Reporte de viaje (3). Miami, uno de mis destinos favoritos
Domingo, 18 Noviembre 2012

En el Biscayne Boulevard En el Biscayne Boulevard
Me pasa cada vez que llego a esta inmensa puerta de América Latina y el Caribe (¿o no lo es?), se me enciende un motor interno que funciona a pura adrenalina y no puedo parar aunque esta vez, la llegada  fue quasi caótica. El avión de American Airlines aterrizó a las 9.20 PM local y recién salimos del imponente aeropuerto internacional a las 11.05 PM y eso no fue lo peor, llegamos al hotel Days Inn Oceanside en Collins y la 43 de Miami Beach pasadas la 1 AM del día siguiente. No, no paramos a cenar, no, no fuimos a visitar a ningún amigo. Habían pasado 14 años de la última de las tantas veces que había llegado aquí y como bien se sabe, si en una autopista equivocas la salida, "sos boleta" y me pasó como tres veces. La "cola" del Sandy estaba presente y cuando llegamos a la playa, el viento soplaba "salado" y muchas de las calles estaban inundadas. Hay que contar las perdidas también ¿no?.


Cuando llegamos a embarcar al aeropuerto de Carrasco maldije hasta en turco, el carry on que llevaba como equipaje de mano tenía trancada la parte extensible desde donde uno lo agarra para llevarlo rodando...de inmediato pensé en los "kilómetros" que me esperaban caminar en el Miami Airport cargándolo "como antes". Y fue así, no sé cual es la causa pero en este aeropuerto cada vez queda más lejos el área de migraciones y aduana de la manga. Pero ahí no terminaba la peripecia, teníamos que llegar a la oficina de Thrifty a retirar el coche que le habíamos alquilado en Montevideo a Walter Reyes quien en verdad, nos hizo una tarifa de amigos a la ya ventajosa que tienen para el público en general (si no recuerdo mal no llega a 170 dólares semanales con todo incluido). Optamos por alquilar antes un carrito para el equipaje (5 dólares) y caminamos y caminamos, hasta llegar al hall de arribos y allí, con la mirada comenzamos a buscar el logo de la rentadora y nada...

Le preguntamos a un recepcionista de esos que están con el cartelito esperando pasajeros para trasladarlos y en un notorio portugués agringado nos explicó que debíamos subir en un elevador que estaba tras unas grandes escaleras hasta el tercer piso y luego tomar el monorriel...¿monorriel?.

Si, monorriel y cuando llegamos, se nos representó el RCC, Rental Car Center, cual una plaza de comidas de un centro comercial pero, mucho más grande y en vez de  restaurantes  y demás opciones, oficinas de las rentadoras como vemos en la imagen.

Luego de un perfecto asesoramiento y de (al menos personalmente) ser la primera vez que no me hacen el verso que justo no tienen el coche pedido y ofrecer uno de categoría superior (no me digan que nunca les pasó) y tampoco aparecer ningún nuevo seguro que debíamos pagar. Terminamos el trámite dejando un cupón de la tarjeta de crédito "por si las moscas" o por si las multas y dijimos que no, a lo único "extra" que nos ofrecieron, un GPS...¿por qué dije que no????.

Fuimos a buscar el coche, haciéndonos a la idea que nos darían un compacto de los habituales, cuando la vimos....juro que no es un chivo pago de KIA, pero fue tan grato tener una Soul de esa marca (y roja, como en el cuento de gallegos, que son las mejores) que nos hizo disfrutar aún más la estadía. Claro, a partir del día siguiente porque esa noche del arribo fue fatal. Sabíamos que teníamos que buscar Le Jeune, que luego se convertía en la 112 y de esa forma entrar en el Causeway que sale a la 41, o sea, a menos de dos cuadras del hotel que íbamos.

Luego de varias detenciones en varias gasolineras y preguntar, logramos llegar por la 79 a la Collins (si, por la 79) y cuando pretendimos doblar a la derecha, recordamos que es doble vía apenas por South Beach y que después de la 20 es una mano hacia el norte. Cruzamos la Collins y no había salida, retornamos, la volvimos a cruzar y ahí, si viramos hacia el sur para llegar al hotel, un buen establecimiento con una atención que deja mucho que desear, como por ejemplo, que tuvimos que "bajarsubir" el equipaje del coche a través de la escalera que sí o sí hay que sortear para ingresar al lobby porque a esa hora, el conserje nocturno es una mujer y ni amagó a involucrarse en la maniobra (ay! la igualdad de género...)y la respuesta que temíamos llegó apenas preguntamos adónde estacionábamos: "ese edificio blanco en frente es un parking".

Pagamos más de estacionamiento que de alquiler de auto durante la estadía. Más de 20 dólares diarios en el "edificio blanco"(qué bruto negocio!! cinco pisos más la azotea repletos!!!). 6 dólares las dos horas en el Biscayne Boulevard frente al Bayside o 5 o 6 dólares por el día en los parkings públicos del Downtown, porque en la playa, edificio blanco or nothing...

