Fue el pueblo comechingón que habitaba la zona el que dio origen al nombre de esta localidad cordobesa. En sus inmediaciones se levantan dos redondos cerros con forma de senos; en lengua comechingón, Nuños significa pechos de mujer. La historia fue alterando aquella palabra aborigen que llegó hasta nuestros días como Nono.
Además de los zigzagueantes arroyos que bajan de las altas cumbres, dos grandes cauces surcan el verde corazón de Nono. Uno de ellos, el Río los Sauces, cumple desde hace años la función de colectar las aguas de la región para volcarlas finalmente en el gran espejo del Dique la Viña. El otro afluente es el Río Chico, que escurriéndose en su largo lecho de piedras, entre ollas y cascadas de blanca espuma, va conformando los múltiples balnearios naturales que brindan el marco ideal para disfrutar de la frescura y el aire de las sierras.
Luego de recorrer Nono, uno cae en la cuenta de que los antiguos comechingones no solo legaron el nombre a esta localidad. Entre sus calles de postal serrana y en sus alrededores de agua cristalina y tupido verde, los pobladores de Nono han aprendido de sus antecesores aborígenes a convivir en un perfecto equilibrio con el entorno, a mantener esa milenaria armonía entre la mano del hombre y la maravilla de lo natural.
Los sitios que no se deben dejar de conocer en el paso por Nono son el Museo Polifacético Rocsen, el Dique Medina Allende, el Cerro Champaquí, los balnearios Los Remansos y Paso de las Tropas, y los parajes El Huayco y Los Algarrobos. Hay que probar también las comidas regionales y la repostería casera. Ideal probarlas en pintorescas casas de té que hay en la zona.
fuente: ambito.com
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