El turismo es un servicio que se produce con servicios que no son turismo
Viernes, 04 Marzo 2011

No hago esta rotunda afirmación para que se escandalicen y se rasguen las vestiduras. Si alguno lo hace será porque no han leído mis anteriores columnas. No digo que no sea científica en absoluto la literatura del turismo al uso porque, algunos atisbos de ciencia muestra.

 


por  Francisco Muñoz Escalona
El problema es que la doctrina que ofrece a sus seguidores (alumnos, investigadores, inversores públicos y privados) es un gigante con los pies de barro. ¿Que por qué? Pues muy sencillo, porque, al no explicitar correctamente su enfoque, deambula erráticamente de uno a otro y de un método al siguiente ofreciendo un corpus de explicaciones lleno de gangas que no sólo oscurecen la realidad estudiada sino que, y esto es lo peor, entorpecen en la práctica de los negocios la necesaria y deseable asignación óptima de recursos, la única que garantiza la rentabilidad empresarial y también  la económica.

Volviendo a la línea de razonamiento basada en el postulado que vengo formulando basado en la observación de la realidad, el que propone identificar objetivamente el turismo como un plan de desplazamiento circular, debo repetir la afirmación con la que titulo esta columna y que ya hice en mi columna anterior: el turismo es un producto (un servicio) que se produce con productos (servicios) que no son turísticos.

Admito que puede haber lectores que se escandalicen al leer lo que acabo de escribir, pero si hago esta contundente y rotunda afirmación es por dos razones. En primer lugar porque, al concebir el turismo como un producto objetivamente diferenciado, nos pone en la pista para verlo como cualquier otro producto y que, como ellos, se produce con otros productos. Y, en segundo lugar, porque si se produce con otros productos, los que la doctrina convencional tiene por ser turísticos, decir que no lo son tiene tanto de verdad como de provocación para los turisperitos más doctrinarios.

El turismo, expresión abreviada de plan de desplazamiento circular (etimológicamente turístico), se viene elaborando desde que existen desplazamientos circulares, los cuales existen desde que existen sociedades sedentarias con cierto desarrollo urbano. Un plan de desplazamiento turístico es el que responde a lo que he llamado esquema técnico de desplazamiento circular o turístico (ETDC, oETDT, como más guste) en el que quien lo elabora tiene que dar valor a las siguientes variables:

la necesidad a satisfacer fuera del entorno habitual y el lugar en el que se encuentra el satisfactor correspondiente la fecha de salida o inicio del desplazamiento en sentido de ida la fecha de regreso o inicio del desplazamiento en el sentido contrario (ambas fechas determinan automáticamente la duración de la estancia/ausencia) el itinerario existente o selección del mismo si es que hay diferentes itinerarios posibles de origen a destino el medio de transporte a utilizar tanto para la ida como para el regreso, o selección de medios si se impone utilizar más de uno o existen medios alternativos. el medio o los medios hospitalarios (dónde dormir y dónde comer) a utilizar tanto en los lugares intermedios como en el destino fijado la estimación de los medios materiales o monetarios necesarios para la realización del plan de desplazamiento turístico; o lo que es lo mismo: el coste/precio del turismo.

En la columna siguiente seguiré exponiendo el razonamiento basado en este postulado, siempre a la luz del análisis microeconómico, el único, repito, que aun no ha sido aplicado para responder a la dizque compleja cuestión del turismo y el único que, de paso, resuelve la confusión que lastra la literatura disponible. Insisto en afirmar que la visión convencional o fenoménica, la que lo conceptúa desde el turista, es idónea para analizarlo con la metodología propia de cualquier ciencia social consolidada con excepción del análisis microeconómico. La razón es muy sencilla: la microeconomía solo puede aplicarse al análisis de una actividad productiva perfectamente identificada objetivamente en sí misma así como el producto (output) resultante y la empresa que lo elabora. Justo esto es lo que no aporta la visón convencional, la cual lleva a ver el turismo, la mal llamada industria turística, como un heterogéneo conjunto de actividades, es decir, como una “economía en pequeño” que dijo Manuel Figuerola. Pero, como una economía en pequeño solo se diferencia de la economía en grande cuantitativamente, esto equivale a decir que lo mismo que se estudian en una se estudia en la otra. Dicho de otro modo: estudiar el turismo de acuerdo con su visión convencional, sociológica o de demanda lleva en puridad a una innecesaria duplicación de la tarea investigadora. Es cierto que no se hace pero es porque lo que se estudia en el turismo es en realidad una cierta selección de actividades productivas a las que se considera como encarnación del turismo.

