Huellas de Don Segundo Sombra
Sábado, 25 Junio 2011
La fama del personaje creado por Ricardo Güiraldes matiza una visita a la estancia El Paraje de Areco, una reliquia construida a mediados del siglo XIX.
Sentado en la estación de San Antonio de Areco , un hombre viste pilchas de gaucho. A su lado, el joven que lo acompaña se acomoda su coqueta boina color caqui. Comparten una mateada y observan el horizonte plano, mientras un micro de larga distancia llega y vuelve a partir. La escena es frecuente en estos pagos, donde hay varias opciones para pasar un día de campo o quedarse a pasar la noche.
A un kilómetro del legendario Puente Viejo, la estancia El Paraje de Areco conserva una casa de 1827 en medio de 28 hectáreas parquizadas. Al llegar, Isabel Aldao da la bienvenida y cuenta la historia del lugar. “El nombre original era El Tropezón y el lugar servía como parada de carruajes. Lo inauguré a fines de 2007 y convertí el viejo galpón en salón para eventos, con capacidad para 300 personas”, relata con entusiasmo la gerenciadora, mientras sus hijos montan a caballo.
Sin prisa, el día en la finca comienza a media mañana, con un mate o una taza de té. A pocos metros se ven un aljibe y un tanque australiano convertido en pileta. Al lado de la casa –con cuatro habitaciones para alojar a doce huéspedes en total–, un ombú brinda sombra con generosidad.
Según Aldao, el árbol estaría en pie desde hace más de doscientos años. Cuando todos pensaban que estaba muerto, otra vez empezó a mostrarse saludable. Basta con mirarlo de cerca, para notar las diferencias entre el tronco viejo y el nuevo, que crecen abrazados. En esa imagen, la dueña de casa encuentra semejanzas con algunas experiencias personales, de proyectos que terminaban y otros que nacían.
Al mediodía, una bandeja acerca empanadas fritas y luego choripanes, regados con gaseosas y buen vino. Luego llega el asado, que todos los visitantes comparten en la misma mesa. Para la tarde, se puede optar por una siesta en las reposeras o algunas de las actividades que Aldao y su equipo preparan para sus visitantes.
Las familias que llegan a los pagos de Areco pueden realizar cabalgatas, pasear en carro y disfrutar de shows folclóricos, además de demostraciones de doma. Los fines de semana se organizan peñas, animadas por grupos musicales locales.
“Me gusta mucho la unión entre el pueblo y el paraje. La gente puede llegar caminando o a caballo. Esto se llena de gente que baila folclore. Desde hace un tiempo, tengo la idea de organizar un festival folclórico”, se entusiasma Aldao, que ya tuvo la experiencia de preparar el Festival Areco Rock, al que acudieron 800 espectadores.
La merienda incluye pastelitos criollos, té o mate. Y a la hora de la cena se sirven platos gourmet, siempre bajo la atención de Isabel y de gauchos muy amables.
Por la noche, uno de los momentos más placenteros en El Paraje de Areco lo proporcionan los juegos de mesa o la lectura, sentado frente al hogar. La oscuridad se apodera de la tierra del escritor Ricardo Güiraldes y su Don Segundo Sombra. Al día siguiente se puede recorrer el circuito de artesanos arequeros (como plateros, sogueros, talabarteros y alfareros), que suelen abrir las puertas de sus casas-atelier. Es muy probable también reencontrar al hombre de la estación y su amigo, deleitándose con una mateada y esperando que el sol caiga sobre el lejano horizonte verde.
Portal de América - Fuente: www.clarin.com