Al día siguiente a nuestra llegada, procedentes de México, nos fuimos a Bahamas en el Imagination de Carnival, saliendo un viernes y regresando el lunes, pero ese, sera el reporte número 4 y el final de este viaje, el cual publicaremos próximamente.

La Flagler sigue siendo una calle muy especial donde hay también, precios tentadores. A Miami hay que llegar con tarjetas de hierro en vez de las de plástico. Se encuentra de todo y a precios que invitan a comprar a tiempo completo.

Sawgrass Mills sigue siendo una tentación con outlets de las principales marcas marquetineras por excelencia.

Brickell Avenue está cada día más alta y más luminosa y en este viaje no tuvimos tiempo disponible para "dar la vuelta del perro" como cada vez, y  nos quedó para la próxima volver a Boca Ratón, Fort Lauderdale, West Palm Beach y más cerca Coral Gables, Coconut Grove o La Pequeña Habana.

Pero si nos hicimos tiempo para ir al Bayside que para mi, es uno de esos lugares que me resulta imposible dejar de visitar cuando llego a esta ciudad, porque además de haber sido una especie de oasis, en una etapa nada grata que me tocó vivir por esas tierras hace unos cuantos años, está siempre hermoso con su elegante mezcla de plaza comercial, gastronómica y puerto de yates y pequeños cruceros para el turismo.

Volvimos a saborear el bistec empanizado (nuestras milanesas) con fritas y mixta, en el Latino, restaurante cubano con vista al mar. Mismo plato para dos, un refresco, una cerveza, postres y café, por 51 dólares.

A pocos metros de allí, enfrente del Hard Rock Café (al que un huracán le llevó la guitarra), está The Knife, "argentinian steak house", adonde fuimos una noche con nuestro sobrino Fernán y se come muy bien con el sistema de buffet para entradas, ensaladas y postres y tenedor libre de parrilla, atendida por un porteño de Lanús donde no falta nada. La cuenta para tres cubiertos, con varias cervezas y refrescos fue de 89 dólares y la factura vino con tres propuestas de propinas que si mal no recordamos empezaba con un 15% y terminaba con un 20 largo. Pocas cosas nos incomodan tanto como que nos impongan algo y la propina, no escapa a esa tirria. No nos caracterizamos por ser tacaños pero nos pareció que dejar 10 dólares estaba más que bien, mentalmente lo tradujimos a pesos y comprobamos que jamás habíamos dejado en una circunstancia parecida, en Uruguay, 200 pesos de propina. Cuando nos retirábamos del local el mozo, también argentino nos preguntó si había habido algún problema, le dijimos que no y le preguntamos el porqué de su interrogante "por la propina, porque es menos del mínimo" nos dijo. Salíamos con la idea de regresar, no lo hicimos. Conocemos todos los argumentos acerca de este tema, sencillamente no los compartimos.

Con Luis Arocena, Roberto Stella y Fernán Torres en Los Parrilleros, en Doral

Como siempre, llegar a la Florida es propicio para el reencuentro con amigos y este viaje no fue la excepción y para ello, combinamos con Luis Arocena, ex SITA, ex Ladeco, encontrarnos en Los Parrilleros, en la 109 por Doral y allá fuimos. En el anterior viaje en 1998,  también habíamos ido a cenar con Luis pero en aquella oportunidad a otro restaurante uruguayo, el Zuperpollo en  Coral Gables, lamentablemente recientemente cerrado y allí habíamos reencontrado a otro gran amigo ex funcionario de la Agencia Marítima Repremar, Roberto Stella quien era uno de los mozos cantores del lugar, interpretando muy buenos tangos. Apenas entramos al local, donde se come muy bien con precios accesibles y muy buenos vinos, volvimos a ver a Roberto y a compartir muy gratos momentos aunque para escucharlo cantar, hay que ir los jueves que es el día de show.

Para hacer el mismo trayecto que la noche de la llegada nos llevó dos horas largas, pusimos 15 minutos pero, como hay obras en los accesos al aeropuerto (alguna excusa hay que poner), volvimos a errar el camino hacia el Rental Car Center pero esta vez, con la luz del día como aliada, corregimos de inmediato y  llegamos al área de devoluciones donde con un aparato se hace un chequeo total en minutos y se expide un ticket con el resultado. Volvimos a alquilar otro carrito de 5 dólares para iniciar otro maratónico traslado hasta el Concourse H, donde debíamos hacer el check in en Copa Airlines para vía Panamá, embarcar a Montevideo y compartir el desayuno con otro gran amigo residente en esta ciudad, Daniel Romagnoli, ex representante del Lloyd Aéreo Boliviano en Uruguay y de Buquebus en la Florida.

Como nos ocurre cuando partimos de cada lugar que visitamos, Dios mediante pensamos retornar pronto porque además que nos gusta mucho como lugar, siempre pasamos muy bien. Eso si, ojalá no vuelva a ser dentro de otros 14 años.

Próxima nota: Reporte de viaje (4). A Bahamas en un crucero que no debió salir

Portal de América - por Sergio Antonio Herrera, de su viaje a México y Estados Unidos.








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