"Tenemos que ir despacito. En verano todavía no. Hacer una fiesta como me gusta a mí no es fácil. Hay que saber armarla, hay que organizar todos los detalles. A mí me llevó un año organizar cada una de las fiestas que hice en Punta del Este".
por Marcelo Gallardo, en Punta del Este
A sus 72 años Gilberto Bálsamo Scarpa sigue siendo recordado por las fiestas que en los años `90 organizaba en su chalet Pinduca del barrio puntaesteño de Beverly Hills, por más que hace años se retiró de esa vida de alta exposición, diversión sin pudor ni límites, y vocación de rodearse de famosos: Antonio Banderas y Melanie Griffith, por ejemplo, fueron invitados suyos.
Sin embargo, imagina la fiesta ideal: sería en un estadio de fútbol donde construiría una réplica del Coliseo Romano.
Scarpa prepara su regreso a Punta del Este. Una intervención quirúrgica en una de sus rodillas postergó su llegada al balneario esteño hasta los últimos días de febrero. Luego se quedará hasta Carnaval. Separado de su segunda esposa, con dos hijos, hincha fanático del San Pablo, todavía sueña con la fiesta de su vida. "Tengo 72 años muy bien vividos y sin nada que reclamar. Haría todo lo que hice de nuevo, en caso de que las mismas circunstancias se dieran nuevamente. Como dicen, un rayo no cae en el mismo lugar dos veces (..) tal punto siento esto que elegí My Way como el tema que representa mi forma de vivir.
Pensándolo bien, la letra de esta canción cae como una lluvia, ¿no?", comentó a El País en un cuestionario que respondió desde Brasil.
La música y el futbol son sus pasatiempos favoritos. "Me gusta mucho escuchar música. Tengo grabados 5.000 temas, clasificados por géneros. Las canciones de la playlist que bauticé `Punta 24 horas` sonaban todo el día en mi casa en el barrio de Beverly Hills. Eran cerca de 200 temas, y cuando los empleados, por algún motivo, no los escuchaban, protestaban y decían: `¡Hoy no trabajamos!`", recuerda.
Scarpa asegura que, pasados 13 años de su última fiesta, la gente todavía lo para en la calle para pedirle autógrafos y decirle que regrese con sus fiestas.
"Es de locos. Esto me pasa no sólo en Brasil. También en Uruguay y en Buenos Aires", agrega entusiasmado.
El millonario contó que se enamoró de Punta del Este gracias a su primo Nicolau Scarpa y su esposa argentina Alicia. "Ellos vivían en una casa del barrio Parque del Golf que se llamaba Alinico. Así conocí ese lugar que, desde el principio, me atrajo mucho. Yo ya estaba ahí en 1985", recordó.
-¿Qué es lo primero que se le viene a la cabeza cuando recuerda a Punta del Este?
-Es obvio: ¡fiestas!
-¿Qué ha sido de su vida desde aquellas famosas fiestas?
-Una vida normal, muy tranquila.
-¿Se recuperó económicamente?
-No tengo nada para reclamar. Gasté bastante pero gané lo suficiente para poder gastar más.
-¿Sigue trabajando como industrial?
-No más.
-¿Organiza fiestas en su país?
-Nunca antes y menos ahora. Las hice en Punta del Este porque es un balneario adecuado para este tipo de cosas.
-¿Por qué eligió a Punta del Este?
-Desde la primera vez quedé encantado con la ciudad, su gente, y su belleza natural.
-¿Cómo compró a Pinduca?
-¡Con dinero!.
-¿Qué extraña de aquellos tiempos en Punta del Este?
-Extraño cuando Punta era "Punta de Janeiro", como escribí en mi libro: "La otra cara de las fiestas".
-¿Qué no le gustó de Punta del Este?
-La verdad, no recuerdo si alguna vez hubo algo de Punta que realmente no me gustara.
-No pocos le cuestionan su forma de exhibir su riqueza. ¿Qué responde a esas críticas?
-Esas críticas no son constructivas. Por lo tanto, no merecen respuesta.
-¿Alguien lo desilusionó?
-Muchos, pero nadie que yo no supiera para qué se acercaba. Siempre dije que los verdaderos amigos vienen después de las fiestas. No antes.
-¿Tiene algún tipo de contacto con sus invitados a las fiestas de entonces?
-Sí. En todas las oportunidades que surgen de volver a encontrarnos es otra gran alegría.
-¿Organizará fiestas iguales? -Nunca se hace nada igual. En mi caso, si quisiera hacer otra fiesta necesitaría que fuera mejor que las anteriores. En toda mi vida, en general, no muevo un dedo para hacer otra cosa que no sea mejorar.
-¿Piensa comprar una casa? O prefiere un apartamento.
-Ya veremos.
-¿Cuánto le salió cada fiesta? ¿Un millón de dólares?
-Eso no lo voy a contar porque no tiene ninguna trascendencia. La alegría general que sentía habla mucho más alto.
-¿Se arrepiente de haber gastado ese dinero en fiestas?
-Nunca me arrepentí de nada de lo que hice. Tal vez de lo que dejé de hacer. Ese dinero fue usado para producir felicidad. De hecho, creo que gasté menos de lo que podía haber gastado.
-¿Volvería a gastar un millón de dólares en una fiesta en Punta del Este?
-A pesar que los tiempos son otros, si las cosas se dieran y Gilbertinho (su hijo), se animara a acompañarme, no tendría ningún problema.
-¿El mismo tipo de fiesta?
-Podría ser, pero siempre buscaría que fuese mucho mejor que cualquier otra que haya hecho hasta ahora.
-¿Cómo sería la fiesta de sus sueños?
-Podríamos construir una réplica del Coliseo Romano, con palcos todo alrededor y cuatro bandas de música famosas subiendo y bajando simultáneamente de escenarios móviles en los cuatro puntos cardinales del estadio. ¿Qué tal?
El nombre más famoso que la cara
Poco tiempo atrás, Scarpa, regresó a Punta del Este. Durante su corta estadía en el balneario hizo algunos viajes en taxímetros. En uno de los viajes, desde el hotel Mantra hasta el centro de Punta del Este, el conductor lo llevó por un camino desconocido. "¿Qué camino es éste?, le pregunté al conductor. El taxista comenzó a hablar sin parar. Me dijo que trabajaba de taxista en La Barra desde hacía muchos años. Entonces me contó que antes todo era más agitado, que las fiestas de Rodrigo D`Arenberg movían la ciudad. También recordó las fiestas de Scarpa. El trabajador no se dio cuenta quien era yo. Como no me reconoció, le pregunté: `¿Por donde anda Scarpa?`. Me dijo: `dicen que está fundido pero es una persona muy querida por los uruguayos`. Cuando le pagué y me bajaba del taxi le grité: `¡Yo soy Scarpa!` Asustado, exclamó: `Menos mal que dije que el señor es muy querido acá en Uruguay", relató.
fuente: El País Digital
Gilberto Scarpa aún sueña con la fiesta de su vida. En febrero vuelve a Punta del Este tras varios años
Miércoles, 05 Enero 2011

