Fútbol champagne. Cómo evitar el cóctel fatal para los jugadores: fama, fortuna y sexo fácil
Viernes, 06 Mayo 2011
El caso de Walter Busse, el juvenil víctima de las viudas negras, destapó un problema complejo: quién resguarda a jóvenes con pocas obligaciones y muchas tentaciones. Opinan dirigentes, futbolistas y periodistas deportivos. Qué es el “entrenamiento invisible”.
por Lucas Cremades
Fama, fortuna y sexo fácil.
En 2009, Walter Busse jugaba en Gimnasia y Esgrima de Jujuy, un equipo de la segunda división del fútbol argentino, a una hora de viaje de la casa de sus padres, en General Güemes, Salta. Nadie desmentiría que su máximo sueño era jugar en primera. Dos años después, Busse alcanzó la notoriedad pero por una jugada desafortunada, fuera de la cancha: fue desvalijado por tres “viudas negras” que le robaron hasta el perro, un regalo de su novia, que lo dejó.
El martes 26 de abril, Busse, de 24 años, hoy jugador de Independiente, y su hermano Luis llevaron a su mesa a tres atractivas mujeres en el casino de Puerto Madero. Eufóricos, los Busse pidieron champagne, el néctar preferido de los futbolistas. A la una de la mañana subieron a las chicas al Mini Cooper del jugador y las llevaron a su departamento en Caballito, donde siguieron tomando champagne. De lo que ocurrió después los hermanos no recuerdan nada. Las mujeres les colocaron un anestésico potente en las copas que los durmió durante más de doce horas. Al despertarse, vieron que las ninfas se habían llevado un televisor plasma de 32 pulgadas, una computadora, dos celulares, un iPad, dinero en efectivo, el perro sharpei y el auto, valuado en unos 35 mil dólares. Busse denunció en la Comisaría 12ª que el robo sucedió mientras estaba entrenando. Quería tapar un hecho que en el fútbol es moneda corriente: las salidas nocturnas. Horas después, su novia, Solange Rivas, desató un escándalo en la red social Twitter, diciendo la verdad: esa madrugada, Walter había marcado su número sin darse cuenta, y Solange pudo escuchar la voz de una mujer. “Que estúpida fui, por Dios!!!! cuántas de estas me hizo???? ME QUIERO MORIR”, twitteó Rivas.
El show mediático estaba servido. Pero detrás asoma el problema que enfrentan los clubes para orientar a chicos que de la noche a la mañana pasan a disponer de una cantidad de dinero soñada y ser el objeto de deseo de las botineras, sin más obligaciones que entrenar cuatro veces y jugar un partido por semana.
Un jugador que acaba de firmar su primer contrato en este 2011 cobra entre siete mil y quince mil pesos por mes. Mientras que un jugador con algunos años en primera puede cobrar un sueldo que va entre los diez mil, treinta mil y cuarenta mil dólares al mes.
Se vive como se juega. La frase ya es célebre. Pero si el amor a la pelota todo lo puede, si la sociedad idealiza a los futbolistas como seres privilegiados que ni siquiera cumplen con extensas jornadas laborales, ¿qué contención y cuidados deben tener los jóvenes de primera?
Para el psicoanalista especializado en deportes Esteban Colombo, el salto al profesionalismo ocurre “durante el periodo de la adolescencia del ser humano. Este proceso está signado por ambivalencias, dudas y cierta inestabilidad emocional. El futbolista lo vivencia como alentador y perturbador, porque se encuentra con responsabilidades y presiones no sólo propias o internas sino externas: de su entorno, el club, la familia, los representantes y el periodismo”, advierte.
“La vida que llevan los jóvenes que juegan sus primeros partidos es un tema complicado que debe ser tratado con mucha responsabilidad”, explica a Veintitrés el vicepresidente de Racing Club, Pablo Podestá. “Al hacer los primeros contratos, los representantes piden salarios muy altos. Y le inculcan al jugador que el club de fútbol es el enemigo, el que los va a explotar en el futuro. Pero antes de firmar, muchos de esos chicos eran carenciados. De repente se encuentran con mucha plata en el bolsillo. Ni siquiera saben cómo guardarla”, explica. Y cuenta qué hace el club para lidiar con ese cambio de escenario: “En todas las áreas del futbol infantil y de inferiores contamos con psicólogos, nutricionistas y asistentes sociales. Tratamos de educarlos con profesionalismo, pero lo que pasa después es parte de un debate permanente entre quienes dirigimos al club”.
Para el experimentado periodista Enrique Macaya Márquez, el origen del problema está en cómo ve la sociedad a los jugadores: “Son entelequias. Se acostumbra a verlos como seres que tienen muchos privilegios. Pero se olvidan que son seres humanos que no siempre tienen la capacidad para absorber la fama o las frustraciones. Y nunca se habla de los que quedan en el camino”, dice.
Las problemáticas sociales por las que atraviesan los futbolistas desde que son niños, evidencian o canalizan las muchas o pocas herramientas con las que contaron hasta ser parte de la elite. “El fútbol es dramático. Si servís, te pueden becar. O alimentan a toda la familia del jugador. En última instancia puede ser un capital importante para el futuro del club. Pero hay un interés, no se hace por misericordia”, aporta Macaya.
