Con la luz del día, fue un trámite salir del parking del "edificio blanco" y a los pocos metros tomar por la 41, el Causeway que nos depositaría en el Biscayne Boulevard para, girando a la izquierda llegar a la Quinta Avenida Norte y entrar a la zona portuaria para ubicar la terminal E, desde donde partiría el Imagination a las 4 PM. Faltaban veinte minutos para la una cuando estacionamos en el parking ubicado en frente a la entrada de la terminal y nos presentamos al check in.
Absoluta mayoría de pasajeros de nacionalidad norteamericana y un gran número de ellos, afroamericanos. Un denominador común, muchos grupos de diversa índole: de iglesias, de colegios, de empresas,otros compuestos por familias muy grandes.
Antes de ingresar al edificio nos indicaron que despachásemos las maletas a pocos metros de la entrada. Nos preguntaron la cabina, colocaron un marbete en las mismas y nos quedamos esperando el cupón correspondiente, nunca llegó.
Completado el registro recibimos una tarjeta que sirve como llave del camarote y como tarjeta de crédito o débito (como se quiera definir, dado que al ingreso se deja un voucher firmado de una tarjeta internacional) y en la misma la indicación del salón comedor: el Pride, en el Atlantic Deck (piso o cubierta 8) y la aclaración, "exclusivamente para la cena". Nos enteraríamos recién el lunes, poco antes de atracar en el Puerto de Miami de regreso, que también se podía desayunar allí, además de información errónea al ingresar, 9 de cada 10 anuncios por altoparlantes eran en inglés, el norteamericano, el que a mi personalmente me cuesta mucho entender, imaginen lo que me producía escucharlo así, no entendía nada. Por suerte mi esposa me acompañaba y me traducía.
Buscamos el camarote, el E20, en la cubierta 7, en el centro de la nave, afortunadamente cabina interna (ya sabrán el porqué). Las maletas aún no habían llegado. La noche anterior (luego de 10 días de all inclusive) habíamos apenas saboreado una pizza que trajo un delivery al hotel como a las 2 AM y esa mañana, además del mate, solamente habíamos tomado un café, por lo tanto, subimos hasta la cubierta 10, atravesamos la piscina (vacía) y nos dirigimos al Horizon Bar & Grill, el que funciona con varias islas donde se ofrece un variado buffet. Las bebidas incluidas son: agua, jugos de fruta sintéticos y café.
Una gaseosa cuesta algo más de dos dólares, una cerveza alrededor de 5 de los verdes; un whisky o un cóctel cerca de los 9 y los vinos empiezan por los 20 dólares...
El barco amarrado, sin otra actividad inmediata, mucho apetito, comimos como se hace en esas circunstancias, demasiado. Habíamos dormido escasas tres horas y con el estómago lleno y la pesadez resultante, se imponía una buena siesta y allá fuimos. Nos disponíamos a iniciarla cuando fuimos "obligados" a partiicipar del simulacro de emergencia, realizado de un modo muy elemental y por supuesto, en inglés. Al menos aprendí la ruta de escape y como llegar al lugar de los botes salvavidas.
Serían las seis de la tarde cuando me despertó la voz de mi esposa al teléfono, pidiendo "pastillas para el mareo" y al tomar contacto con la realidad la sensación que tuve fue muy desagradable, el barco se movía mucho y cuando me levanté para ir al baño, me descompuse de inmediato y le devolví la comida a la compañía, no me quedé con nada.
Recién habíamos iniciado un crucero de fin de semana y no pudimos salir del camarote hasta la mañana siguiente.
Cuando lo hicimos, supimos que se había variado el itinerario y en vez de llegar esa mañana a Nassau, pasaríamos la jornada en alta mar dado que el puerto de la capital de Bahamas estaba cerrado..., también nos enteramos que la jornada anterior los pasajeros anduvieron vomitando por los puentes y bailando al ritmo de las olas por todo el barco.
La idea de tomar sol en cubierta fue abortada por el cielo encapotado y el viento fuerte, entonces decidimos después de almorzar, de modo más frugal obviamente, ir al sitio de Internet. Preguntamos varias veces y la respuesta siempre era la misma: "la primera hora U$S 3,95" y luego hay varios modos de contratar el servicio de acuerdo a la duración, de lo contrario, se paga U$S 0,75, el minuto..., o sea, U$S 45 la hora, o sea, lo que nos facturaron por la única columna escrita desde allí Cuando los verdes mandan (click aquí) por la que pagamos más de 34 dólares, más los 3,95 que para nada, incluían una hora...
Esa noche, por primera vez en todo el viaje me puse pantalones largos, camisa, zapatos y saco y Yoselin vestido de noche y tacos. Fuimos al Pride. Dos decepciones juntas. Vimos gente de bermudas, calzado deportivo y hasta a un chino con pantalones largos, campera y ojotas y debimos hacer fila para ingresar, una fila tediosa, extensa, impropia de un viaje de placer.
