por Vicky Vilches
La cuestión de si Alberto de Mónaco se siente atraído por personas de su mismo sexo o por rubias con un inquietante parecido a su madre ha pasado a segundo plano. Ahora se trata de dilucidar si es un auténtico trendsetter capaz de anticipar tendencias cargadas de futuro. El reconocimiento público de que sus Altezas Serenísimas han pasado parte de su luna de miel en habitaciones -y hasta hoteles- separados ha creado cierta confusión en el mundo de la hostelería, que pensaba que tenía cubiertas todas las modalidades imaginables para procurar a las parejitas de recién casados una experiencia inolvidable.
Habitación con camas dobles.
Al extenso catálogo de posibilidades (tampoco estaría mal que alguien pensara en detalles distintos a llenar el lecho nupcial de pétalos todas las noches y poner en la mesilla dos copas de champagne) tal vez habría que añadir en un futuro una nueva opción. «Suite Grimaldi: cama King Size, spa propio, playa privada... y su pareja en la otra punta del resort».
Si el bolso Kelly se ha convertido en un must, quizá la Suite Grimaldi venga como anillo al dedo a las parejas libres de prejuicios, a los que se casan maduritos y se resisten a compartir almohada toda la noche, a los jóvenes más acostumbrados a las amistades de Facebook, a los que no pueden dormir por los ronquidos de su media naranja...
Cama compartida, pareja dividida
Esta nueva lectura de los postulados de Virgina Woolf quizá resulte un tanto sorprendente pero no es tan descabellada como parece. Según el Laboratorio del Sueño de la Universidad de Surrey, la cama de matrimonio es el principio del fin de la pareja con problemas para dormir y aconseja volver a la vieja y saludable costumbre de las camas separadas. Y si arrecian los ronquidos y sobra el espacio y los prejuicios, aún mejor dormir en habitaciones distintas. ¿También en la luna de miel? Quizás. Los problemas de las parejas no empiezan por la falta de contacto sino por el exceso de proximidad.
Con camas juntas o separadas, el lucrativo sector de los viajes de novios es uno de los que más ha evolucionado en los últimos años, impulsado por los importantes cambios sociales y los nuevos estilos de vida. La lengua inglesa, ávida en reflejar lo que ocurre en la calle, ofrece un curioso catálogo de las variantes actuales de la tradicional luna de miel o honeymoon.
Family Moon: Una de las que goza de más auge. La luna de miel en familia está protagonizada por cónyuges con hijos de sus relaciones anteriores que deciden llevarse a sus respectivos retoños al viaje de novios para estrechar lazos de la nueva unidad familiar (si Alberto de Mónaco sugirió esta posibilidad, dada su peculiar prole, parece razonable que Charlene Wittstock diera la espantá en Niza).
Mini-moon: pequeña escapada de fin de semana que realizan los novios tras la boda, al no disponer de tiempo en ese momento para un viaje de mayor duración (esta opción la disfrutaron el Príncipe Guillermo y Kate Middleton, aunque más tarde se tomaron la revancha en Seychelles).
Money-moon: ingenioso juego de letras que apela a una suerte de luna de miel low cost, tendencia surgida en EEUU en estos años de recesión.
Baby-moon: viaje que realiza una pareja cuando ella se encuentra embarazada para disfrutar de una última escapada como parejita feliz antes de cambiar pañales.
Buddy-moon: viaje de novios al que los recién casados se llevan a sus mejores amigos, en plan pandilla.
El nuevo filón para agencias de viajes y hoteles es la tendencia de juntar la ceremonia y la luna de miel en un único paquete, por lo general a celebrar en algún lugar exótico, distante y soleado como Bali o el Caribe, y llevar un nutrido grupo de familiares y amigos al doble jolgorio. Se calcula que en la actualidad, un 16 por ciento de los enlaces en Reino Unido se celebran ya fuera del país bajo esta modalidad. ¿Debería Canarias tomar nota?
Del armario al 'resort'
Y una última alegría para una de las costumbres sociales más compartidas por las diferentes culturas: al tren de la luna de miel se incorporan ahora nuevos viajeros. La legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo en el estado de Nueva York ha desatado la guerra entre destinos y hoteles por convertirse en un hot spot para estos románticos que salen del armario para entrar en los resorts.
Adorno de tarta nupcial.
Kura Hulanda, W y Orient Express -entre otros- cortejan ahora con ofertas, upgrades y todo tipo de detalles a los nuevos recién casados, una clientela con un gasto superior al turista medio y muy leal a aquellas cadenas en las que se sienten bien tratados. La buena noticia para el turismo patrio es la recomendación de muchas agencias de viajes de acudir a países, como España, donde estén legalizadas las parejas homosexuales.
Si los resorts de viajes de novios se rifan hoy a los recién casados del mismo sexo, no parece descabellado pensar que en dos décadas numerosos hoteles contarán con Suites Grimaldi.
Portal de América - Fuente: www.ocholeguas.com