La urgente necesidad de precisión, que no aporta la visión convencional, es la que impide que se estudie el turismo mediante el uso del análisis microeconómico si complejos y sin falsos pudores. Los demás que lo estudien como quieran y como sepan, los economistas lo deben de estudiar con enfoque de oferta.

Ya en los años treinta del siglo pasado aconsejaba Michel Troisi, profesor de la Universidad de Bari (Italia), que debemos procurar utilizar denodadamente términos precisos en las investigaciones del turismo. Digamos que por términos precisos hay que entender lo que entiende Karl R. Popper: términos que prohíben todos los significados menos uno.

Llegué a formular el postulado prouesto observando la realidad desde la conducta del que tiene la necesidad de hacer un desplazamiento turístico para satisfacer la necesidad que exige desplazarse. Pero a esa misma evidencia habría llegado observando la conducta del turista en el lugar al que tuvo que desplazarse. Me explicaré con un ejemplo:

Si preguntáramos a cualquier persona cuales son los productos que consume quien acude a comer a un restaurante seguro que respondería enumerándolos: lechuga, lentejas, carne y fruta. Pero si la pregunta se la hacemos a un (micro) economista seguro que responderá que consume un menú porque tiene muy claro que los productos citados no los consume el cliente sino el restaurante.

De modo similar, si preguntamos a un turisperito qué es lo que consume un turista responderá si pestañear: un medio de transporte de larga distancia, un transfer, una habitación de hotel, servicios de gastronomía, servicios de guía y entradas a los museos.

Si le hacemos la misma pregunta a un (micro) economista dirá que lo que consume un turista es un programa de estancia o visita. Es la empresa turística la que consume servicios de transporte, de hospitalidad, de  guías, etc.

Dicho esto debo hacer una aclaración para turisperitos: no todos los turistas compran el turismo que consumen. En estos casos la microeconomía se ve forzada a tratar su consumo de servicios de transporte, hospitalidad, etc. como demanda final, pero podemos considerar que incluso ellos consumen el programa de visita que ellos mismos elaboraron (autoproducción). Solo en los caso de alteroproducción tiene plenno sentido decir que el turista consume realmente un programa de estancia elaborado con factores de producción cuya demanda es intermedia.

Podrá argüirse que mientras sea hegemónica la autoproducción carece de significación la visión del turismo como producción de planes de desplazamiento circular. Y es cierto. Pero cabe argumentar que es evidente que la dinámica empresarial del turismo está apuntando cada vez más a la producción de programas de visita o estancia con fines de lucro. Basta observar lo que están haciendo los hoteles más innovadores. Con ello están haciendo realidad la afirmación de Ives Tinard: cuando cualquier eslabón de la cadena turística madura se transforma en un turoperador, es decir, en un fabricante de turismo concebido como un programa de estancia o visita.

¿Que la solución que propongo a la cuestión del turismo es muy simplista? Por supuesto. Es simplicísima. Pero la ciencia está llena de soluciones simples que resolvieron grandes problemas abriendo con ello nuevos rumbos al conocimiento y la técnica. Ahora, así, a bote pronto, pienso en la simplista aportación del pitagórico Arquitas al desarrollo de la aritmética: el sorprendente hallazgo del número 1 con el significado de cantidad. Hasta entonces uno solo significaba existencia. No creo que sea necesario decir que es evidente que sin el 1 no podría existir la aritmética.

fuente: boletin-turistico.com

imagen: www.amisalas.org

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