por Muriel Alarcón L.
Ralph Grizzle dice que este 2011 ha estado poco movido para él. Poco "navegado", habría que puntualizar. Recién comenzado el año, este periodista con dos décadas de experiencia reporteando todo tipo de cruceros en todos los destinos del mundo, reconocido y celebrado por sus artículos y ahora por su web Avid Cruiser (www.avidcruiser.com), lleva apenas tres barcos. Tres viajes en casi mes y medio. Nada. "Nada", se entiende, para un viajero empedernido que ya ni siquiera está muy seguro de cuántos cruceros ha hecho: ¿doscientos? ¿Doscientos cincuenta? Quizá. Podrían ser más, dice.
En rigor, Grizzle no es sólo un comentarista o crítico de barcos, sino un contador de historias que ocurren a bordo. Libreta en mano, cámara al hombro, Ralph escabulle a los huéspedes importantes y tiende a buscar historias entre los personajes anónimos, los viajeros comunes y corrientes, los trabajadores de los barcos. Con esas historias se ha ganado el reconocimiento del gremio periodístico, y ha recibido premios como el de la North American Travel Journalism Association, en 2007.
"No obtengo nada a cambio: ni comisiones ni compensación. Sólo disfruto informando a la gente", dice desde Suecia, donde vive, para luego puntualizar que a través de su web pretende que la gente tome decisiones informadas sobre sus vacaciones en crucero. Y para eso, explica, intenta mostrar la vida a bordo. "Soy un defensor de los consumidores", puntualiza, a minutos de partir a Estados Unidos.
A los 20 años, Grizzle partió su vida viajera de otra forma. Con mil dólares en el bolsillo, se lanzó a recorrer -en bicicleta y durante casi una década- Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda, Australia y gran parte de Europa. Todo para escapar de su natal Carolina del Norte. "Nunca más volví a mi casa de forma permanente", dice. Cerrado ese ciclo, estudió periodismo y, con 32 años, comenzó a viajar otra vez, como asistente de edición en la revista de la American Society of Travel Agent.
El rubro por el que se ha vuelto famoso, lo conoció no por ese trabajo, sino que durante su luna de miel: viajó de Monte Carlo a Estambul en un barco de la línea Royal Viking. "Era como el Rolls Royce de la industria de cruceros", dice sobre esta naviera.
Grizzle, ahora de 53 años, tiene una bitácora de barcos abrumadora. Desde la cubierta ha visto destinos tan diferentes como el río Ho Chi Minh, en Vietnam, desde donde siguió hasta Camboya (puede leer su versión de este recorrido en www.cruisingthemekong.com), Alaska, todas las costas de Europa y también Chile.
"Me aburrí de estar en un solo lugar", comenta, tratando de explicar este nomadismo. "Necesito el estímulo del movimiento y de los viajes. Puede ser un defecto de carácter, pero eso es lo que necesito".
Con toda su experiencia, el periodista tiene sus sitios favoritos para recorrer en barco -partiendo por el sur de Europa y zonas como Groenlandia, Noruega, Alaska o los fiordos del sur chileno-, y una visión bien formada de la gente que está viajando hoy en este tipo de barcos. "Hay gente de todas las clases sociales, porque las alternativas de barcos son muy variadas", dice y agrega que el estereotipo del viajero adinerado y mayor de edad está muy obsoleto. "La gente disfruta los cruceros porque andar en ellos es fácil: empacar y desempacar una sola vez; disfrutar de buena comida; habitaciones cómodas; bonitos paisajes. Desde tu balcón, incluso".
La clave, cree Grizzle, está en la diversificación: "hay cruceros de ultra-lujo, que funcionan como un hotel seis estrellas, si existiera tal cosa, y en el otro extremo hay cruceros como Hurtigruten, que en realidad es más una red de transbordadores que se comercializa como un crucero. Hurtigruten viaja por la costa noruega, y en él viajan mochileros y turistas por el día", dice.
Para Grizzle, las travesías trasatlánticas siguen siendo una de las experiencias más originales -a pesar de ser un formato que se remonta a más de un siglo-, porque "son muy nostálgicos", explica, pero sus favoritos a nivel personal son los barcos más pequeños, como el SeaDream Yacht Club (donde viajan poco más de 100 pasajeros y se puede dormir al aire libre), los de Silversea Cruises (que paran en puertos donde otros barcos no se detienen), y cruceros de río como los de AmaWaterways ("porque cruzan el corazón de Europa y permiten bajar en las mismas ciudades").
Según Grizzle, los cruceros ya han llegado a casi todas partes, y prácticamente no quedan nuevos destinos que pudieran sorprender a futuro. "Eso sí hay muchos y nuevos destinos pequeños", dice, y pone el ejemplo de Helsingborg, en Suecia, desde donde nos responde y al que ahora llegan algunos barcos de gran tamaño.
Eso sí, él tiene sus propios objetivos: "Me gustaría viajar en crucero a Spitsbergen: quiero ver osos polares", dice refiriéndose a esta isla dentro del círculo polar ártico.
Ralph escabulle a los huéspedes importantes y busca historias entre los personajes anónimos.
Según grizzle, casi no quedan destinos nuevos porque los cruceros han llegado a todas partes.
Los consejos del experto
* Los barcos pequeños son de gran valor: "Los barcos que transportan 800 o menos pasajeros son de gran valor, pues llegan a puertos que los más grandes no pueden alcanzar. Además, son como pequeñas ciudades y en ellos se llega a conocer a todos los que están a bordo".
* Reserve su próximo crucero estando en uno: "Las empresas saben que tienen un público cautivo cuando los pasajeros están a bordo, por lo que ofrecen incentivos para que reserve de inmediato su próximo viaje. Aproveche".
* Las cabinas con balcones son las mejores:
"Si disfruta de los paisajes, reserve una cabina con balcón. Yo, por lo menos, sólo necesité correr las cortinas para ver el sol amaneciendo en tonos pasteles en el archipiélago de Estocolmo, el paisaje de Kotor, en Montenegro, los glaciares en Alaska y los fiordos en Noruega".
* Antes y después de embarcarse: "Conozca y disfrute las ciudades donde su crucero comienza o termina, añadiendo una noche de hotel ahí. Así puede asegurarse que llegará a tiempo, previendo atrasos en los vuelos".
5 tips para navegar por menos
1. Compre con anticipación: para optar a mejores cabinas y a tarifas más económicas reserve con al menos 4 meses de anticipación (el ideal es 6, pero en la mayoría de las empresas puede programar sus viajes un año antes, o más). Si está pensando viajar a Europa durante julio, decídase ya.
2. Ofertas de último minuto: cuando todavía quedan espacios y el día del zarpe se acerca, algunas compañías rebajan sus tickets hasta en un 80 por ciento en algunos casos (esto sólo sucede en temporada baja, es decir, en el invierno del hemisferio norte). Pero es una apuesta arriesgada: estos boletos se venden con velocidad y es fácil quedarse fuera.
3. Use una agencia: al contrario de lo que pasa con los boletos de avión, comprar un crucero por intermedio de una agencia generalmente es más barato que hacerlo directamente en la web.
4. Ojo con lo nuevo: los barcos recién estrenados o con pocos años de navegación son más caros que los que llevan varios océanos en el cuerpo. Para una misma ruta, sopese si vale pagar más por un barco nuevo.
5. Considere el lujo: este segmento fue uno de los más afectados por la recesión económica de hace un par de años. Los precios no son los de entonces, pero cotice: 200 dólares más pueden llevarlo al área VIP de un barco.
fuente: El Mercurio
imagen: flickr.com

