por Martín Burbridge
En la historia de la humanidad, es frecuente que los cambios políticos, económicos y sociales se hayan ido dando a través de procesos que demandaron su tiempo. Pero también existen algunos hechos puntuales que, por el impacto que causaron en su momento, por sí solos dispararon algunos de estos procesos de transformación. El atentado a las Torres Gemelas de 2001 marcó un antes y un después desde el punto de vista político, así como la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008 se convirtió en un momento bisagra para la historia económica contemporánea.
Y es este "momento Lehman" (como se pasó a llamar la caída del banco de inversión y su enorme impacto en el sistema financiero internacional) que se teme vuelva a repetirse en Europa, donde muchas entidades se encuentran muy expuestas a la crisis de la deuda soberana de Grecia y Portugal principalmente, y de España e Italia en menor medida. Hay hoy entre los líderes europeos la sensación de que el incendio desatado por el riesgo de default de las deudas griega y portuguesa se está extendiendo rápidamente a sus mayores acreedores. Y que estas entidades podrían colapsar muy rápido bajo un efecto dominó si finalmente Grecia tira la toalla y escribe la crónica de su default anunciado.
Si en los últimos meses los líderes europeos navegaban de reunión en reunión cabildeando sobre qué hacer para parar la hemorragia, ahora la situación de peligro real se está tornando muy próxima, puesto que en los últimos días el banco franco-belga Dexia mostró señales de que podría convertirse en el Lehman europeo. Con una cartera tóxica de u$s 127.000 millones y una participación estatal de ambos gobiernos derivada de la crisis de 2008, cuando tuvieron que rescatarlo con u$s 10.000 millones para que no quebrara, todas las opciones se están evaluando para evitar su desaparición.
Pero Dexia también abre la caja de Pandora respecto de qué hacer con el resto de entidades expuestas. En líneas generales, los bancos franceses están más comprometidos con la deuda griega que sus colegas alemanes. Pero las entidades españolas también sufren por lo que pueda pasar con Portugal, donde han invertido masivamente. Como sostuvo la semana pasada Olli Rehn, comisario europeo de Asuntos Económicos, "se está produciendo una reacción en cadena en la industria financiera. Ya hay signos de un contagio aparente de los problemas entre las entidades".
Por eso se está hablando muy intensamente sobre la posibilidad de proceder a una recapitalización. Pero el problema es que ya no se puede echar mano alegremente de los dineros públicos como se hizo en 2008, cuando comenzó la crisis financiera. Ahora las restricciones presupuestarias son mucho mayores dentro de la zona euro.
Sin ir más lejos, no hay unanimidad de criterio en el núcleo duro de la UE. Los franceses quieren avanzar hacia la recapitalización rápida a través del Fondo Europeo de Estabilización Financiera, mientras que los alemanes prefieren que cada país se haga cargo de aportar los fondos. Y además, tampoco hay consenso a la hora de definir si conviene recapitalizar a todos o dar la señal de que, al igual que con Lehman, alguno va a caer para que los otros sepan a qué atenerse.
Encima, en la visión de los analistas, todavía no está dicha la última palabra y una caída al estilo Lehman podría hasta ser saludable para que operara como electroshock y forzara a todos a tomar las decisiones que se han venido postergando, como una política fiscal común. Como sostuvo Jim Reid, estratega del Deutsche Bank, "mi impresión es que la situación tiene que agravarse aún más para que la respuesta política esté realmente en línea con las expectativas de los mercados. Y los acontecimientos actuales nos acercan a este desenlace".
Portal de América - Fuente: www.cronista.com