Gimnasia y Esgrima de La Plata lucha por no descender a la segunda categoría en medio de una crisis económica angustiante. A principios de mes, los directivos echaron al director técnico Ángel Cappa. En su lugar contrataron a un ex jugador del club, Hernán “el Indio” Ortiz. Sus primeras declaraciones clarifican la presión que reciben domingo a domingo los jóvenes: “Los jugadores de hoy necesitan tener un respaldo anímico. Es fundamental apuntar a que entrenen y se comprometan. Todos sabemos que el fútbol argentino está compuesto en su mayoría por chicos jóvenes”.
Los inicios de Carlos Tevez en la primera de Boca Juniors y su mediática aparición con la modelo y vedette Natalia Fassi le valieron al delantero más de un inconveniente con el resto del plantel de primera, que lo acusaba de no estar al ciento por ciento cuando el equipo de la Ribera atravesaba una crisis deportiva. Salvando distancias, el caso de Ariel Ortega, que desarrolló una enfermedad social como el alcoholismo desde sus comienzos en River hasta su paso por otros equipos de la Argentina, marca la incapacidad de los clubes de brindarle al jugador la contención necesaria para que el jujeño afrontara su adicción. “Durante el proceso de formación del deportista, es la institución o el club quien debiera funcionar como agente y garante en la contención social del sujeto. Cuando existen factores disfuncionales, pueden aparecer conductas errantes en los deportistas. Desde la psicología, estas conductas son analizadas como vías de escape o actings ante la imposibilidad de poder afrontar ciertas responsabilidades y presiones que son vivenciadas no sin gran monto de angustia por el sujeto”, agrega el licenciado Colombo.
Para Macaya Márquez, los clubes no son los únicos responsables: “Compiten desde los 7 años. A los 18 le dicen si le hacen o no el primer contrato. Son diez años dedicados con exclusividad a una esperanza. Si alcanzan cierta popularidad, deben saber manejarlo. Pero no creo que haya una vinculación directa, tipo causa y efecto, con el tiempo libre. Así como tampoco la tiene el delito con la vida fácil. Esta problemática viene de antes”, afirma el periodista.
El ex jugador y goleador Facundo Sava forma parte del selecto grupo de futbolistas que terminaron carreras universitarias después de dejar el fútbol. Psicólogo social, Sava opina que “hay una idea generalizada de que el jugador de fútbol trabaja a la mañana y después del mediodía no hace nada. La obligación de que estudien, de que tengan otras alternativas, debe salir de los educadores que tenga el club. Los jugadores de fútbol, entre concentraciones y pretemporadas, trabajan más de ocho horas por día. Así y todo, los días que se entrenan a la mañana les quedan todas las tardes libres. Y ahí deben descansar y saber alimentarse. Creo que es fundamental hacer algo alternativo: estudiar, hacer cursos, les permite conocer otro tipo de gente y relacionarse desde otro lugar. Te ayuda a pensar en otras cosas”. Sava es producto del modelo de club que Carlos Timoteo Griguol impuso en Ferro Carril Oeste durante los ’80. Y pondera las exigencias que Griguol impartía para que sus jugadores completaran los estudios o realizaran cursos de inglés durante el tiempo libre como condición para jugar en el primer equipo. “Hoy es normal que todos los clubes tengan psicólogos en las divisiones inferiores. En primera división aún hay resistencia, pero el 25 o el 30 por ciento de los jugadores se han tratado o se tratan.”
“Los clubes deben contener al jugador a través del líder, el director técnico”, asegura el periodista de Fox Sports Walter Safarián, y afirma que “el jugador argentino es muy profesional. Aunque no es lo mismo un adulto que un joven que puede sufrir algunas tentaciones propias de la fama. En su vida privada pueden hacer lo que quieran, pero ellos saben a lo que se exponen”. El periodista aporta un dato desconocido: el “entrenamiento invisible”, como le dicen los técnicos. “Para ellos es complicado controlarlos cuando no trabajan con el equipo, pero intentan concientizar a los jugadores de que deben entrenar en el gimnasio, alimentarse bien y descansar. Y si bien ya no hay DTs que contraten detectives para ver qué hacen los jugadores, siempre están informados de los movimientos que hacen fuera del horario de entrenamiento”.
Una semana después del robo, Busse se presentó a entrenar en Independiente. Pidió disculpas a los compañeros, directivos y simpatizantes del club. Al respecto, el presidente del club rojo, Julio Comparada, trató de comprender lo ocurrido: “Nos olvidamos que los jugadores son chicos y no actúan con la profesionalidad que uno les exige en un momento delicado del equipo. Pero esto es parte de la reacción de un adolescente. Deberá aprender de esta lección para no cometer errores de cara al futuro”, dijo.
El ex jugador de la selección nacional y actual comentarista de fútbol Diego Latorre amplía la perspectiva. “Hay un circuito nefasto donde el jugador es el oprimido o el salvador económico. Ingresan en una maquinaria difícil para el futbolista, que a veces no está preparado. La fantasía es que el que juega en primera es un privilegiado que vive de su profesión. Pero son pocos lo que llevan una vida digna en la corta carrera del futbolista”, admite, y agrega: “Hay muchas tentaciones y al jugador joven no le enseñaron a valorar lo que es el entorno del fútbol, ni el éxito derivado de esta profesión. El fútbol es una obligación y no una acción feliz. Los clubes deberían devolverle la educación y la formación que la sociedad le arrebató al chico para que sea futbolista”.
Detrás de los flashes y las luces estroboscópicas de los boliches de moda, hay un problema que no debería quedar en las sombras. El fútbol champagne no es sólo una burbuja.
Portal de américa - fuente: http://veintitres.elargentino.com/

