por Jacob Bernstein, Jesse Ellison, Newsweek
Muchos viajeros por negocios piensan en el sexo como una amenidad del hotel como el shampoo gratis o los chocolatines en las almohadas, y antes de que Strauss-Kahn enfrentase cargos por asaltar sexualmente a una limpiadora, la mayoría de los hoteles miraban para el otro lado. Ya no más. Después que un empresario egipcio fue sacado por la policía del lujoso hotel Pierre de Nueva York por presuntamente asaltar sexualmente a una limpiadora, el hotel anunció que le dará un botón de pánico a todos sus empleados. El Ritz-Carlton en Central Park está considerando hacer lo mismo. En tanto, el sindicato más grande de la industria hotelera está exigiendo que los empleados reciban entrenamiento para actuar en caso de acoso sexual.
Todo eso deja un poco temerosos a los viajeros por negocios que intentan discernir qué constituye un comportamiento aceptable. ¿Está bien cerrar la puerta mientras el muchacho del servicio de habitación prepara la mesa del desayuno? Contratar un masaje en la habitación, ¿podría hacer pensar al conserje que se anda buscando otro servicio? ¿Está bien, incluso, charlar con el botones en el ascensor? Quizás no, según una empleada del hotel Regency en Nueva York, quien dice que los pasajeros hombres a veces confunden su cortesía y sus sonrisas con coqueteo.
Y los hombres tienen tendencia a portarse mal cuando están en un viaje de negocios. Una encuesta de Newsweek/Daily Beast entre 400 hombres casados encontró que 21% admitió querer engañar a sus esposas cuando están en viaje de negocios y 8% lo hizo, en general repetidamente. Seis por ciento admitió haber tenido sexo en viajes de negocios. Dos por ciento tuvo relaciones con personal del hotel. Incluso si no están teniendo sexo, muchos hombres se sienten libre de pudores a juzgar por el 12% de los hombres casados que no están vestidos cuando reciben al personal del hotel en su habitación.
Ciertamente, hombres poderosos portándose mal en un hotel no es una novedad. La estrella de la NBA, Kobe Bryant, fue acusado de abusar de una empleada de 19 años en Eagle, Colorado, en 2003 (el caso fue resuelto fuera del tribunal). En 2006, el ex vicepresidente Al Gore fue acusado de toquetear y besar a una masajista en un hotel de Portland, Oregon.
La palabra oficial de los operadores es que ellos no aprueban el comportamiento inapropiado. Pero muchos viajeros de negocios saben que pueden conseguir cualquier actividad extracurricular que quieran sin necesidad de salir del hotel.
Es fácil entender por qué, en una industria donde el cliente siempre tiene la razón, los hoteles no pueden permitirse ser puritanos acerca de los "pecadillos" de sus pasajeros; especialmente los de aquellos ricos y poderosos que gastan miles de dólares por la noche en la suite presidencial.
Y en una era en que los pasajeros resentidos, legítimamente o no, pueden difundir su queja a millones de potenciales clientes en sitios web como TripAdvisor y Travelocity, los gerentes de hoteles hacen paros de mano si eso es lo que mantiene felices a los clientes.
Y así, los deseos de los pasajeros pueden ir contra casi todo, incluyendo la seguridad y la decencia básica. Una ama de llaves que pasó una década trabajando en un hotel de Beverly Hills en el que las habitaciones cuestan 2.200 dólares la noche, dice que intentó repetidamente reportar incidentes de acoso y que no recibió respuestas. Después que un cliente le tocó los senos, su supervisor le dijo que volviera a la habitación a terminar la limpieza.
"Hice lo que me dijeron", cuenta. Yasmin Vasquez, una madre soltera que trabajó en varios hoteles en todo Estados Unidos, recuerda como una compañera en un hotel de California fue asaltada sexualmente y cuando denunció el incidente a la gerencia la trataron de mentirosa. Está bien segura de por qué el incidente no fue tomado en serio. "Mi amiga no tenía papeles y el hotel sabía que era ilegal", dice Vasquez.
Un supervisor de seguridad de un importante resort en Las Vegas describe cómo se comporta la gerencia cuando trata con un caso de acoso sexual: "No somos la Policía. No queremos decir que algo es un crimen. A no ser que alguien quiera presentar cargos, evitamos llamar a la patrulla".
Pero ahora que toda la ropa sucia está saliendo a relucir, los gerentes de hotel y sus clientes están siendo forzados a limpiar su imagen, al menos por un rato.
Bo Dietl, una personalidad de la televisión y consultor en temas de seguridad de los ricos y famosos, dice que ahora está aconsejando a sus clientes evitar ,mientras viajan, cualquier situación que podría llegar a ser sexualmente inapropiada.
Portal de América - fuente: Suplemento Que Pasa, El País.