Es muy difícil sabemos, hoy en día argumentar a favor de la vestimenta formal para la noche en un crucero o en un hotel de categoría, seguramente seremos tildados de antiguos o conservadores pero, nadie nos privará del siguiente comentario: la informalidad escamotea parte del disfrute de los sentidos. Por primera vez desde que abordamos, tuvimos un rato de placer verdadero. Excelente atención, exquisita comida y un buen vino chileno se hicieron cargo de brindárnoslo.
Un rato de música, otro de casino y a dormir para disfrutar Nassau con las pilas cargadas....¡disfrutar Nassau!!, andáaaa!!!
Habíamos averiguado por las excursiones en tierra y no nos convenció ninguna a pesar que tenían precios bastante accesibles. Resolvimos movernos por nuestra cuenta, la idea era hacer playa en Nassau...
El viento es el recuerdo imborrable que guardamos de la capital bahameña, además del susto que nos dieron apenas bajamos del barco. Luego de una larga caminata bordeando los muelles de amarre, salimos del edificio portuario y nos encontramos con un ordenado desorden de gente y vehículos al grito de ¡tours!, !transfers!!, y distintas cifras en dólares vociferadas cada vez en tono más alto.
Caminábamos saliendo del predio portuario cuando un moreno enorme se situó a mi izquierda y comenzó a hablarme en voz alta y yo seguía caminando sin prestarle atención y con mi mano izquierda haciendo señas que no me interesaba nada de lo que me dijera. Obviamente creí que era alguien que me ofrecía algún servicio, hasta que en determinado momento, el hombre en un tono exasperado y señalándose un brazalete que tenía puesto, el cual tapaba parcialmente la manga de su camisa alborotada por el viento, se paró interceptándome el paso al grito de ¡Listen to me a minute¡¡ y fue allí cuando lo ví en detalle...un revólver de un grueso calibre en la cintura, casi dos metros y una cara de enojado que metía miedo de verdad. El asunto era que llevábamos el carry on (con tohallas, muda de ropa, etc.) y debíamos pasar por aduana, adonde nos envió de inmediato, como corresponde, custodiados por un uniformado...
Pasamos la revisación en una oficina en la que tuvimos que ubicar a la funcionaria para que nos colocara un adhesivo, el cual seguramente fue mal puesto pues a los pocos metros ¡se nos había caído!! sin que nos diésemos cuenta. Logramos ganar las calles de la ciudad con el corazón en la boca por si nos veía de nuevo el amigo del brazalete y el (por el susto) calibre 45. Caminamos menos de los veinte minutos que nos dijeron para llegar a la playa de Junakanoo, recorriendo las calles del centro de la ciudad, observando el tránsito por la izquierda bien británico, siempre soportando el fuerte viento que ponía de mal humor.
Llegar a la playa fue la gran decepción. La huella del Sandy estaba latente y se trabajaba para recuperar el estado normal de las fanosas y paradísiacas playas bahameñas.
Casi sin hablarlo, con mi esposa comenzamos a caminar de regreso al barco. Tuvimos un rato de sol en cubierta, un rato.
Si se nos hubiese advertido las condiciones en las que íbamos a hacer el crucero, seguramente no hubiésemos embarcado. Por diferentes motivos, un crucero era una asignatura pendiente para mi esposa y para mi. Me habían invitado en varias oportunidades y por diversas razones nunca pude aceptar. Estuve a bordo de muchos cruceros a lo largo de mi vida, en el mismo puerto de Miami, embarcando pasajeros, en el de Montevideo o en el de Punta del Este, invitado a almorzar o a alguna presentación o lanzamiento, pero nunca habia navegado en otra cosa que no fueran los ferrys de Colonia, los veleros de las islas tropicales, distintos ferries en diversos cruces, en diversos puntos del mapa mundi o en el legendario Vapor de la Carrera. Nunca había sufrido tanto, nunca había pasado tan mal. El Carnival Imagination que zarpó el 26 de octubre desde Miami a Bahamas, no debería haber partido. Hay veces que la banca debe perder para seguir creyendo en el juego.
Portal de América - por Sergio Antonio Herrera, de su viaje a México y Estados Unidos (y a Bahamas).
Reporte de viaje (4). A Bahamas en un crucero que no debió salir
Lunes, 26 Noviembre 2012
Veníamos del sol, la hospitalidad y la calma en su dimensión real, cuando en apenas una hora veinte de vuelo, nos metimos de lleno en el lado opuesto. La llegada a Miami un jueves de noche, para embarcar en el crucero que salía el viernes por la tarde, ya la relatamos como bastante estresante. Al llegar a Miami Beach, el viento movía el coche de modo inusual y nos miramos con mi esposa, preguntándonos sin hablar si era la cola del Sandy o el propio huracán el que soplaba. El conserje del Days Inn Oceanside es uruguayo ("me trajeron siendo un pibe antes que asumiera la presidencia el General Gestido") y ya en la mañana del viernes le pedimos que nos comunicara con Carnival Cruises. "¿Quiere saber si sale el barco?, ahórrese la llamada, vaya al puerto, el crucero sale, la tormenta ya pasó, el huracán ya pasó por Bahamas y se dirige al norte, lo esperan el lunes por Nueva York".

