Al margen de ser una apuesta comercial y turística abierta a todo el público, se trata de una experiencia sensorial: se invita a tocar, oler y degustar el noble producto de la vid.
De esta manera un grupo de comerciantes privados y de productores viñateros se asociaron para invitar a los visitantes a vivir la experiencia de cosechar la uva y preparar vino artesanal.
El Rosel, una vieja casona que fue refaccionada para ofrecer servicio de hotelería campestre, con la dedicada guía Sandra Piazzi, fue quien mostró cómo es la propuesta que tiene para el turismo. Y es el dueño de casa, Elio Venturini, quien acompaña a los contingentes en sus recorridos por las viñas, con tijeras de podar, y cajones para recolectar uva Isabella, que en estos pagos se conoce como "chinche".
Se trata de una uva muy dulce y aromática que, aunque no tiene gran cualidad enológica, es el sello distintivo de Colonia Caroya, porque las primeras variedades las introdujeron los inmigrantes friulanos que llegaron a esta zona en 1878. El legítimo vino de Córdoba, el que hicieron famoso los colonos, se elabora con uva chinche.
"El objetivo de esta experiencia es mostrar cómo se transforma la uva en vino, con una demostración de molienda manual y también una pisada de la uva que también tiene historia dentro de la ciudad", segun comento Elio Venturini. La idea es seguir fomentando este tipo de visitas con un recorrido que incluye desayuno, visita a las quintas, recolección manual de la uva (en vendimia), pisada y degustación con una duracion de 5 horas.
fuente: hoteliernews.com.ar

