crisis de los misiles en febrero de este año, las sanciones económicas contra Corea del Norte afectan aún más al pobre país. Ni siquiera China, su aliado histórico, la ayudó, sino que votó a favor de las sanciones. Sólo sobrevivió el turismo, una industria que encabeza el plan económico de Kim Jong-un. Este año, el país estará abierto por primera vez para los extranjeros en diciembre y enero. A finales de 2013, más de un centenar de habitaciones estarán disponibles en el Ryugyong Hotel, el edificio más alto de la capital de Corea del Norte, y docenas de tiendas estarán disponibles para los extranjeros.

 

No podemos hablar con los locales ni mucho menos con figuras oficiales del gobierno

 

Gran parte de la clientela proviene de China. La empresa china que nos llevó (a un costo de unos 780 dólares) mantiene excursiones diarias durante todo el año. El fin de semana que viajamos coincidió con la Semana Dorada y trasladó al mayor grupo de chinos del año: en total, 350 personas aprovecharon las vacaciones de siete días para visitar el país vecino.

 

En el interior del tren intercambiamos anécdotas sobre Corea del Norte y lo que ya habíamos oído hablar sobre el lejano país. El paisaje que bordea las vías es, de acuerdo con mis compañeros de viaje, similar a la de China hace 30 años. Tomado por la agricultura y por una aparente pobreza (el país todavía está luchando contra una agricultura débil que mató, en la década de 1990, a más de un millón de personas debido a la hambruna, según UNICEF). Aparte de las pequeñas aldeas y algunos edificios y casas, el recorrido es tomado por montañas cubiertas de tonos de verde y amarillo en sepia.

 

Noche de karaoke

 

"Calle en la entrada de nuestro hotel; es lo más lejos que pude llegar" Foto: Fernanda Morena / Especial para Terra "Calle en la entrada de nuestro hotel; es lo más lejos que pude llegar" Foto: Fernanda Morena / Especial para Terra

 

Después de las largas horas en el tren, nuestros dos guías, el Sr. Kim y la Srta. Zhou, nos reciben en la estación central. Kim es quien acompaña a nuestro pequeño trío de occidentales: un amigo franco-portugués, un inglés que conocimos en el viaje y yo. No podemos hablar con los locales ni mucho menos con figuras oficiales del gobierno, por lo que el Sr. Kim se convierte en nuestro interlocutor.

 

Desde la estación seguimos al hotel a Yanggakdo, ubicado en la isla llamada así porque tiene la forma de un cuerno de oveja (yanggakdo, en coreano). En la habitación (muy cómoda y con el televisor transmitiendo la programación china), veo a una Pyongyang mucho más iluminada de lo que imaginaba. En lugar de la oscuridad total, destacan algunos edificios adornados por un neón con los colores del arco iris.

 

Después de la cena, nos fuimos a dar un paseo por el hotel. La calle que conduce a la salida está vigilada por un guardia de seguridad que, al vernos llegar a la línea limite, nos manda regresar con un ademán. Nos volvimos al hotel y fuimos al karaoke - un programa tan famoso en Pyongyang como en el resto de Asia. Nosotros tres somos los únicos ocupantes de la habitación, y la canción que suena es ininteligible. Nos sentamos a ver el menú musical y la señora que se ocupa del establecimiento pone una serie de canciones en inglés para animarnos: Dancing Queen, Barbie Girl, One More Time, algo de los Backstreet Boys que no reconozco. En la televisión, las letras de las canciones aparecen sobre imágenes de Pyongyang.

 

Un grupo de norcoreanos en uniforme militar entra en el karaoke, pero pronto se va. Pasamos dos horas cantando con los chinos que llegaron más tarde. Nuestra primera noche en Pyongyang parecía una noche cualquiera en China."

 

Terra

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