Ginebra, ocho personajes en busca de ciudad
Lunes, 26 Diciembre 2011

Ginebra, ocho personajes en busca de ciudad

La urbe suiza, con una de las mayores calidades de vida del mundo, ha sido (y es) el refugio de 'celebrities' de lo más dispar. Desde Sissi o Borges, que murieron aquí, a Mary Shelley, que dio a luz a Frankenstein a orillas del lago Lemán. Sin olvidar a los residentes 'fiscales', tipo Schumacher o Yoko Ono.

por Isabel García

Los rankings la sitúan entre las ciudades con mayor calidad de vida del mundo... aunque también entre las más caras. Que en sus calles se codeen firmas como Gucci, Chopard o Rolex permiten hacerse una idea del nivelazo. Sea como sea, Ginebra ha atraído desde siempre historias de toda ralea. Así, cual Pirandello, nos quedamos con estos ocho personajes en busca de ciudad.

1. Los últimos días de Sissi

La idea era coger un barco hasta la cercana Montreux después de pasar la noche en el ya entonces espectacular hotel Beau-Rivage, en la margen derecha del lago Lemán. La emperatriz Isabel de Austria (o la cinematográfica Sissi: 1837-1898) apenas dio unos pasos, los suficientes para subir a la nave. Entonces, el vestido enrojeció. El encontronazo con aquel italiano un rato antes no había sido tan fortuito, sino que llegó en forma de puñalada, aunque ella ni se dio cuenta. No tardó mucho en morir y, hoy, el Beau Rivage luce una suite en su honor y una vitrina en la tercera planta con sus guantes, un pañuelo, una pluma y el registro de su última noche. Justo enfrente, emerge un busto suyo y, unos metros más allá, en el Hôtel de la Paix, una placa conmemorativa de su visita.

2. El corsé de Calvino

No nació en Ginebra, pero a Juan Calvino (1509-1564) se le identifica irremediablemente con la ciudad suiza por propulsar desde allí el férreo corsé de la Reforma protestante, ya fuese encarcelando a sacerdotes católicos, multando a quien luciera ropa indecente o excomulgando a cualquier aficionado al juego o al baile. Dentro de la catedral de San Pablo, hoy puede verse la llamada silla de Calvino, desde la que predicaba. Su huella sigue en el Museo Internacional de la Reforma y en el Muro de los Reformadores, de cinco metros de altura y con su efigie tallada junto a la de otros tres líderes del movimiento religioso.

3. Buscando a Borges

A la tumba número 735. Allí, en el cementerio de Plainpalais, acuden propios y extraños en busca de la memoria de Jorge Luis Borges (1899-1986), quien no sólo murió en Ginebra sino que también pasó parte de su adolescencia en esta ciudad. En el Colegio Calvino, en concreto. Y en la céntrica plaza de Bourg de Four, donde su familia vivió un tiempo. Por algo llegó a decir que «de todas las ciudades del mundo, de todas las patrias íntimas, de todo lo que un hombre busca en el corazón de sus viajes, Ginebra es el lugar más propicio para vivir». No en vano, su último año lo pasó en la Grand Rue, 28, donde una placa muestra la cita. Lo hizo rodeado de anticuarios, galerías, perfumerías y cafés con solera reconvertidos ahora en puntos in. Busque también la calle con su nombre.

4. Miguel Servet, entre llamas

Fue el mismo Calvino el que acusó de hereje a Miguel Servet (1511-1553), teólogo aragonés cargado de polémica por sus teorías religiosas, incluida la negación de la Santísima Trinidad. El caso es que sus huesos fueron a parar a las llamas en la colina de Champel ginebrina. Trescientos cincuenta años después, la propia Iglesia protestante admitió que quizá Calvino había cometido algún que otro error con Servet. Un monolito en la escena del crimen da fe pública de la disculpa. El científico antes había sido encarcelado en la Torre de la Place du Molard, en pleno centro, y donde ahora, cada noche, se iluminan sus adoquines en cada idioma de la ONU.

5. Lord Byron y el origen de Frankenstein

Era verano (el de 1816), pero parecía invierno. De ahí que no les apeteciera salir de aquella impresionante mansión a orillas del lago Lemán, Villa Diodati, todavía en pie. Pero las horas se hacían demasiado largas y Lord Byron, el poeta y su dueño, propuso un pasatiempo: que cada uno de los presentes se inventara una historia de terror. Entre los invitados estaba ella, la escritora Mary Shelley, que aquella lluviosa noche dio a luz a su particular criatura, Frankenstein. O, al menos, el germen de lo que sería después. Huelga decir que el relato de Shelley, que sólo contaba 19 años, ganó, inaugurando, para muchos, el género de ciencia-ficción.

6. Entre Voltaire y Rousseau

Otro que tampoco nació aquí, pero que hizo de Ginebra su centro neurálgico fue Voltaire (1694-1778), que se enfrentó, eso sí, a las ideas calvinistas. Su huella permanece en la que fuera su casa, hoy convertida en museo dedicado al estudio de su vida y obra. Está en rue des Délices, 25. Una vez más, hay una calle con su nombre. La historia se repite con Jean-Jacques Rousseau, que sí nació en Ginebra (1712-1778). A la calle se suma incluso una isla en su honor entre las orillas del Ródano, muy cerca del puente Mont Blanc. En medio, sobresale una estatua suya en bronce. Quien quiera descubrir la modesta casa en la que nació, puede acercarse al barrio de Saint-Gervais. Mucha más solemne es la Grand Rue, donde se ubica el Espacio Rousseau, centrado en su figura.

7. La polémica cúpula de Barceló

Más de 35.000 litros de pintura se usaron para dar vida a la original cúpula-cueva que decora el techo de la sala XX del Palacio de Naciones, sede europea de la ONU. Su autor fue el artista mallorquín Miquel Barceló, que con su diseño a modo de estalactitas multicolor pretendió crear «una metáfora del mundo que plasmara la voluntad española de defensa de la paz, los derechos humanos y el multilateralismo». Sus buenas intenciones pronto se envolvieron de polémica, ya que parte de los 20 millones de euros que costaron las obras se financiaron con fondos de ayuda al desarrollo.

8. Tarifa plana (fiscal) para famosos

Ginebra es un vergel para los fervientes fans del chocolate, las compras (caras), los relojes (más caros todavía) o la fondue. Pero también para aquellos famosos con cifras abultadas que no quieren rendir demasiadas cuentas a sus Haciendas natales. De ahí que su residencia la establezcan en el país helvético por aquello de la tarifa plana fiscal. Y en Ginebra y alrededores, en concreto. Es el pan de cada día de celebrities como Céline Dion, Tina Turner, Phil Collins, Michael Schumacher, Yoko Ono, Charlie Chaplin o el dueño de Ikea, Ingvar Kamprad, el más rico de los que se asientan por estos lares. En el terreno patrio han pasado por allí Carlos Moyá o Fernando Alonso, aunque éste ya ha vuelto a Oviedo.

Portal de América - Fuente: www.ocholeguas.com

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