Viaje al corazón del mundo maya
Lunes, 12 Diciembre 2011

Viaje al corazón del mundo maya

A espaldas de la civilización, en las riberas del venerado lago Atitlán de Guatemala, se ubican no menos de doce coloridos pueblos mayas que requieren una visita sosegada. Los recorremos.

por Francisco López-Seivane

Cuando uno llega a Sololá, punto crucial entre la tierra caliente y la tierra fría de la alta meseta, puede estar seguro de haber alcanzado el corazón del mundo maya. No hay ni un solo turista en el colorido mercado de los viernes, donde muchos indígenas ni siquiera hablan español. Aquello es un auténtico mercado local, en el que los indios mercadean y se aprovisionan de espaldas a una civilización que no parece interesarles demasiado.

Toda la vida del altiplano guatemalteco gira alrededor del lago Atitlán, el más hermoso del mundo, según reza en los folletos turísticos. Panajachel -Pana, para los iniciados- es la pequeña capital turística de la región. Con sus cinco mil habitantes, está asentada en la única plataforma de tierra que se aprecia entre las dramáticas laderas de las montañas que circundan el lago, entre las que sobresale la imagen mayestática de los tres colosales volcanes que dominan el paisaje, el Tolimán, el Atitlán y el San Pedro.

La calle principal de Pana es una larga sucesión de tiendas, cafeterías, restaurantes y todo tipo de negocios turísticos que administran los ladinos o los gringos, mientras los mayas se arraciman en las pequeñas aldeas circundantes y traen cada día sus productos de artesanía para venderlos a los turistas. En cierto modo, Pana recuerda a la antigua Ibiza de los hippies. Numerosos extranjeros se han instalado en el pueblo, atraídos por la belleza del paisaje, el clima benigno y la vida fácil. Trapichean con cualquier cosa, se dejan crecer el pelo y la barba y forman una tribu característica y colorida que da cierto carácter al lugar.

Pero el más importante centro de la vida maya en el altiplano es, sin duda, Chichicastenago, que ya fuera capital del Quiché, la amplia región donde vivía la más poderosa de las naciones mayas cuando llegaron los españoles. Quiché quiere decir tierra de bosques y lo mismo significa en lengua nuatle Quauhtlemallan, vocablo del que se deriva Guatemala. A nadie puede extrañarle el nombre cuando ha transitado por esta bendita tierra y admirado los numerosos bosques que cubren su accidenta orografía.

El remanso de Atitlán

En las riveras del lago Atitlán se ubican no menos de doce coloridos pueblos mayas, que requieren una visita sosegada. Santago Atitlán, justo frente a Panajachel, a menos de una hora en lancha, se encuentra al borde de un remanso, apretada entre los poderosos conos del Tolimán y el San Pedro. Ahí viven los mayas Tz'utuhil a su manera tradicional. Poco a poco, uno va aprendiendo que cada pueblo viste unos colores y unos tejidos característicos que les sirven para proclamar su estirpe. El pueblo maya es mucho más dado a los gestos que a las palabras. Así, cuando un hombre regresa a casa abrumado por el peso de alguna preocupación, coloca su sombrero ladeado de tal forma que los demás saben que no está el horno para bollos y respetan su silencio. Las mujeres, en cambio, cuando no desean hablar, se anudan la falda a la izquierda.

El interior de la Iglesia de Santiago, en lo alto de una empinada pendiente, ofrece una muestra clara del sincretismo alcanzado entre el cristianismo y los ritos mayas. El altar que preside su gran nave central está flanqueado por otros dos altares menores. En uno de los altares laterales, me llama la atención un grupo de mujeres mirando en silencio a otra que, arrodillada ante el sagrario, impetra favores en voz alta con entonación teatral. Cuando termina, otra toma su lugar y comienza una nueva y sentida retahíla de jaculatorias y peticiones. Me dicen que esta forma de oración/interpretación es muy tradicional en la zona y encierra numerosos rituales. Así, las que no han recibido los favores pedidos en su última visita, sólo hincan una rodilla como muestra de su enojo con el Altísimo.

Uno podría pasarse meses aprendiendo cosas sobre esta cultura fascinante que ya sedujo a los conquistadores. La sabiduría ancestral del pueblo maya está muy presente todavía en la vida cotidiana de los indígenas, para nada contaminada por el progreso.

Portal de América - Fuente: www.ocholeguas.com

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