por Gastón Pérgola
Recostado sobre uno de los muros de la marina del Puerto, un grupo de pescadores jóvenes alista cerca de 30 palangres (cuerdas con anzuelos para la pesca), mientras a unos metros de allí, sobre el muelle, otro par limpia mejillones recién sacados de entre las rocas profundas de la Isla de Lobos, prontos para llevar a los más de 10 puestitos de venta del lugar.
En el agua, los lobos marinos revolotean en busca de restos de pescado ya fileteados y decenas de gaviotas planean a pocos metros de altura de varias cabezas de turistas y trabajadores. Ese paisaje casi natural, y de todos los días, es parte de lo que atrapa a turistas, y deja incrédulos a los lugareños y trabajadores.
"La cantidad de turistas que se acercan es impresionante. Quedan bobos con todo esto. No pueden creer que estemos acá trabajando, no sé. Sacan fotos todo el tiempo. Además de llevarse el pescado, se ve que les gusta esto", dice sorprendido un pescador mirándose a sí mismo, en reconocimiento de que él también se entiende parte del paisaje.
EL TRABAJO
Más allá del encanto del lugar y la tarea de los pescadores, que hacen la escena 100% artesanal, existe un trabajo duro que empieza varias horas antes de ver el pescado sobre la mesa y fileteado.
Juan (38) es pescador hace 22 años. Al igual que el resto de sus compañeros que buscan el peso, su día de trabajo empieza a la medianoche. Ya con los palangres alistados y encarnados se dirige en su barca a la zona de Isla Gorriti, tira los anzuelos y está hasta las 3 de la mañana "esperando para levantar".
"Llevamos treinta palangres y después de dejarlos poco más de dos horas en el agua levantamos unos 10 por hora. A eso de las 7 de la mañana estamos volviendo con 6 cajas, que tienen 150 kilos de brótola y 30 kilos de pescadilla", dice con una sonrisa. Más del 90% de la pesca se vende en el día, asegura. "Arrasan, vienen acá, recorren, sacan fotos, y se llevan la comida. Es completito".
La brótola ($ 300 el kilo) es el caballito de batalla de los pescadores. "Es lo que más piden, pero debe ser por desconocimiento, porque la pescadilla es mucho más rica", afirma. Le siguen la corvina ($ 100 el kilo) y la pescadilla ($ 180 el kilo). Los turistas asaltan el lugar a partir de las 9 hasta el mediodía, y de las 19 a las 21 horas.
BUZOS
Los mejillones es otra de las tentaciones de los que van a comprar. Agustín (18) y Andrés (46) salen todas las mañanas, sobre las 4.30, a bucear las aguas de Isla de Lobos, en busca de este preciado alimento de verano. Por día, llegan a juntar unas 6 bolsas de 50 kilos cada una, que venden por la módica suma de $ 300. Los restaurantes y puestos del puerto son sus principales clientes.
"Los únicos que ganamos poco en toda esta cadena somos siempre nosotros, los que estamos de este lado. Me enteré lo que se vende el kilo de mejillón en los restaurantes y la verdad que nos pagan poco por él. Hay mucha competencia, si yo subo, va a haber otro dispuesto a vender más barato", se lamenta Andrés, que al terminar la zafra se va a la construcción.
Son familias enteras de pescadores que trabajan desde la madrugada. Hay quienes exclusivamente se dedican a alistar los palangres, y cobran $ 60 por cada uno. Si se le coloca la carnada a los cerca de 100 anzuelos de cada palangre, se cotiza a $ 110. "El que está más práctico alista tres en una hora. Acá los lentos, pierden", comenta Carlos, otro pescador, mientras coloca carnada en el anzuelo.
fuente: El País Digital/foto: blogueiros.axena.org

