por Meritxell Mir
El Carnaval de esta ciudad a orillas del Rin, conocido como Fasnacht, consigue que los suizos dejen la seriedad que les caracteriza. Bienvenidos a un mundo de sátira, arte y diversión contenida. Bienvenidos a «los tres días más bonitos del año» en Basilea.
A las cuatro en punto de la madrugada, las luces de todo Basilea se apagan para dar la bienvenida a la magia del Fasnacht, un carnaval de origen protestante que desde hace cinco siglos levanta el telón cuando los del resto del mundo ya lo han bajado.
Decenas de miles de personas abarrotan las calles del centro histórico para celebrar el Morgenstraich, el arranque de la mayor fiesta de la ciudad. La luz tenue de más de 200 faroles gigantes y de miles de pequeñitos es la única que los integrantes de los cliques (comparsas) tienen por guía hasta la salida del sol. El son de flautines y tambores pone la banda sonora a una noche en la que es fácil trasladarse a los festivales de la Edad Media.
Durante 362 días al año, los casi 15.000 integrantes de las diversas comparsas (casi un 10% de la población) invierten más de medio millón de horas en trabajo voluntario para que los tres días del Carnaval sean «los más bonitos del año», como ellos los llaman. Dedican esas horas a ensayar para que sus instrumentos suenen como una auténtica filarmónica, y a confeccionar los faroles –bajo el más absoluto secretismo– pintándolos a mano con el sujet (tema) del que quieren reirse ese año.
Un cabaret gigantesco
La mejor ocasión para disfrutar de todos los detalles de los faroles, auténticas obras de arte, es el martes por noche, cuando se exponen delante de la catedral. Allí, también tiene lugar uno de los conciertos de Guggemusik, uno de las momentos más divertidos del Carnaval, cuando las comparsas interpretan canciones pop y rock con instrumentos tradicionales... desafinando con toda la intención del mundo.
Es imprescindible acudir a uno de los dos desfiles principales para conocer de qué se ríen los suizos
Aunque alejado de la locura desenfrenada de otros carnavales, el Fasnacht es un cabaret gigantesco que los basilianos aprovechan para mofarse de su clase política y de los errores que, a su juicio, la sociedad suiza ha cometido durante el pasado año. Es imprescindible acudir a uno de los dos desfiles principales, el cortège, para conocer de qué se ríen los suizos. El lunes y el miércoles a partir de las 13.30 horas los cliques muestran toda su artillería a lo largo de un recorrido de siete kilómetros por las calles de Basilea. Por primera vez muestran, además de los faroles, las máscaras de papel maché y los trajes, también inspirados en el tema de burla escogida.
En esta edición Gadafi es, por goleada, el principal protagonista. Desde el pasado mes de julio, el dictador libio ha conseguido poner de rodillas al Gobierno helvético en un conflicto diplomático con pocos precedentes en el país alpino. Los basilianos no han dejado pasar esta oportuniad para mofarse de su Gobierno por ser incapaz de resolver una situación en la que su país queda como una auténtica marioneta.
Tres días sin dormir
Bajo las garras de la mordaz ironía de los cliques también han caído este año Berlusconi, el circo mediático organizado en torno a la muerte de Michael Jackson, la crisis económica, el secreto bancario o la prohibición de construir nuevos minaretes en territorio suizo. Durante Fasnacht, los suizos demuestran una capacidad de autocrítica en muy buen estado de salud y un humor tan fino que les permite reírse de temas que, de otra forma, rayarían la anticonstitucionalidad.
La artillería de los cliques también llega en forma de miles de kilos de confeti, caramelos, naranjas, verduras... todo vale para duchar a los espectadores que con un gran sentido del humor estoico se dejan hacer. Los más malvados son los waggis, los personajes más característicos de todo el Carnaval de Basilea, por sus máscaras gigantes de sonrisa burlesca y su pelo de vivos colores. Son también los preferidos por los niños, que les llaman sin parar para que les lancen caramelos, naranjas o confeti.
Este Carnaval es el más importante de todo Suiza y uno de los más bellos de todo el centro de Europa. No obstante, visitar Basilea durante el Fasnacht es conocer una Basilea que poco tiene que ver con la que existe los 362 días restantes. Esta ciudad, habitualmente tranquila y con poca vida en sus calles más allá de las siete de la tarde, pasa 72 horas sin apenas dormir, en una especie de enajenación colectiva marcada por la ausencia de la seriedad y el hermetismo que suelen acompañar a la sociedad suiza. Un paréntesis en su habitual estilo de vida durante el que es fácil hacer cosas pocos propias de estas latitudes: entablar conversación con cualquiera en la calle, compartir mesa con absolutos desconocidos o hacer una copa en cualquier lugar a las cinco de la madrugada.
Tradición medieval
Para vivir la experiencia del Fasnacht como un auténtico basiliense, lo mejor es detenerse para tomar
algo en cualquiera de los locales en los que las comparsas se reúnen para ensayar y preparar en secreto el Carnaval, y que permanecen cerrados al gran público durante el resto del año.
Con un poco de suerte, recibiréis la visita de los schnitzelbanker, cantantes de versos irónicos sobre Basilea, Suiza y el mundo.
Por desgracia, el dialecto del suizo alemán que utilizan, propio de la ciudad, hará que sea prácticamente imposible que entendáis un sólo verso.
A pesar de su carácter marcado internacional, el Fasnacht de Basilea ha seguido fiel a su tradición medieval
Poco tiene que envidiar esta joya escondida de la cultura popular europea a los grandes carnavales del mundo. A pesar de su carácter marcado internacional, el Fasnacht de Basilea ha seguido fiel a su tradición medieval a lo largo de los siglos sin dejarse seducir por las garras del marketing del mundo moderno.
Con puntualidad suiza, a las cuatro de la madrugada del jueves, Fasnacht llega a su ocaso con el Endstreich, un final a la altura de su mágico principio. Tamborileros y flautistas lo dan todo en sus últimos acordes, como si el mañana no existiera.
¿De verdad son los suizos un pueblo aburrido?
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