El tan romántico como alucinante Taj Mahal
Viernes, 25 Febrero 2011

El tan romántico como alucinante Taj Mahal

Más allá de ser el más bello de los edificios mogoles, de haber sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y elegido una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno, el mausoleo Taj Mahal está más cubierto de leyendas que de mármol sus paredes.

Ha hecho emocionar a los poetas que lo visitaron, que dijeron, por ejemplo, que era «una lágrima en la mejilla del tiempo» (Tagore) o que «su misterio es que parece encarnar, a la vez, todas las cosas puras, todas las cosas santas y todas las cosas infelices» (Kipling). Con distancia turística se puede pensar que es una obra de arquitectura, ingeniería, jardinería y arte del siglo XVII estéticamente perfecta, bella pero inmensamente fría, como suelen ser los panteones, una tumba tan impactante y plena como lo son las Pirámides de Egipto. Veamos dos de las leyendas del Taj Mahal.

Templo del amor

Cierto día que el príncipe Shah Jahan visitó el bazar donde las mujeres de la nobleza vendían objetos sólo a los miembros de la monarquía quedó prendado al conocer a Arjumand Banu, la bella nieta del primer ministro de su corte. Se casaron el 30 de abril de 1612. Él tenía 21 años, ella a los 19 se convirtió en Mumtaz Mahal, es decir «la elegida del palacio». Casi 20 años después, y habiendo parido 13 hijos, de los que sólo quedaban 7 vivos, acompañando a su marido a la campaña militar que lo llevó al trono, murió al dar a luz una hija que sobrevivió. Se dice que a la mañana siguiente el rey Shah Jahan apareció totalmente encanecido, y que durante meses se dedicó a la melancolía y el ayuno, hasta que le surgió la idea de hacer construir a su amada un monumento para que no fuera olvidada jamás. Así hizo erigir desde su espíritu de mecenas el Taj Mahal, el palacio para la corona, porque la corona había sido su esposa.

Naturaleza romántica

En la construcción trabajaron 20 mil obreros, decenas de arquitectos, artesanos, orfebres venidos, como los materiales, de diversos lugares del mundo. Todos los detalles debían evidenciar la naturaleza romántica. Debía ser un estuche de oro para su amada. Al poco tiempo de terminar la obra, cayó enfermo y su hijo Sha Shuja tomó su lugar y lo llevó al Fuerte de Agra donde desde una ventana miraba el Taj Mahal donde estaba la mujer a la que le fue fiel durante toda la vida y que no tardó en seguir a la tumba. Él siempre había soñado hacer al lado otro Taj Mahal, pero esta vez en mármol negro, para que fuera su tumba, y que un puente que pasara sobre el río, amorosamente uniera a ambos edificios. Al morir Shah Jahan, su hijo colocó su ataúd en el Taj Mahal junto al féretro de Arjumand, para que estuvieran unidos eternamente como siempre lo habían deseado.

Exceso de déspota

En otra versión: el príncipe Shah Jahan conquistó el poder violentamente, guerreando. Se casó con la nieta del primer ministro de su padre sumando poder. Hizo que lo siguiera a todas partes y que tuviera un nuevo hijo cada año y medio. Cuando ella murió decidió construirle un mausoleo que fuera un castillo que impusiera su poder con una belleza y un lujo incomparable, que desde su perfección simétrica impusiera el respeto, que como tumba fuera intocable. (Hay versiones de que fue originalmente un edificio religioso islámico o budista). Hay historias siniestras, nunca comprobadas, que hizo cegar y cortar las manos a los constructores para que nadie pudiera construir un monumento semejante.

Su hijos viendo a Shah Jahan entregado a estas tareas lo derrocaron y comenzaron a pelearse entre ellos. Su hijo Shuja, que se hizo dueño de la zona de Agra, lo encerró en la prisión del Fuerte de la ciudad, pero sin privar al ex emperador de sus placeres acostumbrados, el opio, los afrodisíacos y las mujeres pulposas. Así fue como murió 35 años después que su mujer, a los 74 años, tras un intensa festichola oriental de sexo y drogas.

Más allá de las incontables leyendas que rodean al Taj Mahal, al turista se le impone su extraordinaria belleza, la profunda armonía del conjunto, el versallesco diseño de sus jardines que parecen hacer flotar el pálido edificio en el aire, la extraña fluorescencia del conjunto edilicio a la luz de la luna, todo lo que hacen del Taj Mahal un destino que siempre está en la agenda de los grandes viajeros. Un viaje que por lo común lleva además por Nueva Delhi, la mítica Kathmandú, con el templo más sagrado de Nepal, Varanasi con las ceremonias del río Ganges, los templos sexuales de Khajuraho, Benares y su universidad, Jaipur con su palacio y su museo, y Agra con su Taj Mahal (que está cerrado los viernes), entre otros muchos atractivos para el visitante.

fuente: ambito.com

Escribir un comentario

Promovemos la comunicación responsable. No publicamos comentarios de usuarios anónimos ni aquellos que contengan términos soeces o descalificaciones a personas, empresas o servicios.