En casa de Papá Noel
Domingo, 25 Diciembre 2011

En casa de Papá Noel

Entre galletas de jengibre, paseos en trineo y encuentros con renos transcurre una jornada navideña en la morada lapona del barbudo viejecito. Allí, los duendes se dedican al bateo de oro durante el verano para, después, transformarlo en Barbies surferas o raudos Rayos McQueen.

por Isabel García

Lo primero que se ve es el puente de trazos amarillos culebreando entre la nieve hasta desembocar casi, casi en la puerta de la casa. Eso sí, el río, a estas alturas del año, no es más que un gigantesco bloque de hielo que invita a patinar o a reptar con el trineo ladera abajo. La culpa la tienen los -10 grados que cubren el ambiente. Pero de allí (y, en especial, de las pepitas de oro que asoman en verano) surge todo: la Barbie amazonas, enfermera o surfera, el último modelo del raudo Rayo McQueen, el disfraz de Dora la exploradora o la máquina para crear pegatinas de Bob Esponja.

Los artífices de la transformación del metal precioso en codiciado objeto de deseo infantil no son otros que los duendes que conviven con Papá Noel. Textual. Por algo estamos en una de las moradas laponas del fondón viejecito. Ésta en concreto, una acogedora cabaña de madera en tonos rojiblancos, se encuentra a apenas 15 minutos en coche (o en autobús: hay ruta especial navideña; moto de nieve, trineo de huskies...) de Saariselkä, una de las escasas poblaciones que salpican la región finlandesa más blanca y septentrional. Allí, los elfos batean en agosto para dar vida a millones de juguetes gracias a una receta mágica secreta con varios siglos a sus espaldas.

Es más, todo el que recala por estos lares en estas fechas puede visitar la fragua del duende Smith, encargado de capitanear la hazaña. Aun así, el que ostenta el récord de recogida de la mayor pepita de oro es el duente Räyha, que encontró una de más de 30 gramos. Él mismo lo cuenta. A unos pasos se levanta la torre de vigilancia, de unos 10 metros de alto, tonos rosados y curioso diseño curvilíneo, también al alcance del visitante y donde nunca falta algún elfo diligente oteando el horizonte. El recorrido guiado por el universo Papá Noel sigue con un parada (con chocolate caliente y galletas de jengibre de por medio) en el acogedor salón de la cabaña de madera rojiblanca, con chimenea en el centro y fotografías de Mr. Santa y señora repartidas por la estancia.

De vuelta a la calle, es el propio Papá Noel el que guía al viajero hasta el corral de renos. Es la hora del almuerzo y toca darles la comida. Quien lo prefiera puede darse un paseo en un trineo tirado por ellos. O acercarse hasta la kota (típica tienda lapona en forma triangular) transparente, en la que se ha instalado un Belén. Algo más allá surge el renovado restaurante, con capacidad para 250 personas y en el que se puede degustar un suculento menú navideño con salmón a la parrilla como principal reclamo. Tranquilos, el buzón para entregar la carta a Papá Noel y compañía no anda lejos.

Portal de América - Fuente: www.ocholeguas.com

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